CÓMO SE HIZO "EL ÚLTIMO
SHOW"
Notas de producción ©
2006
Manga
Films
Dirigida por Robert Altman, con guión de Garrison Keillor, quien
también es protagonista, EL ÚLTIMO SHOW capta el singular
espíritu y humor del programa radiofónico de variedades en
directo que Keillor sigue escribiendo y presentando desde hace
más de 30 años. Tanto Altman como Keillor son maestros en ese
arte de la observación y de la digresión significativa, y el
film combina estas distintas sensibilidades para entretejer su
historia entre bastidores. Como en un cuento, la película posee
una esencia serena que permite a su debido tiempo tanto el
slapstick como la sinceridad. Los muchos personajes de EL ÚLTIMO
SHOW marcan el tiempo del film, permitiendo que los detalles
vayan revelándose a sí mismos por todos los rincones del
encuadre. En el proceso, la película va ofreciendo una imagen de
América y los americanos divertida, al tiempo que afectuosa y en
ocasiones melancólica. Desde que “A Prairie Home Companion”
comenzara a emitirse el 6 de Julio de 1974, no ha hecho sino
granjearse la devoción de millones de oyentes, quienes cada
semana sintonizan el espacio por su característica mezcla de
música, humor, e historias narradas. Actualmente, “A Prairie
Home Companion””atrae a más de 4’3 millones de oyentes a través
de más de 550 emisoras de radio públicas, y se escucha en el
extranjero a través de la red de America One y de las Fuerzas
armadas, en Europa, y en Extremo Oriente. En 2004, la Biblioteca
del Congreso incluyó la emisión inaugural del 6 de julio de 1974
en el registro de sonido histórico de la nación.
Desde St. Paul, en el estado
de Minnesota, de donde es Keillor, “EL ÚLTIMO SHOW” posee una
sensibilidad singular asociada al Medio Oeste, una cortesía y
buena voluntad fundamentales. El espectáculo resulta al mismo
tiempo llano y sofisticado, muy vivo pero jamás superficial. En
cada episodio, además de la gran banda de primera calidad
establecida, se presenta a uno o más invitados musicales,
cantantes cuyo estilo se extiende por el country, folk, gospel,
jazz, y la ópera, así como músicos instrumentales de géneros que
van desde la música clásica al bluegrass (country). Las
absurdidades y la cultura de la vida moderna se obvian
amablemente; anuncios de patrocinadores imaginarios exhiben sus
propios jingles (con letra del propio Keillor) en lo que son
divertidas parodias que prometen la luna, y por qué no las
estrellas, en caso de comprar cinta aislante o bizcochos. Igual
que en el auténtico show radiofónico, “EL ÚLTIMO SHOW” serializa
las aventuras de personajes frecuentes como Guy Noir, un agente
privado de estilo personal con una debilidad por los símiles a
lo Chandler; y Dusty y Lefty, cowboys cuyas aventuras son objeto
de crónica en “Vidas de Cowboys.” Keillor presta la voz a muchos
de sus personajes, y otros poseen la voz de miembros habituales
del reparto como Sue Scott y Tim Russell.
Escritor versátil y
prolífico, Keillor es autor de ensayos, colecciones de historias
cortas, y novelas. Su inclinación por las formas de
representación dramática le llevaron a sopesar la escritura de
un guión. “Siempre he querido escribir para el medio dramático”
—comenta—. “Hago algo de ello en mi show radiofónico, sin
embargo, aquí el problema es que escribo para mí mismo, y no soy
un actor. Así que mi esperanza estaba en escribir un guión para
que los actores se hicieran cargo de él y lo llevaran a la
práctica”.
Por supuesto que necesitaría
igualmente un director para que asumiera el proyecto y lo
rodara, preferiblemente Robert Altman, un realizador con una
perspectiva muy propia acerca de la vida americana, y con un don
incomparable para la creación de una dimensión auténtica de
personaje y lugar. Como suele suceder, un amigo de Keillor
conocía al abogado de Altman, George Sheanshang, quien a su vez
telefoneó al director, en pleno rodaje de The Company (The
Company, 2003), en Chicago. Altman recuerda: “George me dijo:
‘Garrison Keillor, —¿sabes quién es, no?— (A lo que respondí:
‘Sí, sí. Mi esposa escucha religiosamente su show, y yo también
lo escucho con ella algunas veces. Y soy un admirador.’)—; y
entonces siguió: ‘Bueno, pues resulta que tiene una idea que
quiere convertir en largometraje y querría que fueras tú quien
la dirigiera.’ —Yo le respondí: ‘Estaría encantado de hablar con
él.’”
Keillor y Altman se
encontraron para comer en Chicago, y el tono moderado de aquel
encuentro sería el que caracterizaría la consiguiente
colaboración entre guionista y director. Keillor admite que las
maneras propias del Medio Oeste de ambos —Altman es de Kansas
City, Missouri— pueden haber contribuido al entendimiento mutuo.
Y nos comenta: “Altman no está por tonterías ni halagos; creo
que ése es el modo de hacer en el Medio Oeste. Ello hace que
todo sea más sencillo. Cuando nos encontramos por primera vez, y
luego en cada satisfactorio encuentro, no nos miramos a los ojos
el uno al otro y nos dijimos cuánto apreciábamos el trabajo de
cada uno. No hacemos eso en el Medio Oeste. Si quieres trabajar
con alguien en algo, eso ya se entiende por todos como un
cumplido. Trabajar con alguien es el mayor reconocimiento”.
Tras probar con pura
narrativa de ficción, Altman y Keillor establecieron la idea de
realizar una película sobre un show radiofónico en la línea de
“EL ÚLTIMO SHOW.” Altman reconoce que el medio radiofónico tuvo
para él un significado muy especial: “Mi primer interés en el
arte de la interpretación fue la radio” —nos explica—. “De niño,
en la década de los 30, recuerdo estar escuchando estirado en el
suelo, como todos los niños en aquel tiempo. De jovencito, mi
gran ídolo era Norman Corwin, quien básicamente creó el drama
radiofónico. Y la primera cosa profesional que hice en el
terreno de la interpretación, además de un poco de teatro,
fueron guiones para dramáticos radiofónicos. Así que adoro la
radio; está muy cerca de mí”.
El hecho de que Keillor
pusiera en escena su programa en directo de cada semana era un
factor que atraía mucho a Altman, quien ha dirigido adaptaciones
de varias piezas tanto para teatro y ópera como para cine y
televisión, entre las que se cuentan Desechos (Streamers, 1983);
Locos de amor (Fool for Love, 1085), y Vuelve a la tienda de
baratijas, Jimmy Dean (Come back to the Five and Dime, Jimmy
Dean, Jimmy Dean, 1982). Como el propio director señala: “Aunque
el programa de Garrison resulta que es un show radiofónico,
también es una representación en directo ante un vasto público.
Es una mezcla de radio y teatro, lo que es algo idóneo para mí.
Quería hacer ‘EL ÚLTIMO SHOW’: Recuperar el tipo de humor de
Garrison, con Garrison y los otros que intervienen en su show”.
Al escribir el guión, Keillor
ha creado una especie de universo paralelo al auténtico “A
Prairie Home Companion”. El programa ficticio resigue el mismo
formato del show de variedades que el original y lo presenta
alguien de gran estatura oriundo del Medio Oeste que responde al
nombre de Garrison Keillor. Sin embargo, en lugar de ser un
atronador éxito que se escucha de costa a costa de los EE.UU.,
el “ A Prairie Home Companion” de la película es simplemente un
programa de fin de semana en una emisora de tamaño familiar de
St. Paul. Desdibujando la línea entre ficción y más ficción,
Keillor ha importado al guión tres de sus personajes ficticios
más frecuentes en su show: Guy Noir, Dusty y Lefty, y los
convierte en personajes que se mueven entre bastidores. Guy Noir
ahora es un guardia de seguridad aunque mantiene su personalidad
de detective; y Dusty y Lefty añaden guitarras a los lazos para
coger reses y al tabaco de mascar en sus sillas de montar.
Asimismo, también ha creado
varios personajes nuevos, como las hermanas cantantes Johnson,
Yolanda y Rhonda. “Esos personajes digamos que irrumpen
notoriamente en el guión” —subraya Keillor—. “Son las dos que
quedan del cuarteto de cuatro hermanas que tuvieron una gran
oportunidad hace mucho pero que perdieron el tren. Han de
regresar al deambular de lugar en lugar, interviniendo en
espectáculos de poca monta, en las ferias de los condados, en
escuelas e iglesias, y cantando para emisoras. En suma, alejadas
de la vida glamorosa. Me encanta ese tipo de personaje: Vencido
pero firme, y por lo general encantador. Ciertamente, Yolanda es
este tipo de mujer íntegra, con coraje y buen humor ante el
rostro del fracaso”.
Ha inyectado una pizca de
misterio a lo Guy Noir en cuanto sucede entre bastidores creando
a una mujer extraña, enigmática y de gran belleza a la que sólo
se la conoce como “La Mujer Peligrosa”. Inicialmente, sus
motivos se hacen difíciles de discernir, pero finalmente se
revela como figura de gracia. “El personaje de la Mujer
Peligrosa evolucionó” —nos explica Keillor—. “Comenzó siendo una
admiradora que imagina que el presentador se enamora de ella y
le habla. Así que va al show con la esperanza de irse con él.
Sin embargo, el personaje se me hacía esquivo. Trataba de evitar
ser visto, y yo quería incluirlo en plena acción. Decidí que el
modo de lograrlo era que tuviera un accidente automovilístico
mortal, regresando luego como ángel”.
Keillor confeccionó una
narrativa muy dinámica centrada plenamente en los personajes,
enmarcando la acción en una emisión radiofónica aparentemente
típica que, de hecho, puede convertirse en la última del
programa. “Si sitúas a la gente en una situación límite, bueno,
en eso sólo ya hay una historia. Y entonces, si más o menos se
olvidan de eso, no hacen ni caso, ni lloran, y siguen adelante,
a la suya hasta el borde del precipicio, y saltan al vacío, como
la gente hace en la vida real... eso me resulta atractivo. Se
supone que es gente del Medio Oeste y que tienden a aceptar su
desaparición con cierto aplomo” —remarca—. “Mi intención era
proveer a Altman con posibilidades interesantes, consciente de
que luego él las recortaría y daría forma, y que las cosas
cambiarían”.
La combinación de Altman,
Keillor, y de las actuaciones musicales demostraron ser un foco
de atracción irresistible: El conjunto de estrellas empezaron a
ocupar posiciones mientras Keillor aún trabajaba en el guión.
Meryl Streep, que previamente ya había cantado en Postales desde
el filo (Postcards from the Edge, 1990), y en Tallo de hierro
(Ironweed, 1987), se comprometió con el proyecto ya en sus
primeros estadios, como así mismo lo hizo una buena amiga y
colega de Robert Altman, Lily Tomlin, que ya encarnaba a una
integrante de un coro de gospel en el clásico del director:
Nashville (Nashville, 1975). Streep y Tomlin encarnan a las dos
hermanas Yolanda y Rhonda Johnson, respectivamente. Después de
que Lindsay Lohan se incorporara al reparto, Keillor añadió otro
personaje nuevo, Lola Johnson, la hija adolescente de Yolanda.
“Sabía que Meryl Streep iba a ser una cantante invitada en el
show, porque se trata de una cantante extraordinaria” —informa
el guionista—. “Creo que Lindsay Lohan dijo en una entrevista
que iba a encarnar a la hija de Meryl Streep. Lo cual parecía
una idea tremenda; era realmente provechoso tener en mente a
actores concretos”.
Actores excepcionales
continuaron uniéndose al proyecto, entre ellos Kevin Kline como
Guy Noir; Woody Harrelson y John C. Reilly como los hermanos
cowboys Dusty y Lefty, respectivamente; Tommy Lee Jones como el
ejecutivo de radio procedente de Texas apodado el Ejecutor,
quien efectúa una visita; Virginia Madsen como la Mujer
Peligrosa; y Maya Rudolph como Molly, la ayudante del jefe de
escena. El veterano actor de carácter L.Q. Jones, más célebre
por haber trabajado a las órdenes de Sam Peckinpah, encarna a
otro cantante invitado: Chuck Akers; y Mary Louise Burke (Entre
copas (Sideways, 2004)) da vida a Evelyn, quien provee de
sandwiches al reparto y equipo técnico del show.
Jones describe como sigue el
camino que le llevó a EL ÚLTIMO SHOW: “Recibí una llamada de
Robert Altman; muchos actores la atendieron. Se trata de alguien
célebre por ser un director para quien y con quien resulta
maravilloso trabajar, porque respeta la interpretación y la
entiende como una parte muy significante del proceso, y se opone
a cualquier inconveniente, que de alguna manera debe apartarse
del camino, para que el actor pueda dedicarse a lo que es
esencial en su trabajo para el cine. El resultado es que logra
forjar un reparto brillante. Cuando se baste un grupo como éste,
se hace muy difícil renunciar siquiera a un papel pequeño en la
compañía”.
En el reparto también se
hallan muchos veteranos del auténtico “A Prairie Home
Companion.” Son colegas de interpretación de Keillor desde hace
mucho: Sue Scott y Tim Russell, que encarnan respectivamente a
Donna, la maquilladora, y a Al, el jefe de escena. Otros
miembros del reparto y equipo técnico del show radiofónico se
interpretan a ellos mismos, entre ellos Rich Dworsky, el
arreglista de la banda, encargado de la mesa de mezclas, y
compositor; el mago de los efectos sonoros Tom Keith; y los
músicos de la All Star Shoe Band de Guy. Por ultimo, también
están veteranos cantantes invitados en “A Prairie Home
Companion,” que se encarnan a sí mismos, como los letristas y
cantantes Linda y Robin Williams, y la intérprete de gospel
Jearlyn Steele. Los seguidores que hayan visto “A Prairie Home
Companion” de gira, en videos, o en emisiones televisivas pueden
también reconocer a otros veteranos del show que van y vienen en
diversos momentos de la película.
EL ÚLTIMO SHOW tuvo un rodaje
de cinco semanas del verano de 2005, en St. Paul, Minnesota. Se
rodó en el Fitzgerald Theatre, el local que acoge el programa de
Keillor desde 1978. El show de variedades que se presencia en la
gran pantalla se rodó en vivo ante un público, y los tramoyistas
del escenario del Fitzgerald hicieron el trabajo de cada semana,
trabajando codo a codo con el equipo de producción de Altman.
El capacitado director de
fotografía Ed Lachman creó para la cinta un look cálido,
bruñido, que se rodó en vídeo de alta definición. Como ya
hiciera en The Company (The Company, 2003), Altman hizo uso de
dos cámaras en todo momento, que en ocasiones incluso se
aumentaron a tres, para captar la acción en varios lugares.
“Supongo que se podría decir que afrontamos este rodaje con un
estilo propio de documental. No tratábamos de disfrazar el uso
de las cámaras” —nos comenta Altman—. “Es como si este material
se hubiera captado en lugar de escenificado, como si la cámara
estuviera allá en el momento que casualmente esa gente pasaba
delante”.
Como es norma en cualquier
película de Altman, se pidió a los actores que improvisaran y
ampliaran sus personajes respectivos. Altman solía filmar las
escenas en toda su integridad, mientras que los varios equipos
de cámara captaban las interacciones en la escena y entre
bastidores. Tomlin nos comenta: “Da lo mismo lo que esté en el
papel del guión; Altman va a poblar la pantalla al máximo. Hay
algo que está pasando aquí, algo que está pasando allá. Todo el
mundo tiene un micro, lo que es una de sus marcas de fábrica”.
Y Streep añade: “Lo que
quiere es ver todo cuanto pasa en medio de lo que está escrito.
Para él, todas las cosas inadvertidas son como oro.” La actriz
nunca antes había trabajado con Altman, y se sentía emocionada
con todo este proceso. “Rodará diez páginas en una sola tarde,
cuando la mayoría rueda quizá página y media en el mismo tiempo.
De tal modo que diez páginas, veinte personas, y tres cámaras…
acabas por no saber realmente qué está pasando; y todo el mundo
está sacando del bolsillo su pequeña broma. Es de verdad muy
divertido”.
Streep y Tomlin llegan al
plató habiendo ya discutido sus personajes: Yolanda y Rhonda
Johnson. Streep recuerda: “Lily vino a casa y permanecimos allí
durante lo que nos pareció horas y horas. Diría que en la
primera lectura ya logramos definir la relación entre ambas
hermanas casi en su totalidad”.
Tomlin sigue: “Las historias
respectivas de Yolanda y Rhonda han seguido el mismo rumbo, tan
juntas que se acaban las historias de la otra mutuamente; están
siempre conversando y añadiendo pensamientos. Conseguimos
plenamente el ritmo de esta práctica.” EL ÚLTIMO SHOW es el
primer proyecto independiente de Lohan: Esta actriz de 19 años
enormemente popular trabaja contra el estereotipo encarnando a
la rata de biblioteca con gafas Lola Johnson. “Lola actúa como
si estuviera deprimida, sin demasiada confianza en sí misma. Sin
embargo, creo que todo es fachada” —reflexiona Lohan—. “Cuando
tienes 17 años, lo ultimo que quieres es que alguien alcance a
saber cuáles son tus verdaderos sentimientos; eres fuerte, y no
necesitas que nadie te ayude. Te sientes incómoda con la madre y
ese tipo de cosas. A lo largo de la cinta, creo que Lola
comienza a madurar y a hacerse la persona que realmente es”.
En cuanto a Guy Noir, Kevin
Kline da vida a uno de los personajes más queridos de Keillor,
un papel al que él mismo dio vida inicialmente. A Kline, el
espacio y el personaje ya le resultaban conocidos, y escuchó
muchos números cómicos del personaje mientras se preparaba para
la película. “Era un desafío muy interesante. Hay tantos
sketches distintos de Guy Noir escritos por Garrison a lo largo
de los años” —destaca Kline—, “que en cierto sentido me proveyó
de una aproximación útil con la que trabajar además de libertad,
porque nunca hemos visto qué aspecto tiene. Garrison fue muy
generoso al permitirme darle al personaje fisicidad en todo
aquello que entendía que encajaba. Me sentí inclinado a intentar
ser honesto para con el espíritu de Guy Noir, pero el hecho de
que sea una especie de portero, de guarda de seguridad, que está
loco de atar y vive en su propio mundo fue algo muy
liberalizador”.
Virginia Madsen afrontó una
situación muy particular al dar vida a la Mujer Peligrosa, una
especie de ser celestial intruso que tiene algo que ver con uno
de los miembros del reparto. “No todo es explicable en este
personaje” —subraya Madsen—. “Si mi personaje habla un idioma,
es el de la oración. No se cree en absoluto alguien peligroso;
su labor consiste en llevar a la gente a la casa del Señor. Mi
personaje ama a los humanos, y el programa radiofónico. Comienza
a recordar cosas de los humanos, y se contenta con simplemente
morar entre ellos para ser más recordada. Debía aparecer para
hacer su trabajo y luego regresar a casa. Sin embargo, se queda
a pasar el rato, y creo que está muy bien que haya un ángel ahí,
en el show, mientras éste nos va dejando para no regresar”.
Es responsabilidad de Molly,
la ayudante del jefe de escena, a quien da vida Maya Rudolph,
asegurarse de que el presentador del show, G.K., se halle ante
su micrófono in person cuando el espacio radiofónico esté en el
aire. No es un encargo sencillo, y Molly, que se halla en cinta,
no disimula su frustración. “Molly se ha transformado en una
embarazada cascarrabias, aunque mantiene la profesionalidad”
—comenta Rudolph, quien estaba realmente embarazada durante la
producción—. “Mientras el presentador va explicando sus
historias, evoluciona de persona en persona, y está a punto de
perder el hilo —o eso cree ella dado que esas historias son
interminables y las ha oído cientos y miles de veces—, va
sintiéndose fatigada de todo el engranaje. G.K. no parece darse
cuenta de que hay todo un show emitiéndose y eso la enerva
profundamente. Aprovecha su estado de buena esperanza como
excusa para enarcar la ceja más de lo debido”.
A lo largo de su carrera,
Altman ha usado música de modo innovador y frecuentemente ésta
ha sido objeto de máxima atención siendo tema de sus películas,
como Nashville (Nashville, 1975) y Kansas City (Kansas City,
1996). EL ÚLTIMO SHOW confirma la maestría de Altman en lo
referente a la integración de música y cine al tiempo que se
ofrece una buena dosis de canciones maravillosas interpretadas
con gusto por los actores cinematográficos así como por los
músicos profesionales. Las canciones presentan un espectro que
va desde las tonadas country como el clásico del grupo Carter
Family “Gold Watch and Chain,” pasando por las típicas
americanas “Red River Valley” y “Frankie and Johnny,” y el himno
“In the Sweet Bye and Bye;” siguiendo con las letras que Keillor
escribió para todas las canciones originales, e incluso para los
jingles publicitarios; y acabando con “My Minnesota Home,” una
variación de “Swanee” a la que Streep y Tomlin le aplican un
tratamiento áspero, y “Bad Jokes,” interpretada por Harrelson
and Reilly.
El énfasis que el film
deposita en lo musical le recordaba a Altman más de una de sus
experiencias en la realización de Nashville (Nashville, 1975),
hace ya más de veinte años. “Tuve muchos recuerdos de Nashville
mientras estábamos rodando esta nueva película” —informa
Altman—. “Tuvimos muchas actuaciones en vivo, y hubo muchas
ocasiones en que Nashville se giraba en redondo y me abofeteaba
el rostro”.
El director elogia a Rich
Dworsky, quien ha ejercido como supervisor musical de la
película, desarrollando la misma labor que efectúa en la vida
real. No se incorporó a ningún experto musical externo; Dworsky
funcionó como siempre lo hace, dirigiendo la banda y trabajando
junto a Keillor en la música para los jingles ficticios. Altman
comenta: “He hecho mucha música en directo en mis películas, y
ésta ha sido la ocasión en que he tenido la ejecución musical
más sencilla en la que he estado implicado. Para mí, la música
es como el diálogo, y Dworsky mantuvo todo bajo control para
mí”.
Altman se siente satisfecho
con los resultados de este volcado a la gran pantalla de la
sensibilidad y la sustancia de “EL ÚLTIMO SHOW.” “Me siento muy
feliz con el modo en que todo ha evolucionado. Mi obligación y
cometido consistía en abordar este material verbal y hacerlo
visual. El mejor modo de hacer eso, concluí, era realizar ‘EL
ÚLTIMO SHOW.’ He tratado de servir lo que Garrison Keillor hace
y su humor”.
Keillor estima que Altman ha
logrado justamente eso. “La película exhibe mucho del show que
es auténtico: Su textura, y la música” —comenta—. “La historia
sostiene cierta holgura, y en ello creo que Altman es un maestro
a través del modo de cortar y dar forma a las escenas. Ha
proveído a cada uno de esos actores con una oportunidad
maravillosa. Todos tienen su momento de brillo y de libertad.
Estoy absolutamente sorprendido por cuanto ha hecho, y por
cuanto han logrado hacer los actores. Hasta ahora, he visto la
película unas tres o cuatro veces, y todavía sigo percibiendo
pequeñas cosas que no había visto antes”.
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