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«Abel»: El niño adulto

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«Abel»: El niño adulto

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«Abel» es una película pequeña en premisa, pequeña en intenciones, pequeña en resultados. Una fábula tierna que vale para reflexionar a propósito del significado de la adultez y que descubre a un prometedor Diego Luna como director.

Dejando a un lado su documental de 2007 «J.C. Chávez», a propósito del boxeador mexicano Julio César Chávez, «Abel» supone la ópera prima del actor y productor Diego Luna tras las cámaras. No es una sorpresa notable, pero sí agradable: la de Luna es una película pequeña en su premisa, pequeña en sus intenciones, pequeña en sus resultados, también. Su agradecido relato versa en torno a un niño de nueve años que, tras una temporada ausente de todo y de todos, sólo vuelve a ser niño siendo mayor. Abel se proclama a sí mismo padre de familia e incorpora en su día a día los ceremoniosos ademanes, la responsabilidad protectora y hasta el sermón paternal perfectamente articulado hacia su adolescente hermana mayor.

Ese juego de la adultez puede traducirse en interesantes hallazgos en una cinta que no parece interesada en hallar más allá de la ternura de su fábula: por un lado, lo mucho de pose, de impostada que tiene la actitud presupuesta a la madurez; por otro, lo gratificante de toparse de nuevo con esa postura en una cotidianeidad en la que la figura paterna sistemáticamente engaña y abandona en sus afectos. Es en ese desencuentro entre hijo adulto y padre infantil que el filme de Diego Luna encuentra algo así como una accidental moraleja, sin embargo resuelta con el plano conformista (sutil, pero conformista) que marca la vuelta a la realidad. Antes, la invocación de la tensión edípica aun desde el equívoco y la transición de una banda sonora que pasa de la comedia circunstancial al drama silencioso, extrañado, nos ponen sobre la pista: estamos ante una película menos inocente de lo que parece pretenderse, una que encierra en su escritura en apariencia diáfana un verdadero discurso del desconsuelo.

El Premio de la Juventud en el reciente Festival de San Sebastián no es casual: «Abel» es la promesa, diminuta pero promesa, de un autor apostante por el relato humilde del que se infieren naturalmente los subtextos, sólido en la dirección de sus infantes actores (Christopher Ruíz-Esparza se revela todo un descubrimiento como ese insólito adulto de nueve años) y hábil en el manejo de la comedia casera, aquella que nace en la reunión familiar a la hora del desayuno o frente a dos televisores que se complementan en su falta de sonido y falta de imagen.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Abel” – Copyright © 2010 Canana. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

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