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Análisis

«Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario». La labor de Harry Gregson-Williams en otra exitosa franquicia

Aunque me gusta la banda sonora que Harry Gregson-Williams escribió en su día para «Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario», también considero que el citado autor desaprovechó una excelente oportunidad para crear una de esas partituras que se quedan grabadas en la memoria de los espectadores, bien sean éstos amantes o no de la música de cine. Ciertamente el mundo de Narnia cuenta con un tema bellísimo, y buena prueba de ello es el instante en el que Lucy descubre el ropero que la llevará a un lugar al que jamás soñó ir, pero da la sensación de que el compositor no es capaz de sacarle todo el partido posible al excelente material sobre el que tiene que trabajar.

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En todo caso, es justo reconocer que la obra de Harry Gregson-Williams está repleta de piezas muy cuidadas, caso del viaje que hacen los niños para salir de Londres, momento en el que escuchamos la adecuada voz de Lisbeth Scott, o los primeros instantes en los que Lucy camina por las blancas tierras de Narnia. Al respecto, el compositor comenta que «la primera vez que Lucy va a Narnia, está nevando un poco y no hay nada más, y eso es una entrada musical importante. [El director] Andrew [Adamson] me dijo: «quiero que se parezca a ese sonido que se oye cuando apenas hay sonido». Le dije: «no sé si sé a lo que te refieres». Dijo: «hablo del sonido de cuando ha nevado mucho y entras en un pequeño claro y notas una sensación de vacío». Musicalmente, esa pista me ayudó mucho. Porque había pensado en animar la escena musicalmente. No hay diálogo. Lucy está paseando y viendo este sitio por primera vez».

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También son apropiadas las notas que sirven de acompañamiento a la escena en la que Lucy se encuentra con Tumnus: «es un momento delicado y muy difícil [para] ponerle música. Compuse esa escena muchas veces y Andrew y yo no coincidíamos en cómo debía interpretarse. Estaba muy nervioso con ella, así que me metí de lleno en la interpretación con la orquesta mientras la dirigía y ellos lo bordaron. La interpretaron exactamente cómo me habría gustado a mí. Fui a la sala de control y Andrew hizo uno de sus famosos cumplidos a la inversa, en plan: «me sorprende lo poco que lo detesto». Le dije: «genial, Andrew. Te encanta»», comenta el compositor. Sin embargo, en otros momentos del filme se echa de menos la presencia de unos temas más memorables, caso de la aparición de la malvada Jadis, mientras que los pasajes de acción resultan bastante convencionales y se podrían haber utilizado sin problema alguno en cualquier largometraje de similar temática. En todo caso, Harry Gregson-Williams está muy satisfecho con su labor, desvelando que «he pasado horas, días y meses preparando la música, que maqueté en mis secuenciadores y muestradores. Pasé mucho tiempo viendo la película una y otra vez y sentado al piano componiendo una cosa u otra». «Para mí, la composición de «Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario» ha sido un tanto movidita, como todas mis bandas sonoras, y al decir «movidita» no quiero decir desagradable, sino que es algo que […] no deja de sorprenderme».

En la imagen: Fotogramas del documental «Cuentacuentos cinematográficos» – Copyright © 2006 Buena Vista Home Entertainment. Todos los derechos reservados.

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