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«La chispa de la vida»: Payasos, estrellas y estrellados en el escenario

Críticas

«La chispa de la vida»: Payasos, estrellas y estrellados en el escenario

«La chispa de la vida» es una tragicomedia con un guion irregular y una historia poco original. Álex de la Iglesia hace una crítica mordaz hacia el circo mediático, aunque demasiado obvia y poco sutil. José Mota disfruta de un papel a su medida.

¿Cuánto vale la vida de un hombre?¿Y su dignidad? Todo dependerá de a quién se lo preguntemos. Al menos, eso es lo que se desprende de «La chispa de la vida» (ver tráiler y escenas), tragicomedia dirigida por Álex de la Iglesia en torno a un publicista en paro que un día sufre un accidente rocambolesco, tras el cual los medios se rifan una entrevista en exclusiva con él. Ese hombre que se precipita desde lo alto del Teatro Romano de Cartagena —agarrado a la escultura de una Venus, metáfora del amor que le ha llevado hasta allí— es Roberto, un individuo enamorado de su familia y un tanto desesperado. Ahora, con una barra de hierro incrustada en la cabeza, ve la oportunidad de ganar un dinero para los suyos y dejar de ser un fracasado. Un tira y afloja entre corruptos empresarios, políticos oportunistas y periodistas sin escrúpulos en una situación tan absurda y esperpéntica como inequívoca para mostrarnos una sociedad que vive de la imagen, el dinero y la mentira.

Bajo la aparente ligereza de la cinta, Álex de la Iglesia hace una crítica mordaz, aunque demasiado obvia y poco sutil, hacia quienes convierten la vida en un escenario donde todo está en venta, en el que la máxima de ganar dinero se impone a cualquier otro principio, los amigos de ocasión actúan como buitres buscando a quien desangrar, y se llega a vender el alma por amor o por mezquindad. Menos mal que aún quedan algunos hombres buenos dispuestos a consolar a quien sufre —el guarda de seguridad Claudio es una buena persona—, algunos periodistas que saben respetar el dolor ajeno y bajar la cámara —aún a costa del futuro— y algunas mujeres que no se venden y dan muestras de integridad. Frente a ellos, otros personajes simbólicos, grotescos y estereotipados —licencia que otorga el género—, con caricaturas de políticos y periodistas sin principios, con hijos que respiran libertad y sentimiento —signos de nuestro tiempo—, y un espectáculo tan morboso como penoso es el negocio mediático.

En su debut cinematográfico, José Mota tiene un papel a su medida, entre el gesto cómico que hace reír y la hazaña que conmueve al espectador hasta la lágrima, mientras que Salma Hayek pone la nota sentimental y se presenta, ante todo, como un acierto de casting para acercar la cinta al melodrama sudamericano de sobremesa, pues su puesta en escena y la planificación tienen mucho de televisivo. Por otra parte, los secundarios están a la altura de este esperpento un tanto castizo y excesivo, en especial Fernando Tejero y Blanca Portillo como oportunista despiadado y patética directora del museo, respectivamente. Acertado giro argumental con la concesión de la entrevista por parte de la esposa, y conmovedora escena cuando la periodista saca lo mejor del entrevistado —ejemplo modélico de honestidad— entre el lloro generalizado —e indisimulado— de actores y espectadores, y con la inestimable ayuda de la banda sonora.

El guion es irregular y la historia poco original, estirada a partir de una sola idea y con un mensaje evidente y simple. A un inicio perezoso y de poca fuerza narrativa, le sigue un desarrollo repetitivo y abonado al exceso melodramático. No trata de profundizar en una realidad tristemente cómica ni de recorrer territorios realistas —aunque se mueve muy pegado a la calle, y de forma desencantada—, mientras que consigue algunos momentos con cierta chispa y una relativa sonrisa. El director sabe, sin embargo, mantener al sufrido Roberto entre la vida y la muerte, la carcajada y la lágrima, el irremediable tirón de publicista y la responsabilidad económica de padre. Todo en la película está un poco desinflado y vacío, carente de pulso y fuerza, por mucha sangre y negrura que pueda mostrarse, porque la intención es generar una ilusión y una esperanza para seguir viviendo en un tiempo de crisis económica y también de valores, para convertir el triste circo mediático en escenario de dignidad y orgullo.

Calificación: 5/10


En las imágenes: Fotogramas de “La chispa de la vida”, película distribuida en España por Alta Classics © 2011 Trivisión, Alfresco Enterprises y SAS La Ferme. Todos los derechos reservados.

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