“Algo pasa en Hollywood”: Pobrecito productor

Por Miguel A. Delgado | LaButaca.net | 14 diciembre 2009

Momentos con potencial vitriólico no le faltan, pero uno se va de la proyección de “Algo pasa en Hollywood” con la sensación de que no se ha hecho mucha sangre, y de que en verdad no se le sacan los colores a la industria.

No deja de ser curioso que, a pesar de que los productores son los que tienen la llave para que una película de Hollywood salga adelante o no, se trate del estamento de la industria cinematográfica que tiene peor prensa. Lo normal es encontrarse con historias de directores o guionistas que sufren por sacar adelante sus proyectos, enfrentándose a todos los que pretenden desvirtuar su obra artística para convertirla en algo que dé dinero. Y los malvados se esconden siempre en las jefaturas de los estudios y en los despachos de los productores.

Pues bien, quizá el principal aliciente de “Algo pasa en Hollywood” sea que, por una vez, vemos la misma historia desde el punto de vista del tradicional “malo”. Porque uno no puede evitar pensar que debe ser muy duro el día a día de un productor como el interpretado por Robert De Niro , que constantemente tiene que hacer frente a los caprichos de las grandes estrellas y a las reclamaciones de integridad artística de los directores reputados. Porque si el protagonista no oculta en ningún momento su único y manifiesto deseo de hacer dinero, el desprecio con el que se le enfrentan actores como Bruce Willis (una especie de versión caricaturizada de sí mismo) o el director inglés y enfant terrible Jeremy (Michael Wincott ) les reduce a poco menos que a unos niños consentidos, que pretenden permanecer puros en un mundo en el que todos, para sobrevivir, tienen que dejarse contaminar.

Ese es el punto fuerte, la aportación de “Algo pasa en Hollywood”. Pero, por lo demás, apenas encontramos novedades. De hecho, ni siquiera hay un verdadero punto álgido en la narración, por más que la proyección en Cannes tendría que ejercer como tal. Nos pasamos el día pegados a Robert De Niro, le seguimos de un lado a otro en coche, en sus jornadas maratonianas en las que se suceden los momentos de estrés, en las que lucha denodadamente por no perder el lugar de privilegio que le reserva la industria. Pero, más allá de los momentos de un Bruce Willis que saca petróleo de su autoparodia, van desfilando ante nosotros actores más que solventes (Catherine Keener , John Turturro , Stanley Tucci , Robin Wright Penn , Kristen Stewart o un casi anecdótico Sean Penn ) sin que nos llegue a importar excesivamente lo que allí sucede.

Y eso que los momentos con potencial vitriólico no faltan, como ese escándalo porque, en una película llena de violencia, el director haya tenido la ocurrencia de incluir el asesinato de un perro. Pero, a pesar de la crítica que supone el sagrado respeto que los estudios demuestran hacia los tests con público, el neurótico comportamiento de unos agentes que deben lidiar con estrellas que les pasan una abrumadora factura psicológica, o la imposibilidad de mantener una vida familiar medianamente sólida, uno se va de la proyección de “Algo pasa en Hollywood” con la sensación de que, en realidad, no se ha hecho demasiada sangre, y que ni siquiera la historia (basada en un libro escrito por el productor Art Linson , responsable también del guión) llega verdaderamente a sacar los colores a la industria. Al fin y al cabo, lo que viene a decirnos la película es que puede que los productores sean excéntricos, pero que peores son los que se escudan en la dignidad para montar numeritos mientras aceptan cheques de 20 millones de dólares por protagonizar una cinta sin ninguna pretensión artística. De hecho, algo me dice que ninguno de los ocupantes de despachos en Hollywood se habrá sentido especialmente ofendido por lo que aquí aparece.

Calificación: 6/10

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