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EL ÚLTIMO SHOW
(A Prairie Home Companion)


Dirección: Robert Altman.
País:
USA.
Año: 2006.
Duración: 95 min.
Género: Comedia dramática, musical.
Interpretación: Kevin Kline (Guy Noir), Woody Harrelson (Dusty), Tommy Lee Jones (el ejecutor), L.Q. Jones (Chuck Akers), Garrison Keillor (GK), Lindsay Lohan (Lola), Meryl Streep (Yolanda), Virginia Madsen (mujer peligrosa), John C. Reilly (Lefty), Maya Rudolf (Molly), Lily Tomlin (Rhonda), Tim Russell (Al).
Guión: Garrison Keillor; basado en un argumento de Garrison Keillor y Ken LaZebnik.
Producción: Robert Altman, Wren Arthur, Joshua Astrachan, David Levy y Tony Judge.
Música: Richard Dworsky.
Fotografía: Edward Lachman.
Montaje: Jacob Craycroft.
Diseño de producción: Dina Goldman.
Vestuario: Catherine Marie Thomas.
Estreno en USA: 9 Junio 2006.
Estreno en España: 23 Marzo 2007.

CÓMO SE HIZO "EL ÚLTIMO SHOW"
Notas de producción © 2006 Manga Films

  Dirigida por Robert Altman, con guión de Garrison Keillor, quien también es protagonista, EL ÚLTIMO SHOW capta el singular espíritu y humor del programa radiofónico de variedades en directo que Keillor sigue escribiendo y presentando desde hace más de 30 años. Tanto Altman como Keillor son maestros en ese arte de la observación y de la digresión significativa, y el film combina estas distintas sensibilidades para entretejer su historia entre bastidores. Como en un cuento, la película posee una esencia serena que permite a su debido tiempo tanto el slapstick como la sinceridad. Los muchos personajes de EL ÚLTIMO SHOW marcan el tiempo del film, permitiendo que los detalles vayan revelándose a sí mismos por todos los rincones del encuadre. En el proceso, la película va ofreciendo una imagen de América y los americanos divertida, al tiempo que afectuosa y en ocasiones melancólica. Desde que “A Prairie Home Companion” comenzara a emitirse el 6 de Julio de 1974, no ha hecho sino granjearse la devoción de millones de oyentes, quienes cada semana sintonizan el espacio por su característica mezcla de música, humor, e historias narradas. Actualmente, “A Prairie Home Companion””atrae a más de 4’3 millones de oyentes a través de más de 550 emisoras de radio públicas, y se escucha en el extranjero a través de la red de America One y de las Fuerzas armadas, en Europa, y en Extremo Oriente. En 2004, la Biblioteca del Congreso incluyó la emisión inaugural del 6 de julio de 1974 en el registro de sonido histórico de la nación.

 

  Desde St. Paul, en el estado de Minnesota, de donde es Keillor, “EL ÚLTIMO SHOW” posee una sensibilidad singular asociada al Medio Oeste, una cortesía y buena voluntad fundamentales. El espectáculo resulta al mismo tiempo llano y sofisticado, muy vivo pero jamás superficial. En cada episodio, además de la gran banda de primera calidad establecida, se presenta a uno o más invitados musicales, cantantes cuyo estilo se extiende por el country, folk, gospel, jazz, y la ópera, así como músicos instrumentales de géneros que van desde la música clásica al bluegrass (country). Las absurdidades y la cultura de la vida moderna se obvian amablemente; anuncios de patrocinadores imaginarios exhiben sus propios jingles (con letra del propio Keillor) en lo que son divertidas parodias que prometen la luna, y por qué no las estrellas, en caso de comprar cinta aislante o bizcochos. Igual que en el auténtico show radiofónico, “EL ÚLTIMO SHOW” serializa las aventuras de personajes frecuentes como Guy Noir, un agente privado de estilo personal con una debilidad por los símiles a lo Chandler; y Dusty y Lefty, cowboys cuyas aventuras son objeto de crónica en “Vidas de Cowboys.” Keillor presta la voz a muchos de sus personajes, y otros poseen la voz de miembros habituales del reparto como Sue Scott y Tim Russell.

  Escritor versátil y prolífico, Keillor es autor de ensayos, colecciones de historias cortas, y novelas. Su inclinación por las formas de representación dramática le llevaron a sopesar la escritura de un guión. “Siempre he querido escribir para el medio dramático” —comenta—. “Hago algo de ello en mi show radiofónico, sin embargo, aquí el problema es que escribo para mí mismo, y no soy un actor. Así que mi esperanza estaba en escribir un guión para que los actores se hicieran cargo de él y lo llevaran a la práctica”.

  Por supuesto que necesitaría igualmente un director para que asumiera el proyecto y lo rodara, preferiblemente Robert Altman, un realizador con una perspectiva muy propia acerca de la vida americana, y con un don incomparable para la creación de una dimensión auténtica de personaje y lugar. Como suele suceder, un amigo de Keillor conocía al abogado de Altman, George Sheanshang, quien a su vez telefoneó al director, en pleno rodaje de The Company (The Company, 2003), en Chicago. Altman recuerda: “George me dijo: ‘Garrison Keillor, —¿sabes quién es, no?— (A lo que respondí: ‘Sí, sí. Mi esposa escucha religiosamente su show, y yo también lo escucho con ella algunas veces. Y soy un admirador.’)—; y entonces siguió: ‘Bueno, pues resulta que tiene una idea que quiere convertir en largometraje y querría que fueras tú quien la dirigiera.’ —Yo le respondí: ‘Estaría encantado de hablar con él.’”

  Keillor y Altman se encontraron para comer en Chicago, y el tono moderado de aquel encuentro sería el que caracterizaría la consiguiente colaboración entre guionista y director. Keillor admite que las maneras propias del Medio Oeste de ambos —Altman es de Kansas City, Missouri— pueden haber contribuido al entendimiento mutuo. Y nos comenta: “Altman no está por tonterías ni halagos; creo que ése es el modo de hacer en el Medio Oeste. Ello hace que todo sea más sencillo. Cuando nos encontramos por primera vez, y luego en cada satisfactorio encuentro, no nos miramos a los ojos el uno al otro y nos dijimos cuánto apreciábamos el trabajo de cada uno. No hacemos eso en el Medio Oeste. Si quieres trabajar con alguien en algo, eso ya se entiende por todos como un cumplido. Trabajar con alguien es el mayor reconocimiento”.

  Tras probar con pura narrativa de ficción, Altman y Keillor establecieron la idea de realizar una película sobre un show radiofónico en la línea de “EL ÚLTIMO SHOW.” Altman reconoce que el medio radiofónico tuvo para él un significado muy especial: “Mi primer interés en el arte de la interpretación fue la radio” —nos explica—. “De niño, en la década de los 30, recuerdo estar escuchando estirado en el suelo, como todos los niños en aquel tiempo. De jovencito, mi gran ídolo era Norman Corwin, quien básicamente creó el drama radiofónico. Y la primera cosa profesional que hice en el terreno de la interpretación, además de un poco de teatro, fueron guiones para dramáticos radiofónicos. Así que adoro la radio; está muy cerca de mí”.

  El hecho de que Keillor pusiera en escena su programa en directo de cada semana era un factor que atraía mucho a Altman, quien ha dirigido adaptaciones de varias piezas tanto para teatro y ópera como para cine y televisión, entre las que se cuentan Desechos (Streamers, 1983); Locos de amor (Fool for Love, 1085), y Vuelve a la tienda de baratijas, Jimmy Dean (Come back to the Five and Dime, Jimmy Dean, Jimmy Dean, 1982). Como el propio director señala: “Aunque el programa de Garrison resulta que es un show radiofónico, también es una representación en directo ante un vasto público. Es una mezcla de radio y teatro, lo que es algo idóneo para mí. Quería hacer ‘EL ÚLTIMO SHOW’: Recuperar el tipo de humor de Garrison, con Garrison y los otros que intervienen en su show”.

  Al escribir el guión, Keillor ha creado una especie de universo paralelo al auténtico “A Prairie Home Companion”. El programa ficticio resigue el mismo formato del show de variedades que el original y lo presenta alguien de gran estatura oriundo del Medio Oeste que responde al nombre de Garrison Keillor. Sin embargo, en lugar de ser un atronador éxito que se escucha de costa a costa de los EE.UU., el “ A Prairie Home Companion” de la película es simplemente un programa de fin de semana en una emisora de tamaño familiar de St. Paul. Desdibujando la línea entre ficción y más ficción, Keillor ha importado al guión tres de sus personajes ficticios más frecuentes en su show: Guy Noir, Dusty y Lefty, y los convierte en personajes que se mueven entre bastidores. Guy Noir ahora es un guardia de seguridad aunque mantiene su personalidad de detective; y Dusty y Lefty añaden guitarras a los lazos para coger reses y al tabaco de mascar en sus sillas de montar.

  Asimismo, también ha creado varios personajes nuevos, como las hermanas cantantes Johnson, Yolanda y Rhonda. “Esos personajes digamos que irrumpen notoriamente en el guión” —subraya Keillor—. “Son las dos que quedan del cuarteto de cuatro hermanas que tuvieron una gran oportunidad hace mucho pero que perdieron el tren. Han de regresar al deambular de lugar en lugar, interviniendo en espectáculos de poca monta, en las ferias de los condados, en escuelas e iglesias, y cantando para emisoras. En suma, alejadas de la vida glamorosa. Me encanta ese tipo de personaje: Vencido pero firme, y por lo general encantador. Ciertamente, Yolanda es este tipo de mujer íntegra, con coraje y buen humor ante el rostro del fracaso”.

  Ha inyectado una pizca de misterio a lo Guy Noir en cuanto sucede entre bastidores creando a una mujer extraña, enigmática y de gran belleza a la que sólo se la conoce como “La Mujer Peligrosa”. Inicialmente, sus motivos se hacen difíciles de discernir, pero finalmente se revela como figura de gracia. “El personaje de la Mujer Peligrosa evolucionó” —nos explica Keillor—. “Comenzó siendo una admiradora que imagina que el presentador se enamora de ella y le habla. Así que va al show con la esperanza de irse con él. Sin embargo, el personaje se me hacía esquivo. Trataba de evitar ser visto, y yo quería incluirlo en plena acción. Decidí que el modo de lograrlo era que tuviera un accidente automovilístico mortal, regresando luego como ángel”.

  Keillor confeccionó una narrativa muy dinámica centrada plenamente en los personajes, enmarcando la acción en una emisión radiofónica aparentemente típica que, de hecho, puede convertirse en la última del programa. “Si sitúas a la gente en una situación límite, bueno, en eso sólo ya hay una historia. Y entonces, si más o menos se olvidan de eso, no hacen ni caso, ni lloran, y siguen adelante, a la suya hasta el borde del precipicio, y saltan al vacío, como la gente hace en la vida real... eso me resulta atractivo. Se supone que es gente del Medio Oeste y que tienden a aceptar su desaparición con cierto aplomo” —remarca—. “Mi intención era proveer a Altman con posibilidades interesantes, consciente de que luego él las recortaría y daría forma, y que las cosas cambiarían”.

  La combinación de Altman, Keillor, y de las actuaciones musicales demostraron ser un foco de atracción irresistible: El conjunto de estrellas empezaron a ocupar posiciones mientras Keillor aún trabajaba en el guión. Meryl Streep, que previamente ya había cantado en Postales desde el filo (Postcards from the Edge, 1990), y en Tallo de hierro (Ironweed, 1987), se comprometió con el proyecto ya en sus primeros estadios, como así mismo lo hizo una buena amiga y colega de Robert Altman, Lily Tomlin, que ya encarnaba a una integrante de un coro de gospel en el clásico del director: Nashville (Nashville, 1975). Streep y Tomlin encarnan a las dos hermanas Yolanda y Rhonda Johnson, respectivamente. Después de que Lindsay Lohan se incorporara al reparto, Keillor añadió otro personaje nuevo, Lola Johnson, la hija adolescente de Yolanda. “Sabía que Meryl Streep iba a ser una cantante invitada en el show, porque se trata de una cantante extraordinaria” —informa el guionista—. “Creo que Lindsay Lohan dijo en una entrevista que iba a encarnar a la hija de Meryl Streep. Lo cual parecía una idea tremenda; era realmente provechoso tener en mente a actores concretos”.

  Actores excepcionales continuaron uniéndose al proyecto, entre ellos Kevin Kline como Guy Noir; Woody Harrelson y John C. Reilly como los hermanos cowboys Dusty y Lefty, respectivamente; Tommy Lee Jones como el ejecutivo de radio procedente de Texas apodado el Ejecutor, quien efectúa una visita; Virginia Madsen como la Mujer Peligrosa; y Maya Rudolph como Molly, la ayudante del jefe de escena. El veterano actor de carácter L.Q. Jones, más célebre por haber trabajado a las órdenes de Sam Peckinpah, encarna a otro cantante invitado: Chuck Akers; y Mary Louise Burke (Entre copas (Sideways, 2004)) da vida a Evelyn, quien provee de sandwiches al reparto y equipo técnico del show.

  Jones describe como sigue el camino que le llevó a EL ÚLTIMO SHOW: “Recibí una llamada de Robert Altman; muchos actores la atendieron. Se trata de alguien célebre por ser un director para quien y con quien resulta maravilloso trabajar, porque respeta la interpretación y la entiende como una parte muy significante del proceso, y se opone a cualquier inconveniente, que de alguna manera debe apartarse del camino, para que el actor pueda dedicarse a lo que es esencial en su trabajo para el cine. El resultado es que logra forjar un reparto brillante. Cuando se baste un grupo como éste, se hace muy difícil renunciar siquiera a un papel pequeño en la compañía”.

  En el reparto también se hallan muchos veteranos del auténtico “A Prairie Home Companion.” Son colegas de interpretación de Keillor desde hace mucho: Sue Scott y Tim Russell, que encarnan respectivamente a Donna, la maquilladora, y a Al, el jefe de escena. Otros miembros del reparto y equipo técnico del show radiofónico se interpretan a ellos mismos, entre ellos Rich Dworsky, el arreglista de la banda, encargado de la mesa de mezclas, y compositor; el mago de los efectos sonoros Tom Keith; y los músicos de la All Star Shoe Band de Guy. Por ultimo, también están veteranos cantantes invitados en “A Prairie Home Companion,” que se encarnan a sí mismos, como los letristas y cantantes Linda y Robin Williams, y la intérprete de gospel Jearlyn Steele. Los seguidores que hayan visto “A Prairie Home Companion” de gira, en videos, o en emisiones televisivas pueden también reconocer a otros veteranos del show que van y vienen en diversos momentos de la película.

  EL ÚLTIMO SHOW tuvo un rodaje de cinco semanas del verano de 2005, en St. Paul, Minnesota. Se rodó en el Fitzgerald Theatre, el local que acoge el programa de Keillor desde 1978. El show de variedades que se presencia en la gran pantalla se rodó en vivo ante un público, y los tramoyistas del escenario del Fitzgerald hicieron el trabajo de cada semana, trabajando codo a codo con el equipo de producción de Altman.

  El capacitado director de fotografía Ed Lachman creó para la cinta un look cálido, bruñido, que se rodó en vídeo de alta definición. Como ya hiciera en The Company (The Company, 2003), Altman hizo uso de dos cámaras en todo momento, que en ocasiones incluso se aumentaron a tres, para captar la acción en varios lugares. “Supongo que se podría decir que afrontamos este rodaje con un estilo propio de documental. No tratábamos de disfrazar el uso de las cámaras” —nos comenta Altman—. “Es como si este material se hubiera captado en lugar de escenificado, como si la cámara estuviera allá en el momento que casualmente esa gente pasaba delante”.

  Como es norma en cualquier película de Altman, se pidió a los actores que improvisaran y ampliaran sus personajes respectivos. Altman solía filmar las escenas en toda su integridad, mientras que los varios equipos de cámara captaban las interacciones en la escena y entre bastidores. Tomlin nos comenta: “Da lo mismo lo que esté en el papel del guión; Altman va a poblar la pantalla al máximo. Hay algo que está pasando aquí, algo que está pasando allá. Todo el mundo tiene un micro, lo que es una de sus marcas de fábrica”.

  Y Streep añade: “Lo que quiere es ver todo cuanto pasa en medio de lo que está escrito. Para él, todas las cosas inadvertidas son como oro.” La actriz nunca antes había trabajado con Altman, y se sentía emocionada con todo este proceso. “Rodará diez páginas en una sola tarde, cuando la mayoría rueda quizá página y media en el mismo tiempo. De tal modo que diez páginas, veinte personas, y tres cámaras… acabas por no saber realmente qué está pasando; y todo el mundo está sacando del bolsillo su pequeña broma. Es de verdad muy divertido”.

  Streep y Tomlin llegan al plató habiendo ya discutido sus personajes: Yolanda y Rhonda Johnson. Streep recuerda: “Lily vino a casa y permanecimos allí durante lo que nos pareció horas y horas. Diría que en la primera lectura ya logramos definir la relación entre ambas hermanas casi en su totalidad”.

  Tomlin sigue: “Las historias respectivas de Yolanda y Rhonda han seguido el mismo rumbo, tan juntas que se acaban las historias de la otra mutuamente; están siempre conversando y añadiendo pensamientos. Conseguimos plenamente el ritmo de esta práctica.” EL ÚLTIMO SHOW es el primer proyecto independiente de Lohan: Esta actriz de 19 años enormemente popular trabaja contra el estereotipo encarnando a la rata de biblioteca con gafas Lola Johnson. “Lola actúa como si estuviera deprimida, sin demasiada confianza en sí misma. Sin embargo, creo que todo es fachada” —reflexiona Lohan—. “Cuando tienes 17 años, lo ultimo que quieres es que alguien alcance a saber cuáles son tus verdaderos sentimientos; eres fuerte, y no necesitas que nadie te ayude. Te sientes incómoda con la madre y ese tipo de cosas. A lo largo de la cinta, creo que Lola comienza a madurar y a hacerse la persona que realmente es”.

  En cuanto a Guy Noir, Kevin Kline da vida a uno de los personajes más queridos de Keillor, un papel al que él mismo dio vida inicialmente. A Kline, el espacio y el personaje ya le resultaban conocidos, y escuchó muchos números cómicos del personaje mientras se preparaba para la película. “Era un desafío muy interesante. Hay tantos sketches distintos de Guy Noir escritos por Garrison a lo largo de los años” —destaca Kline—, “que en cierto sentido me proveyó de una aproximación útil con la que trabajar además de libertad, porque nunca hemos visto qué aspecto tiene. Garrison fue muy generoso al permitirme darle al personaje fisicidad en todo aquello que entendía que encajaba. Me sentí inclinado a intentar ser honesto para con el espíritu de Guy Noir, pero el hecho de que sea una especie de portero, de guarda de seguridad, que está loco de atar y vive en su propio mundo fue algo muy liberalizador”.

  Virginia Madsen afrontó una situación muy particular al dar vida a la Mujer Peligrosa, una especie de ser celestial intruso que tiene algo que ver con uno de los miembros del reparto. “No todo es explicable en este personaje” —subraya Madsen—. “Si mi personaje habla un idioma, es el de la oración. No se cree en absoluto alguien peligroso; su labor consiste en llevar a la gente a la casa del Señor. Mi personaje ama a los humanos, y el programa radiofónico. Comienza a recordar cosas de los humanos, y se contenta con simplemente morar entre ellos para ser más recordada. Debía aparecer para hacer su trabajo y luego regresar a casa. Sin embargo, se queda a pasar el rato, y creo que está muy bien que haya un ángel ahí, en el show, mientras éste nos va dejando para no regresar”.

  Es responsabilidad de Molly, la ayudante del jefe de escena, a quien da vida Maya Rudolph, asegurarse de que el presentador del show, G.K., se halle ante su micrófono in person cuando el espacio radiofónico esté en el aire. No es un encargo sencillo, y Molly, que se halla en cinta, no disimula su frustración. “Molly se ha transformado en una embarazada cascarrabias, aunque mantiene la profesionalidad” —comenta Rudolph, quien estaba realmente embarazada durante la producción—. “Mientras el presentador va explicando sus historias, evoluciona de persona en persona, y está a punto de perder el hilo —o eso cree ella dado que esas historias son interminables y las ha oído cientos y miles de veces—, va sintiéndose fatigada de todo el engranaje. G.K. no parece darse cuenta de que hay todo un show emitiéndose y eso la enerva profundamente. Aprovecha su estado de buena esperanza como excusa para enarcar la ceja más de lo debido”.

  A lo largo de su carrera, Altman ha usado música de modo innovador y frecuentemente ésta ha sido objeto de máxima atención siendo tema de sus películas, como Nashville (Nashville, 1975) y Kansas City (Kansas City, 1996). EL ÚLTIMO SHOW confirma la maestría de Altman en lo referente a la integración de música y cine al tiempo que se ofrece una buena dosis de canciones maravillosas interpretadas con gusto por los actores cinematográficos así como por los músicos profesionales. Las canciones presentan un espectro que va desde las tonadas country como el clásico del grupo Carter Family “Gold Watch and Chain,” pasando por las típicas americanas “Red River Valley” y “Frankie and Johnny,” y el himno “In the Sweet Bye and Bye;” siguiendo con las letras que Keillor escribió para todas las canciones originales, e incluso para los jingles publicitarios; y acabando con “My Minnesota Home,” una variación de “Swanee” a la que Streep y Tomlin le aplican un tratamiento áspero, y “Bad Jokes,” interpretada por Harrelson and Reilly.

  El énfasis que el film deposita en lo musical le recordaba a Altman más de una de sus experiencias en la realización de Nashville (Nashville, 1975), hace ya más de veinte años. “Tuve muchos recuerdos de Nashville mientras estábamos rodando esta nueva película” —informa Altman—. “Tuvimos muchas actuaciones en vivo, y hubo muchas ocasiones en que Nashville se giraba en redondo y me abofeteaba el rostro”.

  El director elogia a Rich Dworsky, quien ha ejercido como supervisor musical de la película, desarrollando la misma labor que efectúa en la vida real. No se incorporó a ningún experto musical externo; Dworsky funcionó como siempre lo hace, dirigiendo la banda y trabajando junto a Keillor en la música para los jingles ficticios. Altman comenta: “He hecho mucha música en directo en mis películas, y ésta ha sido la ocasión en que he tenido la ejecución musical más sencilla en la que he estado implicado. Para mí, la música es como el diálogo, y Dworsky mantuvo todo bajo control para mí”.

  Altman se siente satisfecho con los resultados de este volcado a la gran pantalla de la sensibilidad y la sustancia de “EL ÚLTIMO SHOW.” “Me siento muy feliz con el modo en que todo ha evolucionado. Mi obligación y cometido consistía en abordar este material verbal y hacerlo visual. El mejor modo de hacer eso, concluí, era realizar ‘EL ÚLTIMO SHOW.’ He tratado de servir lo que Garrison Keillor hace y su humor”.

  Keillor estima que Altman ha logrado justamente eso. “La película exhibe mucho del show que es auténtico: Su textura, y la música” —comenta—. “La historia sostiene cierta holgura, y en ello creo que Altman es un maestro a través del modo de cortar y dar forma a las escenas. Ha proveído a cada uno de esos actores con una oportunidad maravillosa. Todos tienen su momento de brillo y de libertad. Estoy absolutamente sorprendido por cuanto ha hecho, y por cuanto han logrado hacer los actores. Hasta ahora, he visto la película unas tres o cuatro veces, y todavía sigo percibiendo pequeñas cosas que no había visto antes”.


Imágenes y notas de cómo se hizo "El último show" - Copyright © 2006 GreeneStreet Films, River Road Entertainment, Sandcastle 5 y Prairie Home Porduction. Distribuida en España por Manga Films. Todos los derechos reservados.

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