CRÍTICA
por
Leandro Marques
La
invisibilidad de alguien que está presente
Esta no es la
historia del acto heroico de un guardaespaldas. El momento en
que el protagonista lleva a cabo un salvamento glorioso, que lo
llena de fama y gloria, que lo envuelve de valentía, nunca llega
en esta historia. “El custodio”, por el contrario, es la
película que cuenta la vida de alguien que vive su propia
existencia en un segundo plano, como ubicándose a un costado de
donde se desarrollan los hechos. Esta ópera prima de Rodrigo
Moreno, protagonizada por un actor brillante como Julio
Chávez, se focaliza en alguien que no es. O, para ser más
específico, en un ser que para desempeñarse en su trabajo —que
lo ocupa casi todo el tiempo de cada día—, necesita volverse
invisible. De alguna manera, el recorrido que desarrolla la
trama se pregunta hasta qué punto es posible, y tiene sentido,
una vida con esas características.
Rubén apenas
esboza palabras. Sólo habla cuando le preguntan. En general, es
un hombre de miradas. Su mirada es tan distante que confunde: al
verlo, no es posible descifrar si está sumergido en sus
pensamientos o si simplemente observa la nada, en un vacío que
lo acompaña desde afuera hacia dentro. Rubén trabaja como agente
de seguridad personal de un importante ministro. Camina siempre
unos pasos detrás de él. No interviene en sus conversaciones. Le
acompaña hasta que ingresa a sus reuniones, y se queda de
narices mirando las puertas que se cierran delante de él. Rubén
es el protagonista de una cinta que elige hacer lo que pocos en
su vida: interesarse por lo que le pasa, intentar descubrir
algún gesto, alguna expresión, algo, en definitiva, que pueda
servir de vehículo hacia la persona que vive dentro de ese
cuerpo estático y silencioso.
Hay un juego
interesante entre la cámara y el personaje central. Rubén está
presente de una manera peculiar en todas las escenas del film.
Se lo puede ver siempre, pero al mismo tiempo es casi como que
no está. La cámara lo registra de idéntica forma a la que se
vincula con los otros. En la gran mayoría de los planos
permanece a un costado de la imagen, o de espaldas, como
resistiéndose de alguna manera a aceptar el rol protagónico de
un personaje que no tiene nada de protagonista. Extra de la vida
de los demás, casi extra también de su propia película.
El
largometraje se dedica a recorrer diferentes situaciones en las
que el acompañante del ministro debe desenvolverse. En general,
son momentos comunes y corrientes, ya sea en un viaje en coche,
en el ingreso a algún ministerio, o durante el tiempo libre en
una quinta. Moreno tiene la virtud de construir en esos pasajes,
aparentemente normales y rutinarios, una atmósfera que deja
percibir una tensión latente. La presencia de Rubén, tan callada
y ausente, al mismo tiempo incómoda, pareciera intranquila e
insatisfecha. Su figura puesta ahí, su mirada depositada en los
otros, permite configurar una idea sobre qué tipo de personas le
rodean. Por eso, frente a la monotonía y ausencia aparente de
conflicto, el realizador va edificando una historia paralela,
invisible, pero con la fuerza necesaria para envolver de intriga
e incertidumbre cada escena. “El custodio” es siempre
inquietante. Estática por fuera, movediza y furiosa por dentro.
La interpretación de Chávez es genial, sobre todo porque logra
transmitir sus sensaciones sin obligarse a poner una cara
determinada para expresarlas. Y es que el rostro de Rubén,
aunque no lo denuncia explícitamente, sino todo lo contrario,
deja percibir una constante sensación de desprecio.
El guión se
despreocupa por el resto de los personajes, a los que se tiene
acceso únicamente a través de la mirada del protagonista, pero
sí trabaja en profundidad en la composición de la personalidad
de Rubén. Por ejemplo, se permite detenerse en su talento como
dibujante, en su relación con su familia y con sus compañeros de
trabajo. La cinta se toma su tiempo para descubrir esos matices
de la forma de ser del custodio y, a la vez, deja margen para
que sus comportamientos no se tornen previsibles ni esperados.
Como confirmando que toda persona, por más monótona e
intrascendente que parezca, esconde todo un mundo que, en
cualquier momento, en cualquier situación, puede explotar y
salir hacia fuera. “El custodio” es el film de alguien que
casi no es, que debe convivir y cargar el peso de sólo ser lo
que le toca, casi sin oponer resistencia. No es una película
de héroes que alcanzan la gloria, el reconocimiento y la
admiración del mundo. Y tal vez ese mencionado instante de furia
haya sido su momento de gloria personal. Quizás signifique para
él una descarga destinada a cambiar algo. O tal vez,
indescifrable como su mirada, sólo se trató de otro momento, uno
más en su vida, sin importancia alguna.
Calificación:
    
Imágenes de "El
custodio" - Copyright © 2006 Rizoma Films, Zarlek
Producciones, Pandora Film Produktion, Charivari Films y Control
Z Films. Foto por Florencia Blanco. Distribuida en España por Pirámide Films. Todos los derechos
reservados.
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