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«5 metros cuadrados»: Las ruinas de un edificio moral

Críticas

«5 metros cuadrados»: Las ruinas de un edificio moral

«5 metros cuadrados» parece sacada del costumbrismo de los años sesenta. Una película en la que no hay riesgos ni sorpresas, y en la que no bastan unos sensacionales protagonistas para sostener una trama simple y con poco recorrido.

La burbuja inmobiliaria pasa de la arena política a la sala de cine con «5 metros cuadrados» (ver tráiler y escenas), y Max Lemcke rememora aquellos sueños que Rafael Azcona y Marco Ferreri convirtieron en pesadilla sarcástica hace décadas. Aquí la pareja feliz que quiere su pisito la forman Álex y Virginia, que planean casarse y que acaban de comprar una casa con vistas al mar. La corrupción política y el abuso de poder traen la paralización de las obras y quizá su demolición, mientras otros edificios humanos sufren la ruina psíquica y familiar, mientras los deseos de felicidad y los ahorros de toda una vida son sepultados con el ladrillo y el hormigón. La tragicomedia y la crítica social vuelven a citarse para ver cómo la carcoma de la especulación urbanística deja algunos cadáveres por el camino, en un metáfora poco subrayada sobre el derrumbe moral de unos edificios materiales que son también humanos.

La actualidad de la problemática inmobiliaria y de las hipotecas, de la corrupción y de las recalificaciones es abordada por Lemcke de manera directa y sin andarse por las ramas, sin entretenerse en subtramas que distraigan al espectador y oscilando entre el drama social y el humano. Las primeras secuencias abordan la cuestión situando la falta de escrúpulos de unos y los sueños de felicidad de otros, para después centrarse en la joven pareja y ver cómo sus relaciones se van deteriorando hasta amenazar ruina y algo más. En esos compases de planes de futuro tenemos los mejores momentos de la película, gracias a unos diálogos llenos de chispa y fina ironía, y también a la fresca interpretación de Fernando Tejero y Malena Alterio. Sus personajes están extraídos de la misma calle, con la honradez de la gente corriente y las ilusiones de los enamorados, las difíciles relaciones con los escépticos suegros y esos amigos de ocasión que desaparecen en cuanto la crisis asoma.

No hay riesgos ni sorpresas en una narrativa lineal y sencilla, ni tampoco en una puesta en escena convencional y que parece sacada del costumbrismo de los años sesenta, lo mismo que un tratamiento fotográfico que da luz sobre los pocos medios de producción de la cinta. Por eso, todo en «5 metros cuadrados» queda a merced de los intérpretes, y ahí es donde Tejero saca las castañas del fuego a Lemcke, pues da a su personaje toda la inocencia y bondad, la honradez y sinceridad, la impotencia y desesperación que la situación reclama. Pero no bastan él y Malena Alterio para sostener una trama simple y con poco recorrido, que se empantana un poco en lo anodino y cansino, y que se precipita hacia un desenlace patético y con poca fuerza y convicción —lejos de la intensidad dramática de «Casual Day» (2007)—.

Ni Manuel Morón ni Emilio Gutiérrez Caba se escapan al estereotipo del corrupto, pero la cinta es un digno trabajo que trata con humanidad al pueblo y con sorna al corrupto, que se ve con gusto pero que no consigue arrancar emociones ni levantar pasiones, sin nada especial que la haga perdurar en el recuerdo. Ganó la Biznaga de Oro en el Festival de Málaga, pero eso sólo indica el nivel de cierto cine español que quiere navegar entre lo popular-comercial y lo comprometido-autoral, siempre amenazado con convertirse en un edificio en ruinas por la falta de chispa y originalidad. A pesar de todo, la realidad mostrada hace que el espectador sintonice con la pareja de novios porque son de los nuestros, gente sencilla a pie de obra que se siente indignada y engañada por políticos y especuladores.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “5 metros cuadrados”, película distribuida en España por A Contracorriente Films © 2011 Aliwood Mediterráneo Producciones. Todos los derechos reservados.

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