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Dirección: Marc Rothemund.
País: Alemania.
Año:
2005.
Duración: 117 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Julia Jentsch (Sophie
Scholl), Alexander Held (Robert Mohr), Fabian Hinrichs (Hans Scholl), Johanna Gastdorf (Else Gebel), André Hennicke (Dr. Roland
Freisler), Florian Stetter (Christoph Probst), Johannes Suhm
(Alexander Schmorell), Maximilian Brückner (Willi Graf), Jörg
Hube (Robert Scholl), Petra Kelling (Magdalena).
Guión: Fred Breinersdorfer.
Producción: Christoph Müller, Sven
Burgemeister, Fred Breinersdorfer y Marc Rothemund.
Música: Reinhold Heil y Jonny
Klimek.
Fotografía: Martin Langer.
Montaje: Hans Funck.
Diseño de producción: Jana Karen-Brey.
Vestuario: Natascha Curtius-Noss.
Estreno en Alemania: 24 Febrero 2005.
Estreno en España: 24 Febrero 2006. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
La fuerza de la conciencia
Son varias las aproximaciones al nazismo
que está realizando el cine alemán, deseoso de abordar de una
vez ese periodo de su Historia y de comprender los resortes que
movieron a unos y otros en sus actua-ciones. A los momentos
finales de Hitler en el búnker berlinés —en un intento de
plasmar su humanidad enfermiza— que recogió “El hundi-miento”
(Olivier Hirschbiegel), le sucedió “El noveno día” (Volker
Schlöndorff) en torno al conflicto de conciencia de un sacerdote
católi-co —prisionero y chantajeado— y al intento por reducir la
fe a ideolo-gía, para continuar con “Napola” (Dennis Gansel) y
las escuelas para la formación de las juventudes hitlerianas.
Ahora con “Sophie Scholl: Los últimos días” dirige la mirada hacia la resistencia
pacífica ofrecida por un grupo de universitarios que se
agruparon en el movimiento “La rosa blanca”, una historia ya
llevada al cine en dos ocasiones y bien conocida en el país
teutón.
Detrás de este revisionismo
germano puede intuirse la voluntad de conocer el modo en que
germinó ese espíritu totali-tario y xenófobo, de establecer una
visión matizada de aquella realidad y romper con tópicos, y
también de hacer frente a un posible resurgir de actitudes
semejan-tes. Prueba de ello es que en todas esas producciones hay
un reclamo a la con-ciencia individual como garantía de la
li-bertad y de la responsabilidad en las pro-pias decisiones. El
cine alemán quiere mirar hacia la persona concreta y huye del
anonimato de la masa que pueda jus-tificar cualquier atropello.
En el epílogo de “El hundimiento”, la secretaria personal de
Hitler —ya anciana— in-tentaba excusarse con su juventud e
inocencia; por eso, el modelo de Sophie sirve de eficaz
contrapunto a quienes se dejaron llevar por un entusiasmo
acrítico o por una falta de personalidad alarmante.
La novedad
introducida por Rothemund está en haber utilizado por primera
vez las actas del proceso de Sophie, hasta ahora inaccesi-bles.
Con este material, el director reconstruye los últimos días de
la protagonista, desde que es detenida junto a su hermano por
repartir “octavillas” informativas en la Universidad de Munich
hasta su ejecu-ción en la guillotina. La trama se centra, por
tanto, en una chica pro-testante de firmes convicciones
religiosas, educada por sus padres en la libertad, amante de la
vida y de la cultura, profundamente enamora-da de su novio: la
normalidad de su vida, la claridad de sus ideas y la entereza de
espíritu que manifiesta son las bazas de un re-trato limpio y
ejemplar que crece conforme avanza el proceso judicial y la
película.
Por eso, la
narrativa elegida es clá-sica y lineal, con una especie de
prólo-go en que los jóvenes rebeldes preparan y despliegan sus
envíos subversivos al ritmo de unas notas musicales que gene-ran
tensión y suspense, y apoyándose en una cuidada y rítmica
planificación. Le sigue el cuerpo central de la cinta con dos
interrogatorios, ambos inhumanos y asfixiantes pero desde una
perspectiva y con un cariz diferente. Con el oficial de la
Gestapo, Sophie se defiende como pue-de haciendo gala de una
astucia y aplo-mo encomiables, a la vez que reclama el valor de
la conciencia como norma de ac-tuación, de Dios como valedor de
sus actos y de la dignidad de cual-quier persona; el tono
discursivo de esta declaración de sólidos prin-cipios morales
pone en entredicho al positivismo jurídico de un oficial maduro
que deja entrever un interior contradictorio y una conciencia
reprimida; asistimos aquí a un magnífico duelo interpretativo,
de sutiles y profundas miradas, con instantes de gran intensidad
dramática: la investigación conduce hacia un callejón sin salida
donde, paradójica-mente, una figura se engrandece a la par que es
condenada, y la otra claudica ante el poder establecido pero no
queda justificada en su co-razón. Sigue la escena del juicio
sumarísimo, quizá la parte más floja por la actitud histriónica
y caricaturesca del magistrado y sus acólitos, aunque sirve a
los jóvenes reos para dar su propia sentencia premoni-toria del
futuro que se avecina. Un epílogo dramático y también emoti-vo
(conmovedora es la visita de sus padres a la cárcel) cierra esta
pá-gina de la historia, y recurre a un largo fundido en negro de
sabor me-tafórico para apuntar del abismo al que se precipita
quien da la espal-da a su conciencia.
Una cinta valiente y humana,
con una magnífica interpretación de Julia Jentsch
—Oso de Plata
en Berlín—, una banda sonora oportuna que sabe jugar con los
silencios, y unos diálogos lle-nos de fuerza y capacidad para
emocionar. Una película que plan-tea los límites del poder, la
pérdida de legitimidad de algunas leyes, y también el punto
hasta el que se puede llegar por defender unos idea-les y unas
convicciones.
Calificación:
    
Imágenes
de "Sophie Scholl: Los últimos días" - Copyright © 2005
Goldkind Film y Broth Film. Distribuida en España por Lolafilms
y UIP. Todos los derechos
reservados.
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