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«Adele y el misterio de la momia»: La heredera de Isabelle Adjani

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«Adele y el misterio de la momia»: La heredera de Isabelle Adjani

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«Adele y el misterio de la momia» flaquea en su incapacidad para trazar situaciones novedosas y desarrollos argumentales con visos de originalidad. Louise Bourgoin es una más que digna aspirante al trono de Isabelle Adjani.

Desde las primeras películas de Georges Méliès (aplicando cierta manga ancha en cuanto a su adscripción al género) hasta las más recientes sagas de héroes de vida ajetreada, como las del ínclito Indiana Jones o el «momificado» Rick O’Connell, pasando por los grandes clásicos encarnados por Errol Flynn o Stewart Granger, la presencia de un toque humorístico en los filmes de acción y aventuras ha sido una constante ineludible —por otro lado comprensible desde un punto de vista del ritmo narrativo, ante la necesidad de pautar los crescendos con interludios de cierto relax con el gag, el chiste, el intervalo para la sonrisa—. ¿Y cuál es la dosis adecuada? ¿Hasta qué punto cabe introducir toques humorísticos sin incurrir en lo puramente paródico? Complicada cuestión, amigo lector; lo que sí le puedo asegurar es que en “Adele y el misterio de la momia”, el toque de humor impregna absolutamente todo el metraje, de manera que, más que un elemento episódico, se convierte en un aspecto que imprime el tono general al filme.

Circunstancia que, en cualquier caso, es básicamente cuantitativa (es decir, que hay mucho, muchísimo humor), pero que ni es indicativa de la calidad de la cinta ni implica juicio de valor alguno sobre ese mismo humor: junto a gags eficaces, y que inducen a la sonrisa franca y abierta, hay otros que, sinceramente, podían haber sido trabajados algo más por los guionistas (cuando no eliminados). De todos modos, estando como estamos ante una película de aventuras, a “Adele y el misterio de la momia” hay que juzgarla a tenor de tal condición. Y el juicio tampoco puede ser excesivamente benévolo: el último título de ese hombre-orquesta que es Luc Besson, sin ser un mal producto de corte comercial, tampoco alza el vuelo para sobresalir de entre la mediocridad que adorna la producción cinematográfica actual.

Resulta evidente que Besson, una marca en sí mismo, y hombre de desmedida ambición en el terreno cinematográfico, juega desde hace tiempo en ligas mayores, y su último trabajo ostenta un diseño de producción en el que, más allá de alardes infográficos imposibles de soslayar, se aprecian pocas privaciones: decorados fastuosos, exteriores no menos ricos y variados y un cuidado exquisito en la puesta en escena y sus aledaños. En ese terreno, es patente que poco margen hay para el reproche, y la recreación de época (primera década del pasado siglo XX) que se hace desde la dirección artística, es de gran nivel.

Pero, como no podía ser de otra manera, todo eso no deja de ser aditamento, envoltorio destinado a cubrir la almendra, el meollo de la película, que no es otro que la historia que cuenta y cómo la cuenta. Y en estos aspectos sustanciales, el filme de Besson flaquea en su incapacidad para trazar situaciones novedosas y desarrollos argumentales con visos de originalidad. No le excusa el hecho de tratarse de la adaptación de un cómic (y trabajar, por tanto, con un material narrativo ya conocido): hace años que el público de este tipo de cine rebajó, por imperativo de volumen, sus expectativas en cuanto a la capacidad innovadora en los argumentos (las historias no se agotan, pero cada vez hay más…); pero de ahí a no ofrecer una mínima brizna de algo que escape a la opresiva sensación de déjà vu, media cierto trecho que Besson y sus guionistas, obvia decirlo, no han recorrido para nuestro infortunio (como espectadores) y el suyo (como creadores).

Tampoco es el rubro interpretativo capítulo en el que los productores de la cinta hayan “quemado las naves”; aun cuando no quepa denostar, ni muchísimo menos, el desempeño del reparto —correcto, sin más—, este no está cuajado de nombres de relumbrón, de estrellas de gran proyección mediática. La que sí brilla, y no tanto por su prestigio previo o sus dotes interpretativas como por su impresionante belleza, es la protagonista Louise Bourgoin, una más que digna aspirante al trono de Isabelle Adjani, con la que no resulta exagerado compararla: su Adèle Blanc-Sec le permite exhibir, además de un humor cortante y permanente, todo un repertorio de trajes belle époque, destinados a realzar sus rasgos, serenos y afinados (lejos de las rotundidades morenas de la Bellucci o Penélope Cruz). Eso sí, brilla mucho más desprovista de traje alguno, en la tan traída y llevada escena de la bañera…

Sea como fuere, y más allá de los resultados en taquilla en su país de origen (donde se estrenó hace unos meses) como en el resto de lugares donde consiga distribución (bastantes, cabe esperar), “Adele y el misterio de la momia” tendrá continuación en sucesivas entregas (de la próxima, y su arranque en el Titanic, ya quedamos avisado con el final de esta). O sea, oportunidad tendrá de pulir las carencias apuntadas y dotar de más consistencia a su cuerpo “dramático-aventurero”. No sería mala cosa, no…

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Adele y el misterio de la momia” © 2010 Europa Corp., Apipoulaï y TF1 Films Production. Distribuida en España por TriPictures. Todos los derechos reservados.

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