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«Adiós a la reina»: Puntadas de amor y sangre

Críticas

«Adiós a la reina»: Puntadas de amor y sangre

Una pequeña arqueta de apariencia lujosa en la que conviven nobles y sirvientes en el sucio y convulso final del siglo XVIII en Francia, ideal para rastreadores de secretos de palacio y amantes de las localizaciones costosas.

El escritor austriaco Stefan Zweig completó en 1932 la biografía definitiva sobre la vida, milagros y desgracias de la reina María Antonieta; sin embargo, las últimas adaptaciones cinematográficas en torno a la esposa de Luis XVI han preferido fijarse en visiones contemporáneas: Antonia Fraser en el caso de la “María Antonieta” (2006) de Sofia Coppola, y Chantal Thomas, autor de la novela “Adiós a la reina”, en el de Benoît Jacquot. Decía Zweig a propósito de la reina, en aquellas páginas que cartografiaban su dolor y sus placeres, que el mayor calvario para ella siempre fue la rápida variabilidad de las consideraciones que los demás, gente de palacio y plebeyos, le dedicaban. Jacquot pretende, alterando pequeños detalles del libro original, como la edad de la protagonista, que María Antonieta disfrute por una vez de un afecto honesto y estable, pasando de puntillas sobre el estallido de la Revolución de 1789 como por un empedrado húmedo.

Entre la turbulencia emocional de “Villa Amalia” (2009) y la suntuosidad estética de “Las alas de la paloma” (1981), ambas basadas en sendos referentes literarios, se hallaría el lugar de encuentro de los personajes de “Adiós a la reina”, que Jacquot maneja con más interés de titiritero a pequeña escala que como analista, en retrospectiva, de un hito de la Historia de su patria. La sucesión de los cuatro últimos días que la lectora Sidonie (Léa Seydoux) pasa junto a la reina (Diane Kruger) esquina los temblores revolucionarios, a pesar de traerlos a colación en momentos determinados, como contrapuntos de aparente mugre y crueldad en ese amor puro que Sidonie le profesa a su benefactora. La inestabilidad entre el fondo y el primer plano argumental se termina correspondiendo con los vaivenes de un enfoque casi documental y la exquisita mirada de salón, como si Jacquot no consiguiera decidirse entre el retrato íntimo y el contexto, entre la hondura y voluptuosidad de un Rohmer o la ligereza caprichosa de Coppola.

Del mismo modo que la popular serie de televisión “Downton Abbey” propone una quimérica convivencia pacífica, sembrada de lealtades incondicionales, entre sirvientes y señores de la casa, sospechosamente oportuna en estos tiempos de amenaza de disolución de las clases medias, “Adiós a la reina” suscribe una equívoca carta de amor de una joven ingenua hacia una mujer mucho más segura de sí misma, como un pájaro que besase todas las mañanas una estatua de mármol de los jardines de Versalles. La lección es demasiado dilatada, distraída por el vuelo de las moscas de los aristócratas en su jaula de oro y los siempre anónimos rebeldes. Hacían falta más telarañas en la peluca de esta nueva mirada a 1789, un bordado apenas manchado de sangre.

Calificación: 6/10

Imágenes de “Adiós a la reina”, película distribuida en España por Karma Films © 2011 GMT Productions, Les Films du Lendemain y Morena Films. Todos los derechos reservados.

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