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«Alicia en el País de las Maravillas»: Alicia en la Escuela de Negocios

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«Alicia en el País de las Maravillas»: Alicia en la Escuela de Negocios

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Tim Burton sigue vendiendo su imagen de talento visionario y desadaptado oficial con una versión de «Alicia en el País de las Maravillas» que proclama la inutilidad de la fantasía con un discurso rancio, conservador y disfrazado de épica.

Cierto que los creadores evolucionan y que su manera de ver el mundo no tiene por qué ser siempre la misma. Pero cuando se produce un cambio radical que parece invalidar lo que habían hecho antes, uno no puede evitar preguntarse: ¿es que de verdad ahora ven el mundo de manera diferente? ¿O es que siempre lo vieron así, pero antes lo disimulaban mejor?

Tim Burton es uno de los casos más (tristemente) representativos de ello. Porque lo que no puede sostenerse por más tiempo es que el que fuera director de aquella joya llamada «Ed Wood» (1994) (aún hoy la cumbre de su filmografía, un canto a los perdedores y a la potencia de la imaginación aun a costa de convertir a sus poseedores en parias con un pie en el patetismo y otro en la poesía), haya entrado en un discurso tan sumamente conservador, proclamador de la inutilidad de la fantasía y la necesidad de tener los pies en la tierra, como el imperante en su particular visión de «Alicia en el País de las Maravillas», una que tiene tanto que ver con el original de Lewis Carroll como la inane «Furia de titanes» (Louis Leterrier, 2010) con la mitología griega.

Se puede replicar que Burton es libre de tomar la iconografía de Alicia para hacer lo que quiera con ella. Cierto. Pero ello no impide considerar que ha laminado lo que hacía de aquel texto un hito casi solitario en la literatura (no sólo juvenil) ni comprobar cómo, llevado seguramente por su inoperancia y su pereza (más las de la guionista Linda Woolverton), Burton se ha limitado a transformarlo en una historia épica en las antípodas del artefacto creado por Carroll, desde luego más fácil de manejar y explotar ante las plateas. Al fin y al cabo, ¿qué problema hay en aprovecharse de lo descubierto por otros, por el Peter Jackson de la trilogía de «El señor de los Anillos» o el Andrew Adamson de la saga «Las crónicas de Narnia»? Tranquilos, ninguno: podemos saquearlo todo, pero seguimos teniendo bula. No en vano yo, Tim Burton, soy el desadaptado oficial, la máquina de hacer dinero de los grandes estudios, pero sigo disfrutando de la misma licencia de supuesto outsider que tan buenos réditos le da a otros, como a un tal Woody Allen.

Porque el problema no son la concesiones comerciales en sí: hace pocas semanas (y con el flaco favor que le ha hecho en nuestra cartelera el aluvión de mediocres títulos en 3D), «Cómo entrenar a tu dragón» (Dean DeBlois y Chris Sanders, 2010) demostró que se puede hacer cine más que digno sin apartarse ni un milímetro de las exigencias de los estudios. No, el daño de Burton va mucho más allá: porque si esta Alicia que se revela como un canto a los emprendedores capitalistas, aquellos que desdeñan dejarse llevar hasta las últimas consecuencias por la fantasía (discurso rancio donde los haya que ya explotara en «Big fish» [2003]), la única conclusión a la que podríamos llegar es que, hasta hace poco, nos estuvo mintiendo. Me resisto a creerlo.

Por lo demás, una producción de primera (aunque en algún momento «cante» demasiado su origen pixelado), actores en su lugar (empezando por una Mia Wasikowska que es capaz de responder al difícil reto de componer esta Alicia niña-mujer), creaciones imaginativas (la representación del gato de Cheshire es de lo mejor) y sí, un Johnny Depp que está bien… pero que empieza a encasillarse en una suerte de papeles de Jack Sparrow con o sin sombrero (suerte que «Enemigos públicos» [Michael Mann, 2009] nos demostró que, bajo el disfraz, sigue latiendo un actor de raza). Sí, todo previsiblemente bien… salvo la puñalada traicionera que Burton le asesta a Alicia y, por extensión, a los que aún seguimos creyendo en el papel de la fantasía. Querido Tim, la rutina de la realidad ya nos la asesina cada día; no hace falta que vengas a rematar la faena en los pocos ratos que podemos huir y escondernos en una sala oscura. Va a ser difícil que nos sigamos creyendo tu peinado y tus calcetines a rayas.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Escenas de «Alicia en el País de las Maravillas» – Copyright © 2009 Walt Disney Pictures, Roth Films, Team Todd y Zanuck Company. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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