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«Albert Nobbs»: Superficialidad travestida

Críticas

«Albert Nobbs»: Superficialidad travestida

«Albert Nobbs» es un vehículo de lucimiento para Glenn Close en el que lo demás acaba relegado a un segundo plano. Una película tan correcta formalmente como superficial, en la que destacan las interpretaciones de McTeer y Wasikowska.

La larga relación de Glenn Close con el personaje de Albert Nobbs, creado por el escritor irlandés George Moore, se remonta a los años 80 en los que la actriz ya lo interpretaba en los escenarios de Off-Broadway. El hecho de que la actriz haya intentado durante años trasladar el proyecto al cine y de que finalmente lo haya hecho en calidad de —absoluta— protagonista, productora y guionista con la supervisión del escritor John Banville, habla a las claras de que es éste un empeño personal de Close antes que una película de Rodrigo García, antes incluso que una cinta con vocación de tomar el pulso a la época victoriana o ahondar en la incidencia de ésta sobre una identidad en conflicto.

«Albert Nobbs» (ver tráiler y escenas) es el prototipo de vehículo de lucimiento de su protagonista en el que todo lo demás acaba relegado a un segundo plano. Y pese a que la película se entrega prácticamente en cada plano a esa presencia extraña que marca la travestida Close, poco más se puede decir de ella más allá del desconcierto inicial de una caracterización que bien podría apelar a la época silente del cine. La actriz mantiene su rostro tan contenido y durante tanto tiempo como le es posible, pero la naturalidad de esa masculinidad de disfraz no le pertenece tanto a ella como a una reveladora Janet McTeer, cuyo personaje se significa como su homólogo, su contrapunto —la asunción de la identidad transgenérica, la normalidad cotidiana del amor homo— y también como aquel que evidencia sus carencias: McTeer señala el camino gestual de esa transformación y apuntala su credibilidad con una rica galería emocional; por contra, las relaciones buscadas de Albert Nobbs con la joven Helen —estupenda, solidísima Mia Wasikowska— y el bizarro triángulo amoroso completado con el personaje de Aaron Johnson —definido por una rebeldía y tormento de manual— se mueven invariablemente entre lo dramáticamente precipitado y lo sentimentalmente inverosímil.

De una corrección formal indiscutible y unos presupuestos de interés también indiscutible, la dirección minuciosa pero plana de Rodrigo García hace de «Albert Nobbs» una ocasión desaprovechada para ahondar en el género y la identidad, o si acaso un producto más próximo a cualquier título que hace del travestismo de su protagonista un reclamo para el Oscar® que a un discurso asentado en la línea de «Orlando» (1992), de Sally Potter. La ausencia de un Dublín contundente, de interiores densos como los de John Huston, o la palidez de cierto pasaje frente al recuerdo de la magnífica «Jezabel» (William Wyler, 1938), son otras muestras de la superficialidad dominante en una película que es un quiero y no puedo sintetizado en el rostro andrógino, constreñido de Glenn Close.

Calificación: 5/10


 

Imágenes de «Albert Nobbs», película distribuida en España por Emon © 2011 Mockingbird Pictures, Parallel Film Productions y WestEnd Films. Todos los derechos reservados.

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