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«Adele y el misterio de la momia»: La atonalidad de Luc Besson

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«Adele y el misterio de la momia»: La atonalidad de Luc Besson

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Luc Besson sigue sin recuperar el tono tras las cámaras con una propuesta que pretende ser el primer paso de una trilogía. El loable diseño de producción queda como lo más destacado de una película familiar bastante pobre.

Este comentarista no se cansará de defender la encomiable labor industrial que Luc Besson realiza al frente de EuropaCorp, todo un acicate para el cine galo y continental en general, y ejemplo a seguir por más de uno ─y más de dos─. Pero si es justo reconocer su mérito, no lo es menos afirmar que, quizá a causa de su febril actividad como productor y guionista para otros, sus últimos trabajos como cineasta lucen descuidados en su fondo, que no en su forma; ahora, tras dejar al respetable con cara de póquer con el segundo capítulo de su saga microscópica, estrena en nuestro país “Adele y el misterio de la momia”, adaptación de la serie de cómics “Les aventures extraordinaires d’Adèle Blanc-Sec”, escrita e ilustrada por Jacques Tardi. Y no es que salga uno de la sala dando saltos, no.

Presentada de un modo tan confuso como vivaracho en su preludio, la película avanza en sus compases iniciales acicalada como propuesta a compartir con la familia, de tinte claramente juvenil y jovial y liderada por una hermosa muchacha protagonista, Adele (Louise Bourgoin), periodista de relumbrón y expoliadora eventual obcecada con la búsqueda de una cura para su hermana, en estado vegetativo. A medida que progresa la historia, el fango que desprende el insípido guión firmado también por Besson emborrona la aventura desligándose de su público inicial y, a la postre, de cualquier otro esperanzado en vivir una catártica experiencia de tintes cómicos y fantásticos. Porque la propuesta acaba por aburrir en su fragilidad narrativa ─velocidad visual no equivale por sí sola a diversión consistente y con empaque─, apelotonada de personajes y situaciones que nada aportan a la línea argumental medular, tan tremendamente trágica como mal encauzada, por otro lado.

Además, la figura principal, aunque encuentre en su motivación la excusa de su comportamiento ─hasta cierto punto, al menos─, resulta abiertamente irritante, picajosa y altanera, hembra rebelde en un mundo de hombres que terminará por mostrar, en una secuencia abiertamente traumática, las desazones pasadas que impulsan su marcha febril, constante y extenuada, en jadeo permanente. El resto del elenco la ve pasar fugazmente, sin mucho que hacer y/o decir, envuelto todo en un contexto exuberante, no por hueco menos detallado y agradable; el elemento fantasioso más digitalizado, plasmado principalmente en un ave prehistórica y un puñado de momias redivivas, luce correctamente, sin más arrojo que el que presenta. Y el epílogo, como no podía ser de otro modo, abre la puerta a lo que pueda llegar ─la taquilla dirá─. La verdad, no queremos que llegue nada. Queremos que vuelva Luc Besson, el cineasta que no sólo nos divertía, sino que también parecía divertirse con su trabajo.

Calificación:
4/10

En las imágenes: Fotogramas de “Adele y el misterio de la momia” © 2010 Europa Corp., Apipoulaï y TF1 Films Production. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.

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