CÓMO SE HIZO "SYRIANA"
Notas de producción
© 2005
Warner Sogefilms
2. Reparto internacional
Con más de 70 personajes con
diálogo, los realizadores seleccionaron brillantes actores de
más de doce localidades de todo el mundo, incluyendo Los
Ángeles, Nueva York, Londres, El Cairo, Bahrein, Dubai, Kuwait y
Damasco. El fabuloso guión de Gaghan atrajo a un elenco de
actores excepcionales que anhelaban unirse al gran equipo de
Syriana. Actores consagrados y ganadores del Oscar de la talla
de Chris Cooper o William Hurt estaban deseando unirse al
elenco. “Gaghan es un escritor tan excelente que cuando enviamos
el guión a los actores, todos querían participar en la película
—comenta Clooney—. Y eso no sucede muy a menudo. Nos dirigimos a
actores acostumbrados a ser protagonistas: «Miren, no es un
papel muy largo». Y nos respondían: «No me importa. Quiero
formar parte del proyecto». Se trata de una pieza de conjunto.
La estrella de la película es el fabuloso guión que escribió
Gaghan”.
Por su parte, Gaghan
considera que las actuaciones de los actores jugaron un papel
decisivo a la hora de llevar su guión a la pantalla de manera
tan estelar. “Cuando uno cuenta con actores de este calibre, sus
interpretaciones aportan mucho al guión —comenta—. Y eso es lo
que ocurrió con todo el reparto durante el rodaje”.
Clooney interpreta al
veterano agente de la CIA, Bob Barnes, que dedicó su carrera a
trabajar en el Oriente Medio durante la década de los ochenta.
Bob es uno de los pocos agentes capaces de infiltrarse a ese
nivel en el Oriente Medio.
“Uno de los aspectos más
llamativos de la historia de Bob consiste en la deconstrucción
sistemática de la CIA y los efectos ésta que conlleva —explica
Clooney—. Ya no quedan muchos agentes que hablen árabe en el
Oriente Medio, lo que constituye un grave peligro. La idea
principal es que ya se acabó la Guerra Fría y no necesitamos más
vigilancia, ni más botas sobre el terreno. Lo mismo es aplicable
a los agentes de la CIA. Por eso Bob es atrapado en lo que es
básicamente una reducción de personal”.
Bob siempre ha antepuesto su
carrera a su familia, no sólo a causa de su entrega y la
convicción del valor de su trabajo, sino también por necesidad.
“Los agentes de la CIA mienten a todo el mundo durante toda su
carrera —apunta Gaghan—. Mienten a sus familias, a sus hijos, a
sus esposas, a sus amigos. Mienten por donde quiera que vayan”.
Por esta razón, Bob vive separado de su mujer y mantiene una
relación difícil con su hijo. Robby está molesto con la vida que
su padre le hace llevar, trasladándose constantemente de un
lugar a otro y comenzando una nueva vida en cada nuevo destino
de su padre. Ahora que Robby está a punto de entrar en la
universidad, Bob teme perder a su hijo para siempre.
Sin embargo, no importa todo
lo que Bob se haya sacrificado, la dedicación a su trabajo y su
profundo conocimiento de la región. Nada importa, si no está
dispuesto a seguir las reglas del juego que dicta Washington:
decirle a la gente poderosa lo que quiere oír, aún cuando la
verdad diste de lo que haya presenciado en los campos. Y cuando
su honestidad se convierte en una carga, su gobierno no tiene
ningún problema en abandonarle.
“Bob es un personaje
fascinante, porque es un auténtico creyente —asevera Clooney—.
No es un cínico. Él cree que su trabajo es lo correcto, que con
él ayuda a su país. Pero se desilusiona cuando ve que el cuerpo
al que ha dedicado toda su vida le da la espalda”.
Si bien Robert Baer sirvió
como referente para crear el personaje de Bob Barnes, Clooney no
basó su interpretación en él. En su lugar, se inspiró en un
agente de la CIA, e hizo de él un personaje único que no guarda
similitud con ningún modelo de la vida real.
“Queríamos que fuese el
personaje quien sirviese a la historia y no al contrario —aclara
el actor—. Esto me concedió bastante libertad, ya que no tenía
que ajustar mi interpretación a una persona concreta; tan sólo
actuar conforme a los temas que planteaba la película. No tenía
que preocuparme por mi parecido a una persona en particular, de
modo que podía concentrarme más en reaccionar de manera natural
a las cuestiones que iban surgiendo”.
La apariencia de Clooney
también contribuyó a definir su personaje. El actor engordó casi
14 kilos en 30 días y se dejó crecer una barba espesa, para dar
mayor credibilidad a su interpretación de un agente maduro en la
recta final de su carrera. “Los agentes de la CIA tienen la
habilidad de pasar desapercibidos en cualquier parte —explica
Gaghan—. Desaparecen dentro de un papel, al igual que un actor.
Un agente de la CIA es alguien que puede entrar en un bar en
Macao, o una mezquita en Riad, y nadie es capaz de reconocerle,
porque pasa. Es exactamente lo contrario de lo que hacen las
estrellas de cine; la gente los adora precisamente porque no
pasan desapercibidas. George es un gran actor, pero a la vez es
un tipo bastante glamoroso. Sin embargo, una vez que ganó peso,
se dejó barba y se afeitó la zona de nacimiento del pelo,
desapareció dentro de su personaje. Y caracterizado como este
personaje tan poco glamoroso tenía una gran credibilidad”.
“Fue muy interesante pasar
totalmente desapercibido —afirma Clooney—. Ya lo había probado
antes con varios disfraces pero no había funcionado. Se trata de
coger unos 15 kilos, dejarse la barba y ya puedes ir olvidándote
de conseguir mesa en cualquier restaurante de la ciudad”.
Mientras Barnes se esfuerza
inútilmente en contar a los poderosos de Washington verdades que
ellos no quieren oír, el abogado de la empresa, Bennett Holiday
impulsa su carrera al aceptar el prestigioso encargo de
investigar una transacción comercial que podría resultar
extremadamente lucrativa para muchas de las personas que están
en el poder. Bennett, interpretado por el ganador del Globo de
oro y el Emmy, Jeffrey Wright, es un prometedor abogado en un
prestigioso bufete de abogados de Washington, propiedad del
influyente y poderoso Dean Whiting, interpretado por el admirado
actor Christopher Plummer. A Bennett le han encomendado la
misión de investigar la fusión de los gigantes petroleros Connex
y Killen, con el acuerdo tácito de que hará todo lo que esté a
su alcance para que el trato llegue a buen término.
“Bennett es consciente de lo
que sucede hasta cierto punto —explica Wright, quien ya había
llamado la atención del público con su fascinante interpretación
en Basquiat—. No es distinto de muchas personas que intentan
encajar en una determinada profesión o institución para formar
parte de su maquinaria militar e industrial. Él es ambicioso y
esta misión resulta trascendental para su carrera. Es un abogado
que, supuestamente, investiga la fusión de dos compañías
petroleras, pero que en realidad ha sido contratado por esas
mismas compañías para protegerlas”.
Cuando Bennett descubre
cierta información comprometedora que podría pone en peligro la
estabilidad de la fusión, empieza a comprender cómo funciona la
industria, y cuál es el lugar que ocupa en la jerarquía
realmente. “Lo que le ocurre a Bennett —explica Wright— es que
se encuentra en una situación muy peligrosa, ya que se ve
expuesto a las presiones a las que en un principio estaban
expuestas las compañías. Debe encontrar la forma de salir, por
lo que su trabajo ya no consistirá sólo en proteger a la
compañía, sino en protegerse a sí mismo”.
Wright observa ciertos
paralelismos entre su personaje y el de Clooney. “En un momento
de la historia tanto Bennett como Bob se dan cuenta de que
trabajan para una máquina que sólo obedece a sus propios
intereses, cuando ambos pensaban que eran piezas necesarias y
respetadas en el engranaje de la misma. Creo que esa es la
naturaleza del mundo en que se desarrolla esta historia: es un
mundo turbio y poderoso, mucho más grande que los individuos que
forman parte de él”.
Pero el ascenso de Bennett
resulta complicado, debido a la difícil relación que tiene con
su padre, un alcohólico que acusa a su hijo de trabajar para la
clase dirigente. A su vez, Bennett siempre culpó a su padre de
ser un fracasado, aunque a medida que profundiza en la
ambigüedad moral del mundo de la industria, comienza a dudar del
derecho para juzgar a su padre de esa forma.
“Creo que esta relación
ilustra de manera maravillosa un conflicto cultural mayor en el
que también se ve implicado Bennett —opina Wright—. Como abogado
Bennett debe investigar, indagar en lugares oscuros, y como
alguien que quiere ingresar en el sector privado de la industria
del petróleo, va a descubrir partes de sí mismo y partes del
mundo que habría preferido no descubrir nunca. Al emprender este
viaje para desvelar la verdad sobre esta fusión, va enredándose
simultáneamente en ese entramado de poderes”.
Matt Damon, que ya trabajó
con George Clooney en Ocean’s Eleven y Ocean’s Twelve,
interpreta a Bryan Woodman, un prometedor analista de la
industria del petróleo que ha logrado ascender en su empresa
gracias a su constancia. Bryan vive en Ginebra con su mujer
Julie y sus dos hijos. Para él supone un gran honor cuando le
piden que represente a la empresa en una fiesta que celebra en
su mansión el poderoso emir de un país de la costa del Golfo muy
rico en petróleo Bryan acude con la esperanza de intercambiar
algunas ideas con el Emir. Pero en lugar de obtener una
audiencia con él, se ve forzado a resumir brevemente sus
observaciones a dos de sus representantes.
“En la fiesta que concede el
emir, Bryan expone las mismas ideas que ese tipo oye diariamente
a otras ocho compañías —añade Damon—. Bryan tiene otras ideas
más radicales, que podría exponerle si tuviese el coraje o la
voluntad necesaria para hacerlo. Pero tiene miedo de que lo
expulsen de la mansión, y por eso no se atreve a hacerlo”.
Pero en el transcurso de la
fiesta, el hijo de Bryan muere en un trágico accidente. El
doloroso acontecimiento sume al matrimonio en la confusión y
arrastra la vida de Bryan por derroteros nuevos e inesperados.
Después de un golpe tan duro, Bryan se refugia en su trabajo y
va alejándose cada vez más de Julie, papel que interpreta Amanda
Peet. “Al principio de la historia, Julie y Bryan están muy
enamorados y, con sus dos pequeños, forman una hermosa familia
—comenta la actriz—. Pero cuando nuestro hijo muere, Bryan
quiere huir y arreglar las cosas desde el exterior. Se obsesiona
con su carrera, y eso es lo que empieza a acabar con él. Creo
que hay muchos matrimonios que no consiguen sobrevivir la muerte
de un hijo. Probablemente la razón sea que uno de los dos quiere
huir, y el simple hecho de estar en la misma habitación junto a
su pareja, le trae a la memoria la pérdida del hijo”.
Bryan sigue tratando de
consumirse con su trabajo, ahogado en su pena, hasta que le
invitan a hablar con el hijo del Emir, el príncipe Nasir. En un
claro intento de disculparse por el papel desempeñado por su
familia en la pérdida de su hijo, el príncipe le hace una
atractiva oferta para trabajar con su compañía. Herido por las
implicaciones del trato, Bryan se encara con el príncipe,
reprendiéndole por la forma en que su familia real ha
desperdiciado los increíbles recursos de la nación.
“Tras la pérdida de su hijo,
Bryan cae en una especie de nihilismo temerario —aclara Damon—.
Llegado a este punto, está dispuesto a decirle lo que piensa en
realidad, y contestarle: « ¡Al diablo!».
Lo que Bryan apunta en tono
mordaz a Nasir, es que al vender su petróleo tan barato a
potencias como los Estados Unidos, Rusia y China —las cuales, a
su vez, lo revenden a otras naciones—, están permitiendo que
esos países extranjeros recojan los beneficios de un recurso
natural que pertenece por legítimo derecho a los árabes. Este
montaje beneficia a la familia real, que ha acaudalado todas sus
riquezas a base de tratos con potencias extranjeras, privando al
pueblo de Nasir de un capital que podría mejorar infinitamente
la calidad de vida de sus gentes. Bryan sugiere a Nasir que su
país refine y transporte su propio petróleo, de forma que ellos
mismos puedan ponerle el precio. Así, al quitar el poder a las
otras naciones, lograría reconstruir su país, y devolverlo a la
posición de superpotencia que ocupó alguna vez. Sin embargo,
Bryan duda que Nasir tenga algún interés en ayudar a su gente,
cuando él mismo se beneficia del escenario actual que favorece a
la elite del país.
Pero el hijo del emir resulta
ser una persona muy diferente del miembro decadente por el que
Bryan le toma en un principio. Intrigado por las ideas de Bryan,
Nasir comparte con él sus propias esperanzas para su gente. “Al
principio Bryan tiene una mala opinión de Nasir —explica Damon—.
Cree que sólo es otro miembro de la realeza más, que malgasta
los recursos de su país y derrocha el dinero logrado en los
tratos con países extranjeros para pagar su opulento estilo de
vida. Pero al final comprende que el príncipe está muy por
encima de lo que pensaba, y Bryan acaba por sentirse inspirado
por él”.
El visionario príncipe Nasir
es interpretado por Alexander Siddig. “Nasir tiene muchas ideas
que quiere poner en práctica —aclara el actor— como libertades
para la mujer, libertad de prensa, y toda esa clase de ideas
progresistas que podría convertir en realidad con su nuevo plan.
Estos dos personajes se encuentran en este momento de sus vidas
en que uno cataliza al otro”.
Las ambiciones de Nasir se
complican ante la presión externa que ejercen las corporaciones
extranjeras, cuyos masivos beneficios dependen de la continuidad
de las relaciones comerciales habituales. El emir está
envejeciendo, y en poco tiempo tendrá que nombrar a su sucesor.
Nasir ha trabajado junto a su padre durante años, con la
esperanza de crear un país más fuerte y mejorar el nivel de vida
de su pueblo cuando ocupe el trono. Pero el emir es vulnerable a
los conflictos en el seno de la familia real, y cuando Nasir
habla sobre sus planes de futuro para el pueblo, los intereses
norteamericanos no tardan en intervenir y se apresuran a
presionar a su padre para que nombre a su hermano menor Meshal,
más complaciente y materialista, como su sucesor.
“Meshal está dispuesto a ser
una marioneta —explica Akbar Kurtha, que interpreta al joven
príncipe—, y además está muy contento de representar ese papel.
Su relación con su hermano Nasir no es muy cómoda. Mientras que
Nasir es pro-reformista, Meshal preferiría gozar de un estilo de
vida aún más excesivo del que ya lleva. Además está resentido,
porque a Nasir le han preparado durante toda su vida para ser
rey, mientras que a él siempre le han mantenido apartado de los
asuntos sucesorios”.
En cuanto leyó el guión,
Alexander Siddig se empeñó en hacer el papel del príncipe Nasir.
“No tengo ningún reparo en admitir que perseguí ese papel,
porque Nasir es la voz del mundo árabe que ansiaba representar
en este momento —declara el actor—. Se trata del sentido
humanitario que tiene el personaje. Algunos líderes árabes
contemporáneos hacen gala de un gran sentido humanitario, pero
en Occidente, es algo que se echa de menos en estos días. Cuando
era pequeño, tan sólo veía árabes en la pantalla en cosas como
Simbad el marino, donde se encaraman al barco con un sable entre
los dientes. Cuando tienes la oportunidad de hablar a través de
un personaje como éste, que quiere emplear su poder para hacer
el bien y lograr un progreso real, tienes la oportunidad de
hacer ver al mundo occidental que existen hombres así en el
mundo árabe. Ésa es la clase de contribución a un mayor diálogo
que un actor no tiene la oportunidad de hacer muy a menudo”.
Del mismo modo, Damon tenía
gran interés en formar parte de un proyecto tan ambicioso.
“Stephen me dio un montón de libros para que me documentara
sobre la película, y los empleé para aprender todo lo que pude
en poco tiempo —anota el actor—. Es un tema interesante y se
emplaza en una parte del mundo fascinante. Mientras más sepa
sobre el tema, como ser humano, en mejor posición estaré”.
La trama final de la película
sigue la trayectoria de Wasim, un joven paquistaní que, junto a
su padre, trata en vano de ganarse la vida en los campos
petrolíferos del país de Nasir, pero sólo encuentra pobreza,
decepción y marginación a cada paso. Cuando son despedidos de
sus respectivos trabajos en el campo, su situación se vuelve más
desesperada.
Su historia refleja la
situación de miles de trabajadores paquistaníes, que abandonan
sus hogares y familias para intentar encontrar trabajo en el
Golfo. Cuando se topan con la escasez de trabajo, las
condiciones infrahumanas, y las continuas luchas con los agentes
de inmigración por permanecer en el país el tiempo suficiente
para conseguir un empleo, los desilusionados jóvenes son
arrastrados a las madrazas, o escuelas islámicas, muchas de las
cuales tratan de adoctrinarles con una interpretación radical
del Islam. Muchos de estos jóvenes terminan involucrándose en
organizaciones terroristas, y, en última instancia, unos pocos
son persuadidos para que sacrifiquen sus vidas como bombas
humanas. Esta es la realidad en que Wasim se ve inmerso al
llegar al Golfo.
Cuando su amigo Farooq le
presenta a un clérigo de una madraza cercana, Wasim siente por
primera vez que tiene un lugar en este país extraño, y se siente
cada vez más atraído por las enseñanzas radicales del clérigo.
Farooq y él no tardarán en prepararse para un viaje letal del
que no regresarán.
El papel de Wasim está
interpretado por Mazhar Munir, un joven actor que debuta en la
gran pantalla con Syriana. Munir nació y se crió en Londres, y
ha participado en varias series de la televisión británica,
incluyendo la ganadora de varios premios Doctors. “Wasim no es
distinto de cualquier otro adolescente —comenta Munir sobre su
personaje—. Sin embargo, mientras que alguien de su edad debería
preocuparse por la espinilla que le acaba de salir en la frente,
él debe preocuparse por conseguir dinero para alimentar a su
familia e intentar sobrevivir. Él sabe que la vida es mucho más
que eso y quiere cosas mejores para él y su familia, pero cada
vez que intenta hacer algo para mejorar su vida, fuerzas que
escapan a su control se lo impiden”.
Durante los días de rodaje en
Dubai, Munir y el resto del equipo de producción pudieron ver de
cerca las condiciones de vida de trabajadores inmigrantes como
Wasim y su padre. “Fue espeluznante —recuerda el actor—. Había
seis ó siete hombres y muchachos apelotonados en esos
contenedores de carga, que habían convertido en casas
provisionales sin luz, con 37 grados de calor y sistemas de
ventilación inadecuados. Espero que cuando el público vea la
clase de vida que llevan estas personas, entienda qué les arroja
a tomar una decisión tan desesperada y que al menos intenten
comprender, y no juzgar a Wasim. Me gustaría que esta película
sirva para que la gente comience a comprender la manipulación
que hay detrás de estos horribles actos”.
“Desde mi punto de vista, la
conexión emocional con el público se establece a través de estos
dos jóvenes —opina George Clooney—. Es muy interesante ver como
los dos personajes más simpáticos de la película son absorbidos
por este grupo fundamentalista. Uno comienza a comprender como
puede llegar a ocurrir algo así. No se trata en absoluto de
excusarles. Sólo se pretende hacer ver que no debe categorizarse
a la ligera. Son seres humanos y toman decisiones. Pueden
equivocarse, pero podemos llegar a entender qué les conduce a
tomar semejantes decisiones”.
Para Munir, debutar en una
película tan inteligente y compleja como Suriana resultó una
experiencia muy enriquecedora. “Había que contar la historia de
Wasim, y no creo que haya sido contada nunca de esta manera. Es
la primera vez que puede observarse el proceso completo que
lleva a una persona a verse involucrada en semejante terror.
Resulta muy triste ver cómo esas mentes perversas reclutan y
juegan a ser Dios con estos niños, utilizando la religión como
justificación. Resultó conmovedor interpretar este papel,
sabiendo que hay muchos muchachos que, al igual que Wasim, están
sometidos a esta clase de manipulación. Estoy muy contento de
que se haya hecho esta película. Y haber podido trabajar al lado
de artistas como Stephen Gaghan ha sido una gozada”.
Gaghan también está muy
contento de haber trabajado con un elenco de actores tan
brillantes. “Una de las cosas que más admiro de este reparto
—agrega Gaghan—, es que cuando trabajas en una trama con alguno
de ellos, quieres saber qué ocurre cuando sale de la habitación.
Por ejemplo, ves a Christopher Plummer interpretando a ese
súper-abogado, con su elegante traje de etiqueta en esa fiesta
en Washington, y quieres saber quién figura en su lista de
teléfonos, a quién llama. No puedo imaginarme a nadie que haya
trabajado con Chris Cooper y no haya acabado pensando: «tengo
que escribir una película para este personaje». Me viene a la
cabeza la imagen de una escena que hace William Hurt con George
Clooney en un teatro. La interpretaron 50 veces mejor de la
forma en que yo me la había imaginado. Trabajar con este equipo
ha sido una experiencia maravillosa”.
3.
Rompiendo las
barreras idiomáticas >>
Imágenes y notas
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