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«3 metros sobre el cielo»: Estampida de cerebros

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«3 metros sobre el cielo»: Estampida de cerebros

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Industrialmente acertada a tenor de la legión de incondicionales que en España posee Federico Moccia, la película tiene poco que ofrecer al espectador ajeno a esta incoherente, irresponsable y bobalicona supuesta oda al amor.

Babi (María Valverde) vive en el feliz y despreocupado mundo de la gente adinerada de las ciudades occidentales. En su piruletismo vital, todo es estupendo y genial y total, hasta que un día conoce a Hugo (Mario Casas), al que llaman Hache, que es más duro y chungo y peligroso y sugerente. Nuestro cine se pone las pilas industrialmente hablando y responde a la demanda de la marabunta de incondicionales de la obra del ladino Federico Moccia, que ve cómo desde España se adapta “3 metros sobre el cielo” a rebufo del éxito de la reciente “Perdona si te llamo amor”, que sobrellevamos por aquí no hace mucho. El resultado es tan previsible en su pobreza argumental como infame en su pretensión de convertirse en un monumento al amor imposible. Si esto tiene algo que ver con ternura, con pasión, con afecto de alguna clase, Cupido puede ir haciendo las maletas.

Porque aunque Fernando González Molina ─que tiene aquí, en su segunda película, una verdadera estampida de cerebros─ tenga claro el público al que ha de enfocar su trabajo, que no es otro que la generación del mensaje de texto, de la red social, de idolatrías fugaces impuestas por las modas ─no en vano la cinta se publicita como “3MSC”─, no se puede negar que se pliega tristemente a la mojigatería estructural, al conservadurismo esencial y a la misérrima caricatura de la vida real en que se convierte su propuesta con volátil celeridad. Valverde y Casas, Casas y Valverde, dos guapos, jóvenes y valiosos talentos de nuestro cine, hacen lo que pueden por esquivar el más profundo de los ridículos, centrados en dar vida a dos peleles insignificantes al límite de sus posibilidades, en constante e injustificable quejido ─la situación no es tan dramática para ninguno; simplemente, como muñecos mantenidos por sus familias, se revuelven frente a sus realidades─.

Alrededor de los pimpollos en constante peligro, emoción y bamboleo hormonal ─con todo, mucha fibra, mucho pecho al aire y ropa interior, pero la castidad visual es la reina de la función, como es de esperar─, el mundo gira y gira sin descanso, en un cuento en el que la bestia cavernícola que es Hugo adoctrinará por doquier ─suegro forzoso incluido─ y la bella etérea y angelical que es Babi ─¿homenaje intencional a Jennifer Grey?─ se dejará hacer, pero poco, porque en el fondo las chicas son guerreras aunque vayan armadas con una maza da algodón de azúcar. Casi dos horas después, cuando la lobotomizada chavalada sufra desde el palco dolor mandibular de tanto reír/llorar tras este muestrario de sentimientos pasteurizados, llegará una interminable sucesión de epílogos post-climáticos que, para colmo de males, da a elegir entre la reinserción o las malévolas consecuencias de la vida díscola y disoluta. Y eso pese a presentar durante todo el metraje un amor abiertamente idiota e irresponsable, ajeno al sentido común más básico para cualquier primate evolucionado incluso desde los parámetros sanamente idealizadores y catárticos del séptimo arte más comercial. No hagáis caso, locuelos, y poneos el casco.

Calificación: 2/10

En las imágenes: Fotogramas de “3 metros sobre el cielo” © 2010 Zeta Cinema, Antena 3 Films, Cangrejo Films y Globomedia. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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