LOS MALOS OSCARS© 2001
Por Rubén Corral
En puertas de
la ceremonia de entrega de los Oscars© del año 2001,
el cinematógrafo parecería arrojar un balance muy
decepcionante. Al menos atendiendo a las candidaturas
que se hicieron públicas el pasado mes de febrero.
Evidentemente nos encontramos ante un vehículo
destinado a traer más luz sobre algunas películas
"sobreexpuestas" más que a dedicarse al
patético por pretencioso empeño de
premiar a las mejores de las mejores películas
estrenadas en los Estados Unidos. Como tantas veces
ocurre con productos provenientes del país de George
W. Bush, uno no sabe si dudar acerca de si lo que nos
están vendiendo es infantil o premeditadamente
infantil.
"El señor de
los anillos: la comunidad del anillo", la
superproducción dirigida por el neozelandés Peter
Jackson, acapara nada menos que trece nominaciones.
No es una película que sobrepase los no pocos
límites que se ha infligido: ni está por encima del
libro original, ni logra imponer su ritmo a su
naturaleza de primera parte de una trilogía, ni
resulta atrayente para los desconocedores del
universo de J. R. R. Tolkien. Sus resultados exceden
en muy poco el del ocioso divertimento y su mayor
mérito es lograr que una película de tanta
duración no resulte aburrida. Unos deducciones que
no impiden que esté justamente nominada en
categorías técnicas como la de efectos especiales,
maquillaje, vestuario, sonido o dirección
artística. Incluso su meritoria que no tan
brillante adaptación de la primera parte de la
obra de Tolkien podría ser alabada con el parabién
de una nominación al mejor guión original. Para mi
gusto, son más discutibles las nominaciones a la
mejor canción (pero eso me pasa con las cinco
candidatas), a la partitura más roma del
habitualmente brillante Howard Shore, a la
descontrolada actuación del excelente actor Ian
McKellen o al convencional montaje de John Gilbert.
Aunque sólo sea por cantidad de candidaturas y por
la dudosa talla y/o credibilidad ante los
conservadores (cinematográficamente hablando)
votantes de Hollywood de sus oponentes, "El
señor de los anillos: la comunidad del anillo"
merece alzarse como el pilar esencial, el punto de
referencia de la ceremonia de la noche del domingo al
lunes.
Con "Una mente
maravillosa" nos encontramos ante el principal
outsider a las posibilidades de la película
de Peter Jackson (al que sigo amando por haber rodado
"Braindead"). Se trata del producto de Dreamworks SKG cuyo estreno
ha coincidido con el final de año, momento en el que
se estrenan casi todas las películas con label
de "Academy Award nom.". No existe otra
razón para entender ese aluvión de candidaturas
sobre la película de Ron Howard producida por
digámoslo ya la major de nuevo
cuño con más pegada, capaz de endilgarnos la misma
película que vimos hace veinte años y forrarse con
ello. "Una mente maravillosa" es la
actualización de los multipremiados en su época biopics
de los años treinta. Y con el término
"actualización" me refiero a
"adecuación a los tics de hoy". De igual
manera que por aquellas películas sobre Émile Zola
o Louis Pasteur ha pasado tantísimo el tiempo, por
"Una mente maravillosa", melodrama fofo,
ñoño y soso, nacido muerto, ya ha pasado la falta
de maña de un director incompetente y un actor que
se esmeraba bastante más cuando sus objetivos
excedían conseguir un Oscar©. De la lluvia
de nominaciones resultan particularmente curiosas,
incluso hilarantes, las de Jennifer Connelly (a la
que yo le daría mi número de teléfono, no un
premio), la de mejor maquillaje (dejándose fuera una
candidatura flagrante como la de "El planeta de
los simios"), el de guión adaptado, el de
montaje o una nueva nominación para James Horner por
retomar su habitual costumbre de copiar (¿recuerdan
"Enemigo a las
puertas"?) a músicos de verdad: en esta
ocasión le ha tocado el turno de suplicio al
megalómano Michael Nyman.
La tercera en
número de candidaturas, empatada con "Una mente
maravillosa", es "Moulin Rouge",
parcialmente desenfrenado musical dirigido por el
australiano Baz Luhrmann, mayor artífice del éxito
o fracaso artístico (según el juicio del que la
vea) de una propuesta de dudoso efecto que, para
sorpresa del más pintado, se ha quedado sin
candidatura. Cosas de ser australiano en
Yanquilandia. Premiar a Nicole Kidman como la mejor
actriz, su vestuario y su dirección artístico no
dejaría de ser cumplir con justicia a una película
tan insatisfactoria como el trabajo anterior de su
director, "Romeo + Juliet".
Hay dos buenas
películas nominadas en la categoría principal: un
nuevo ejercicio de estilo del siempre subestimado
Robert Altman titulado "Gosford Park", y un
melodrama de primera y última media hora
electrizantes, "En la
habitación". La película de Altman, que
tanto recuerda a "La regla del juego", de
Jean Renoir, es un trabajo con una factura impecable,
como todos los trabajos de su director, con un guión
prácticamente perfecto y un reparto inspiradísimo.
A "En la habitación" le pesará el que
haya sido dirigida por un actor metido a director,
que sea un trabajo de novato (pero no de
principiante), que sea una película independiente y
una parte central cuyo interés está muy por debajo
del trabajo de puesta en escena y guión del arranque
y su desenlace. Entre los premios a las actuaciones,
mis favoritos en las categorías de actor y actriz de
reparto son Tom Wilkinson, por su recreación humana,
brillante, sensible de un padre demasiado confiado
que es devuelto a una cruda realidad de manera
violenta; y la joven Maggie Smith, por su trabajo en
"Gosford Park". Sin embargo y creo
que sería una injusticia no sería de
extrañar que este galardón se lo arrebatara su
compañera de reparto, la veterana Helen Mirren por
un papel verdaderamente exiguo.
Habrá un perro
verde en la noche en el Kodak Theatre. Será David
Lynch, incomprensiblemente nominado sólo en la
categoría de mejor director. Si le dan el premio me
reiría muchísimo y creo que la Academia
Norteamericana me habría hecho justicia como para
tragarme todas las ceremonias siguientes hasta que me
muera. Pero no será así. El premio caerá sobre los
hombros de Peter Jackson o Ron Howard, dependiendo de
la película que se lleve el premio gordo. Tampoco
vamos a soñar con que reconozcan la labor continua e
incansable de Robert Altman.
La corrección
política puede hacer que el premio al mejor actor
recaiga en los brazos de Denzel Washington, tantas
veces candidato y sólo premiado por
"Glory" en 1990, por un papel de Harry el
Sucio pero en negro y en corrupto. Sin haber visto
"Ali", creo
que el esfuerzo de Will Smith por lograr el parecido
físico con Muhammad Ali puede atraer una cantidad de
votos que acabe perjudicando a esa entente "no
blanca". En cualquier caso, si alguien sobra
aquí es Sean Penn, que probablemente ni se pase por
la entrega de premios, tal y como hizo cuando fue
candidato por la tierna "Acordes y
desacuerdos".
Entre las
actrices mi candidata es, sin duda alguna, Nicole
Kidman (a falta de ver el trabajo de la venerada en
Hollywood Judi Dench y de Halle Berry) parece la
apuesta más segura y justa. Ni los centímetros de
celulitis de Renée Zellweger ni el trabajo de Sissy
Spacek están a la altura del denodado esfuerzo de
Kidman, que podría haber estado nominada también, y
con justicia, por la película de Alejandro Amenábar
"Los otros".
En el apartado
de mejor película de habla no inglesa, las buenas
intenciones rebosan con mucho los buenos
resultados y, aunque las tres películas que he visto
son dignas, ninguna brilla particularmente en el
plano cinematográfico a excepción de "Amélie" que,
paradójicamente, adolece de un guión de pájaros y
flores, desinhibidamente demagogo, que perjudica su
mensaje optimista. Extraña que, en este conjunto de
películas peligrosamente simétricas ("esos
europeos, gente de buenas intenciones, flores y
colorines") no se terminara encuadrando otra
película que cumple con los requisitos que los
venerables ancianos que se tragan esos filmes
"con subtítulos" esperan.
En resumen:
¿mal año? ¿Peor año? Sólo los Oscars©, sólo los
(malos) Oscars©.