CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Oportunismo sin cuerpo ni alma
Llega el Mundial de Alemania,
y cada cual busca el modo de sacar provecho del evento
futbolístico. El cine no podía ser menos, aunque no se puede
decir que el matrimonio cine-balompié haya sido un filón muy
explotado. Son pocas y de escasa calidad las cintas que han
tratado el tema, a diferencia de otros deportes como el boxeo,
quizá por no tener su carga metafórica como imagen de la lucha
individual por abrirse paso en la vida. Sin embargo, la
cartelera de este mes nos ha traído dos películas oportunistas
para hablar de la pasión del fútbol, más allá de las fronteras
nacionales. Primero fue "La
gran final" (Gerardo Olivares), que
paseaba su cámara por la selva amazónica, el desierto sahariano
o la estepa mongola para ver si Brasil lograba vencer a Alemania
en la final mundialista. Ahora es el alemán
Hannes Stöhr ("Berlin
is in Germany") quien se acerca a la Liga de Campeones, en un choque
ficticio entre hispanos y turcos. A pesar de las apariencias, no
es fútbol lo que el espectador verá, porque éste es una excusa
para hablar de la incomunicación en una Europa unida (¿?), con
ciudadanos que se sienten extraños en un país colapsado por el
"circo" de nuestra época y en el que la picaresca callejera
causa estragos a más de uno.
Para entender la película de
Stöhr es fundamental saber que se trata de una coproducción,
concebida para tener mercado seguro en el marco europeo. No es
Lepanto pero algo se le parece, pues ahora la lucha es contra la
industria cinematográfica americana, nuevo turco invasor al que
hay que frenar. Así se explica su carácter episódico, con cuatro
mediometrajes que cuentan historias inconexas sucedidas en
otras tantas ciudades europeas, en el mismo día que se disputa
la ansiada Copa: Moscú —lugar de la final—, Estambul, La Coruña
y Berlín se convierten en lugares idóneos para el turismo —en
algún momento la película parece una auténtica campaña
promocional— o para el robo simulado/real que permita el cobro
del seguro ante la negligencia de una policía absorta ante el
televisor. Por otra parte, sólo desde la óptica de la
coproducción se entiende la fugaz aparición, por ejemplo, de
Luis Tosar en el capítulo moscovita —lógicamente como seguidor
del Dépor—, reclamo descarado —y en realidad un tanto mentiroso—
utilizado por la distribuidora para nuestro país. En definitiva,
una cinta que pulsa todas las teclas del mercado, a la busca de
un hueco entre "X-Men:
La decisión final" y "El
código Da Vinci".
No hay nada que objetar en que siga
la estrategia comercial que se considere más adecuada y
rentable. Lo malo es que se venda un producto mediocre y
aburrido aprovechando las circunstancias, y ése es el caso que
nos ocupa. La estructura se repite hasta la saciedad,
con individuos perdidos en un lugar extranjero, un alma
solidaria que les echa una mano y un taxista que facilita un
paseo urbano, para seguir con un robo y la posterior espera en
la estancia policial, y terminar con un desenlace del caso, cada
cuál más increíble. Todo para decirnos que, en el fondo, somos
muy parecidos, con el fútbol como ejemplo de esa globalización
que supone una pérdida de identidad.
El guión tiene un ritmo
irregular e intenta discurrir entre lo cómico y lo dramático,
pero lo más deficiente es la construcción de unos personajes que
vagan por calles y comisarías, sin sangre en las venas ni
reacciones convincentes. Los actores interpretan sus papeles
como muñecos envarados, con artificio y sin naturalidad:
sólo el minuto de escena de Tosar, o la encarnada por el
peregrino húngaro que llega a Santiago y el taxista gallego del
mismo capítulo tienen cierta fuerza y empaque como para que el
espectador empatice con ellos y se meta en la historia; el resto
no hacen sino contribuir a que se desee que Dépor o Galatasaray
metan pronto un gol que evite la prórroga, y termine así el
partido... y la película. Fallos de guión, de casting o
de dirección de actores: en cualquier caso, el resultado son
cuatro historias mínimas sin fuerza —quizá con la excepción de
la protagonizada por el húngaro—, con ciudades y mentalidades
que caen en lo tópico (no falta la francesa de origen argelino o
el turco emigrado a Alemania), y con el fútbol como un invitado
de piedra que nunca llega a integrarse en la propia película.
Además, la puesta en escena resulta pretenciosa, con planos que
apuntan sin ambages la dirección que seguirá la historia y otros
que carecen de sentido narrativo.
Como dice el policía gallego
al atribulado húngaro a quien le han robado la cámara, “lo
importante no son las fotos, sino el Camino”. El problema es que
en esta película no hay buenas fotos, y el camino (algo más de
hora y media) resulta un tanto anodino y cansado. Sólo queda
desear que el Dépor se traiga la Copa, porque el ambientado en
tierras gallegas es, sin duda, el que se salva del fraude
cinematográfico.
Calificación:
    
Imágenes
de "Galatasaray-Dépor" - Copyright © 2005 Moneypenny
Filmproduktion, Workshop, Filmanova y ZDF. Distribuida en España por Notro Films. Todos los derechos
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