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«Alicia en el País de las Maravillas»: Alicia y la locura encorsetada

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«Alicia en el País de las Maravillas»: Alicia y la locura encorsetada

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Tim Burton firma una adaptación encorsetada por las exigencias mainstream y una narrativa típica, exenta de la anarquía y el delirio de Carroll. Su «Alicia…» sigue escudándose, ante todo, en la estética burtoniana como principal baza.

En la apertura de «Alicia en el País de las Maravillas», enésima versión del díptico carrolliano aquí a cargo de Tim Burton, vemos a una Alicia que pasa de la edad original del personaje, en la que despierta de las pesadillas que presumiblemente le llevaron a ese subterráneo reino de locura, a una a punto de dar un paso crítico hacia la adultez, una desencantada joven de 19 años (Mia Wasikowska) que acude con su madre a lo que es, sin saberlo, su fiesta de compromiso con un estirado lord inglés. En el camino y durante la conversación en el carruaje, Alicia se jacta de haberse saltado las normas del buen vestir victoriano y de no llevar corsé.

Vaya por delante que el atrevimiento de Burton al revisar los textos de Lewis Carroll debería ser tanto o más plausible que la adaptación más fiel de los mismos. Ninguna obra adaptada debería exigir la fidelidad a la fuente como garante de la buena adaptación, y menos si remite a «Alicia en el País de las Maravillas» y/o a «A través del espejo». Reinventar a una Alicia que ahora viaja al País de las Maravillas como escape a su gris realidad ya casi adulta, como lugar que debe reafirmarle en su rebelión ante un futuro ya prescrito, no es tanto signo de un autor visionario (como a menudo se vende a Burton) como de una encomiable vuelta de tuerca que puede ofrecer nuevas y estimulantes lecturas sobre el original. Por ello resulta tan desalentador que esta Alicia sufra injustamente de aquello que repudia su personaje central en la escena descrita: de un encorsetamiento que vale para su guión esclavo de una narrativa típica, extirpada de toda la anarquía y la locura de, por ejemplo, la versión animada de 1951, componentes que debieran ser esenciales en toda mirada a una historia que, no olvidemos, encuentra su origen en un relato improvisado, el del reverendo Dodgson (alias Lewis Carroll) a la pequeña Alice Liddell; de un encorsetamiento mainstream que, lamentablemente parece diluir la huella del mejor Burton, aquel que desafiaba al gran público con películas tan esencialmente desconcertantes, maravillosamente desatadas como «Sleepy Hollow» (1999), o aquel que renegaba en la deliciosa chifladura «Mars attacks!» (1996) de las supuestas señas estéticas que iban a llevarle a su canonización.

Con «Alicia en el País de las Maravillas», será fácil seguir entronizando a Tim Burton como maestro de ese cine que conjuga cierto goticismo y oscuridad con una imaginería visual desbordante. Otra cosa será discernir en qué se sustenta esa lúgubre tendencia estética y hasta qué punto su creatividad aporta reinvenciones perdurables. En lo primero, el esteticismo burtoniano queda lejos de la solidez de sus primeros trabajos y se asemeja más a una mera excusa, perdiendo en el camino el desasosiego ciertamente respirado en las novelas y entendido a la perfección por Jan Svankmajer en «Neco z Alenky» (1988); en lo segundo, pocos serán los personajes de este País de las Maravillas que sustituyan visualmente a sus precedentes (pongamos por ejemplo a unos sosainas Tweedledee y Tweedledum), con el agravante de que aquí Burton se esfuerza por dotarles de una humanidad que sólo triunfa intermitentemente. Desde luego que la Alicia de Wasikowska resulta razonablemente creíble bajo su pálida belleza, mientras Johnny Depp sigue ensimismado en el bizarrismo endémico de los personajes que el director le regala; desde luego que hay aciertos visuales y los hay que, ciertamente, denotan el cariño del firmante por las obras de Carroll (ese ajedrez como campo de batalla, esas rosas que la Alicia niña pinta de rojo). Pero más allá de esos logros aislados que recuperan la eterna inspiración demandada a Burton, el conjunto queda evidentemente subyugado a una comercialidad, accesibilidad para todos los públicos que encorseta de forma fatal la locura, la angustia y el delirio de esta Alicia.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de «Alicia en el País de las Maravillas» – Copyright © 2009 Walt Disney Pictures, Roth Films, Team Todd y Zanuck Company. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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