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«Adam»: Amor, amistad y compasión en una difícil relación

Críticas

«Adam»: Amor, amistad y compasión en una difícil relación

«Adam» goza de un buen ritmo narrativo y llega a emocionar al espectador. La figura de su protagonista es emblema de una mentalidad de amor a la verdad y de nobleza de espíritu.

Las últimas películas que han triunfado en el Festival de Sundance se van pareciendo cada vez más al cine de Hollywood, y eso aunque respiren cierto aire de originalidad —alguno diría de independencia, pero eso es más que dudoso— al retratar a personajes con matices o al buscar un desenlace no del todo satisfactorio o complaciente. Son cintas que tratan de abrirse a un mercado más amplio, sin plegarse a los dictados de las majors, pero coqueteando con ellas. Tal fue el caso de «Pequeña Miss Sunshine» o de «Juno», títulos a los que ahora se suma «Adam». En esta comedia romántica, Max Mayer nos ofrece una historia de amor en la que no todo es de color de rosa, pues asistimos a una relación anómala, difícil por el síndrome de Asperger que padece Adam y que le impide relacionarse con normalidad en su entorno.

Él es un joven ingeniero que se queda sin trabajo y al que le cuesta saber lo que piensan o sienten realmente los demás: su vida transcurre entre la incertidumbre y el desconcierto de sentirse distinto, y su bondad natural —y enfermiza— sufre cuando entiende que alguien le ha mentido o no es fiel a su palabra. Se esfuerza por aprender a sobrellevar su limitación e incluso por bromear, sobre todo cuando conoce a su vecina Beth y se enamora de ella. Beth sale desencantada de una relación con su ex-novio, y pronto queda prendada por la inocencia y sinceridad de los sentimientos de Adam, al que procura ayudar en su problema, a la vez que trata de discernir si realmente le ama y si él la quiere por sí mismo. En su relación aparecen muchos matices sobre lo que es la amistad y la piedad, el amor verdadero y el sexual, la compasión y el amparo maternal —la mirada de ella es, muchas veces, la de quien cuida y protege a su niño. Son dos almas puras que, de alguna manera, se entienden y sintonizan, pero entre las que la realidad pide paso y donde las razones de la cabeza deben imponerse a las del corazón.

Son reacciones y sentimientos contradictorios, en duda permanente y lucha continua, que Hugh Dancy y Rose Byrne incorporan con frescura a sus personajes hasta hacernos sentir su inquietud y compasión, y desear que su historia termine bien y sean felices comiendo perdices. La música se encarga de crear una atmósfera entrañable y tierna, de conducir al espectador —quizá de manera excesiva— y conmoverle, de añorar un mundo más sencillo y que esté libre de tanta mentira y cálculo. La figura de Adam se convierte, de esta manera, en emblema de una mentalidad de amor a la verdad y de nobleza de espíritu, de capacidad para el compromiso y de superación en la adversidad; mientras que la de Beth refleja la respuesta humana ante quien necesita afecto y la posibilidad de encontrar la felicidad en amar más que en ser amado, pero también la necesidad de una afinidad y una comunicación para sacar adelante una relación. Una complejidad que no cabría en Hollywood, con relatos que tienen un punto dramático y otro amable, para una película llevada con buen ritmo narrativo y que llega a emocionar al espectador con la historia de amor, amistad o compasión en una difícil relación.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Adam» – Copyright © 2009 Fox Searchlight Pictures, Olympus Pictures, Serenade Films, Deer Path Productions y Vox3 Films. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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