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Análisis

Joe Hisaishi y Hayao Miyazaki: La fructífera colaboración entre el compositor y el director de «Ponyo en el acantilado»

El compositor japonés Joe Hisaishi (6 de diciembre de 1950, Nagano) nació con el nombre de Mamoru Fujisawa, si bien optó por cambiárselo para así rendir tributo a Quincy Jones (su pronunciación en su idioma natal se asemeja al del conocido autor norteamericano). Desde pequeño ya comenzó a aprender a tocar diversos instrumentos, de ahí que estudiara en la Universidad de Música de Kunitachi. En la década de los ochenta lanzó su primer álbum de piezas minimalistas, iniciándose su relación con Hayao Miyazaki en 1983, justo cuando una compañía de discos lo recomendó para que escribiera varios temas basados en el guión y en las ilustraciones de lo que iba a ser «Guerreros del viento» (1984).

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El realizador se quedó tan satisfecho con su trabajo que finalmente decidió que también compusiera la partitura del filme, algo que, la verdad, no es de extrañar, pues aquellos fragmentos musicales poseían una gran belleza y en ellos ya se intuía la facilidad melódica del artista nipón. Los arreglos que luego hizo para la banda sonora final incluso mejoraron su labor inicial, tal y como se puede comprobar en el hermoso tema central de la cinta (bajo mi punto de vista, resultan menos atinados algunos de los sonidos electrónicos que utiliza, si bien son muy propios de la época). A continuación llegaría la maravillosa «El castillo en el cielo» (1986), donde, al igual que Miyazaki, Hisaishi dio rienda suelta a su genialidad.

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La partitura está repleta de melodías (atención a la exquisita utilización del piano en determinados arreglos de su precioso tema central), encontrándonos también con múltiples piezas de una contagiosa jovialidad y con otras en las que ya se adivina que el compositor se ha percatado del universo onírico que se esconde en la cabeza del cineasta. Poco después se estrenaría «Mi vecino Totoro» (1988), cuya juguetona banda sonora recoge los componentes claramente infantiles del relato y se adapta a la perfección a una historia que, sin embargo, encandila a espectadores de todas las edades (de hecho, no falta un ligero toque dramático relacionado con la madre de los pequeños protagonistas de la narración).

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Aunque «Nicky, la aprendiz de bruja» (1989) no es la mejor composición de Hisaishi para una película de Miyazaki, no hay duda de que nos hallamos ante una obra notable y de gran belleza, destacando la introducción en algunos de sus pasajes de música de clara influencia occidental. Vitalista y variada, se trata de un perfecto acompañamiento a las imágenes de un filme de imprescindible visionado. «Porco Rosso» (1992) posee ciertos elementos melancólicos, al menos eso es lo que sucede cuando el protagonista cuenta algunas batallitas del pasado o se intuye el afecto que Gina siente por el aviador. No obstante, la cinta está repleta de momentos de humor y también contiene algún que otro pasaje de acción, algo que queda perfectamente reflejado en su banda sonora.

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«La princesa Mononoke» (1997) es una verdadera joya, una partitura que se sustenta en un arrebatador tema central pero que, sin embargo, no se queda sólo ahí, ya que contiene músicas que reflejan la intensidad, la oscuridad, las emociones y, cómo no, la magia de este brillante largometraje. No obstante, la verdadera obra maestra de Joe Hisaishi dentro de la filmografía de Hayao Miyazaki es «El viaje de Chihiro» (2001), cuya banda sonora califiqué en su día de «bella y prodigiosa»; «mágica y especial, sus notas deleitarán al oyente sensible, transformándose en verdaderas gotas de vida para aquellos que en verdad sepan apreciar el placer de la contemplación y el intimismo».

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La maestría de «El viaje de Chihiro» no se pudo repetir en «El castillo ambulante» (2004), cinta que, no obstante, cuenta con una partitura que claramente se sitúa por encima de la media en lo que a música de cine se refiere. Por supuesto, cabe destacar la bonita melodía de su tema central, si bien éste no alcanza ese toque de preciosismo que hallábamos en sus anteriores obras, así como las estupendas descripciones de lo que acontece en la pantalla o la utilización del piano. «Ponyo en el acantilado» (2008) supone una nueva colaboración entre ambos artistas y, desde luego, esperemos que no sea la última, puesto que, tras escuchar algunos cortes de su disco, uno no puede hacer otra cosa que rendirse ante el incuestionable talento de Hisaishi.

En la imagen: Fotogramas de «Ponyo en el acantilado», «El castillo en el cielo», «Mi vecino Totoro», «Nicky, la aprendiz de bruja», «Porco Rosso», «La princesa Mononoke» y «El viaje de Chihiro» © 2008, 1986, 1988, 1989, 1992, 1997 y 2001 Studio Ghibli. Todos los derechos reservados.

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