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«Adiós a la reina»: La lectora sin palabras

Críticas

«Adiós a la reina»: La lectora sin palabras

«Adiós a la reina» tiene una puesta en escena teatral y una frialdad académica que genera un distanciamiento con los personajes. La interpretación de Diane Kruger es tan acartonada que parece un maniquí. Léa Seydoux, en cambio, está magnífica.

Estamos en vísperas de la Revolución Francesa, y María Antonieta vive inmersa en su mundo de caprichos mientras al pueblo le falta pan y asalta La Bastilla. En Versalles, Sidonie Laborde, la lectora de la reina, asiste perpleja a ese torbellino de emociones sin acertar a manifestar sus sentimientos. Es una joven sin pasado y quizá sin futuro, porque los amigos de la nobleza están llamados a la guillotina. En la corte es vox populi el amor obsesivo de la reina por Gabrielle, Duquesa de Polignac, y se respira también una inquietud creciente por los dramáticos acontecimientos, por lo que cada cual prepara su retirada. Sólo Sidonie permanece firme en su universo de ficción, confiada y leal a su reina, incrédula ante las habladurías y confusa en la zozobra de la tragedia.

«Adiós a la reina» (ver tráiler) es una nueva aproximación a los últimos días de María Antonieta, pero en ella ni la historia ni la lucha por el poder importan, como tampoco los sentimientos de una monarca inmadura o las aspiraciones de una nobleza aburguesada. A Benoît Jacquot sólo le interesa la mirada inocente de una muchacha del pueblo, huérfana y solitaria, que necesita creer y querer a alguien, que no está dispuesta a que le derriben su castillo de fantasía. Quien vaya a ver la película buscando una recreación histórica se llevará un chasco porque hay pocos acontecimientos revolucionarios. Quien espere un esteticismo y un barroquismo cortesano al estilo de la «María Antonieta» (2006) de Sofia Coppola también se sentirá defraudado, al igual que quien busque sentimiento y pasión amorosa en este frío escenario teatral. Aquí encontramos mucho parlamento puesto en boca de los sirvientes, pero poca información de lo que en realidad sucede; mucho esplendor en las localizaciones y en el vestuario, pero poca vida y emoción; muchas expectativas de que suceda algo, pero ninguna acción ni efecto dramático.

Lo único importante en esta adaptación de la novela de Chantal Thomas son los recuerdos de esta doncella, su candor juvenil y su voluntad de estar cerca de su reina, su desconcierto permanente y su sacrificio incondicionado. Realmente no conocemos sus sentimientos hacia María Antonieta ni la razón de ese conato pasional con el barquero, porque es un personaje silencioso y misterioso: nadie conoce su origen ni sus anhelos, y puede pasar por persona cultivada e incluso por noble. Su mirada es siempre ingenua y determinada, discreta y tierna, personal y anónima, y en ese mundo de paradojas y ambigüedades resulta magnífica la interpretación de Léa Seydoux. Ella es el verdadero eje de la historia, y no una reina a quien Diane Kruger da tan poca y acartonada vida que parece un maniquí. Apenas hay secundarios que tengan peso —Virgine Ledoyen tiene poco recorrido, por muy esencial que sea su personaje de Gabrielle—, quizá porque en Versalles todo es frívolo, hueco, tedioso, y sólo en Sidonie podemos encontrar autenticidad y humanidad.

La puesta en escena es primordialmente teatral, a pesar de los nerviosos movimientos de una cámara en mano y de unos barridos de factura moderna que desconciertan. No menor perplejidad suscita la música grave y distorsionada, que voluntariamente evita la empatía emocional y no despierta suspense, miedo ni aversión. Todo genera un distanciamiento de los personajes, una frialdad académica y una mirada externa de los hechos, y también cierta compasión hacia esta joven misteriosa que escuchaba mucho y hablaba poco, que como perro fiel estuvo dispuesta a jugarse la cabeza por su reina, para un día decirle adiós sin haber musitado una palabra de desaprobación.

Calificación: 6/10

Imágenes de “Adiós a la reina”, película distribuida en España por Karma Films © 2011 GMT Productions, Les Films du Lendemain y Morena Films. Todos los derechos reservados.

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