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«Albert Nobbs»: Miserias vitales, grandezas interpretativas

Críticas

«Albert Nobbs»: Miserias vitales, grandezas interpretativas

«Albert Nobbs» es una película pasable, que sin ser brillante se deja ver y cuyas mayores virtudes se concentran en la interpretación de su protagonista Glenn Close. Rodrigo García retrata con vivacidad no estridente una realidad dura.

Ya lo dice el doctor Holloran —una composición magistral, una más, del sin par  Brendan Gleeson—, poco antes del cierre de la película, en su imprecación a una divinidad poco misericorde acerca de lo miserable de algunas existencias. Sin un trabajo gratificante y/o bien remunerado, sin una familia que te dé calor en los momentos duros, sin un amor que caliente un lecho siempre duro y frío; solo una gran mentira y una gran ilusión como bagaje único para afrontar una existencia difícil. Esa es la vida del personaje del título, «Albert Nobbs» (ver tráiler y escenas). Y su retrato es la última propuesta del cineasta Rodrigo García, una obra que se aleja de la estructura formal de historias cruzadas que han caracterizado su filmografía —«Cosas que diría con solo mirarla» (2000) y «Nueve vidas» (2005)—, pero que no carece de un punto de coralidad sobre el que se viene a llamar poco la atención, ante la condición axial del personaje de Nobbs.

Y es que ese Albert Nobbs que protagoniza la historia —y al que da vida una Glenn Close a la altura del reto interpretativo que marca un personaje de gran calado emocional, marcado por la circunstancia extrema de la ocultación de su real condición de género—, aunque sólo se libera en la soledad de su cuartucho, y en sus paseos hasta el local que sueña en convertir en la llave de salida de su pobre —en lo material y en lo afectivo— mundo, no se encuentra solo: él desarrolla su trabajo de camarero en un viejo hotel, rodeado de un numeroso grupo de sirvientes con los que mantiene una relación distante y educada, un grupo que configura un microcosmos que García retrata con vivacidad no estridente, sin recalcar las miserias más allá de lo estrictamente indispensable ni edulcorar una realidad de dureza evidente.

Con un ritmo narrativo pausado y un cuidado estético propio de una producción de época de cierto empaque —en sus apartados técnicos, las hechuras de «Albert Nobbs» muestran un elevado nivel—, la cinta nos muestra la condición de Nobbs —su personaje no deja de tener ecos, en su reserva y su retraimiento, del señor Stevens de Anthony Hopkins en «Lo que queda del día» (James Ivory, 1993)—, y narra su historia, una historia en la que cobran especial relieve dos personajes que le dan impulso: por un lado, Hubert Page (Janet McTeer), alguien con quien identificarse, abrir el corazón y tener por fin un referente de vida del que Nobbs carecía; y por otro, Helen (Mia Wasikowska), la bella y joven mujer en quien Nobbs pondrá, de una forma un tanto ingenua y poco razonada, sus esperanzas de cierta forma de amor.

Alrededor de ese triángulo, se tejen y destejen los vericuetos de una trama clara y directa, y con la cual el  espectador se acerca poco a poco, desde la empatía y la compasión, a la figura de un Nobbs que intuimos destinado a no alcanzar nunca esos sueños, a cuya consecución consagra esos ahorros que, cual Scrooge empecinado, cuenta y recuenta a diario en la soledad de su habitación. Una trama que, como su personaje central, cerrado y taciturno, no deslumbra, pero que tampoco aburre, para una cinta que, sin alcanzar altas cotas de brillantez, se deja ver con interés, más allá de las bondades del trabajo de su actriz protagonista.

Ese, muy probablemente, y si llega a cuajar la consecución del Oscar® al que se encuentra nominada Glenn Close —si es que a la sexta va la vencida—, será el motivo por el que pasará a la historia, con grandes letras, un título como este. Para la pequeña historia, la de las películas dignas y pasables, quedará el resto de sus virtudes, que sin ser excesivas, tampoco son escasas. Visionen y disfruten.

Calificación: 6/10


 

Imágenes de “Albert Nobbs”, película distribuida en España por Emon © 2011 Mockingbird Pictures, Parallel Film Productions y WestEnd Films. Todos los derechos reservados.

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