CRÍTICA
por
Miguel Laviña Guallart
Nada de nostalgias
Segunda película del francés André Téchiné
en llegar a nuestras pantallas en menos de un año. La razón es
el enorme retraso con que estos dos últi-mos trabajos del, por
otra parte, presti-gioso realizador se han estrenado. La
anterior, la notable "Fugitivos"
incompren-siblemente tardó dos años en llegar, y eso que contaba
con la siempre estimu-lante presencia de Emmanuelle Béart. Para
poder ver "Otros tiempos" tan "sólo" hemos tenido que esperar
algo más de año (se presentó en el Festival de Berlín de 2005).
¿La causa de esta nueva tar-danza? Misterios de la industria. Lo
cier-to es que a pesar del tirón de la una de las parejas más
emblemáticas del cine francés,
Catherine Deneuve y Gérard
Depardieu, éste es uno de los proyectos del director
que menos entusiasmos ha levanta-do y aparece casi sin hacer
ruido.
El cineasta vuelve a Tánger, lugar atrayente y punto de encuentro de dos
civilizaciones que ya plasmó en "Lejos", para situar ahora la
his-toria del reencuentro de dos antiguos amantes, Cécile y
Antoine, tras más de 30 años sin verse. A diferencia de lo que
pudiera parecer en un primer momento, esta premisa no da pie a
una revisión nostálgica del pasado, ni a un completo recorrido
por un catálogo de recuerdos. Todo lo contrario, este film no
deja de mirar a su alrededor, al presente y, sobre todo, está
concebido en continuo movimiento hacia delante.
Responsable de un cine minucioso, car-gado de detalles y significados,
Téchiné alcanzó su estado de gracia con "Los juncos salvajes",
crónica irrepetible del despertar de cuatro adolescentes a la
vi-da adulta y al descubrimiento de su reali-dad, un momento de
sinceridad y liber-tad, que recordaba al parecer su propia
juventud. Siguientes títulos como "Los ladrones" y "Alice y
Martin" no hicieron sino incrementar adeptos y aumentar un
prestigio que ya arrastraba desde los inicios de su carrera.
Convoca a De-neuve y Depardieu, dos viejos cono-cidos, como
sustento básico de esta propuesta, que no se entendería sin su
presencia. Es testigo del reencuentro fílmico de estos
intérpretes, representantes también de otro cine y otros
tiempos, cuyo cruce de miradas ajadas y cansadas sirve para
sacar adelante una cinta a la que, ciertamente, se le pueden
objetar algunas carencias.
En esta ocasión, deja a un lado la magistral sencillez de sus mejores
momentos, para optar por un mareante ejercicio de cámara en mano
durante buena parte del metraje, que sólo logra calmarse en
el necesario sosiego del tramo final. Ya antes había uti-lizado
esta técnica e incluso probado nuevas tecnologías, y si bien es
cierto que logra transmitir el dinamismo de la ciudad que filma,
acaba resultando cansado y un impedimento para el buen
seguimiento de lo narrado. La cámara sigue a unos personajes
que, además, se esfuer-za en mostrar casi siempre en movimiento,
con aparente prisa incluso cuando abordan diálogos claves del
desarrollo de la historia. A esto se unen unos curiosos
experimentos visuales, innecesarios al no tener demasiado que
ver con el resto. En última instancia, todo esto puede
entenderse como un intento por investigar y renovar su estilo.
Dejando a un lado sus licencias forma-les, es en la construcción del
guión y su estructura donde el film muestra una mayor debilidad.
Explorador implacable de la persona condicionada invariable-mente
por su entorno, de la siempre presente contradicción entre
sentimien-tos y realidad, emprende varios cami-nos argumentales
que más tarde deja en el aire. Personajes relevantes, pero sobre
los que apenas sabemos nada, aparecen y desaparecen de forma
arbitraria, resultan desdibuja-dos, aumentando todavía más la
sen-sación de confusión. Aun así, muestra su buena mano de
siempre para la elección y dirección de intérpretes, entre los
que destaca el buen trabajo de la actriz
Lubna Azabal, pese a que su
doble papel es uno de los quedan más perjudicados por la
dispersión del guión.
La frialdad con la que decide tratar a los personajes aumenta en tor-no
al reencuentro de los protagonistas, cuyos sentimientos
disecciona con una arriesgada, pero excesiva, distancia
emocional. Para ello, Gérard Depardieu hacía tiempo que no
estaba tan contenido, y recuer-da el magnífico actor que es.
Catherine Deneuve vuelve a su papel de mujer aparentemente
distante que ignora el pasado con gestos signi-ficativos. Al
igual que otros grandes cineastas europeos, saca un in-quietante
partido a esta imagen, que ella misma fomenta. La compli-cidad
entre ambos, en su quinta colaboración juntos, permite que la
protagonista de "Belle de Jour" se entregue a su papel sin
artificios, asumiendo de tal manera el presente que sus primeros
planos no le escatiman ni una arruga, e incluso llega a mostrar
evidente disgusto ante ella misma en un espejo.
Otro elemento esencial es la inspiración de la propia Tánger, ciudad
donde llega Antoine, guiño a Paul Bowles y a su “El cielo
protector” incluido, declarándose "un viajero, no un turista".
Con breves pero certeros detalles muestra su mezcla de culturas,
cuestiones como la emigra-ción o la inseguridad, al tiempo que
insis-te en el análisis de personas que viven entre dos mundos,
tanto interiores como exteriores. A pesar de la irregularidad
de los resultados, la sensibilidad y maestría de Téchiné surge,
de repen-te, en varias secuencias que contie-nen sus más
recordados signos de identidad, en una obra que continúa con
su coherente evolución.
Calificación:
    
Imágenes
de "Otros tiempos" - Copyright © 2004 Gemini Films
y France 2 Cinéma. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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