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«Alicia en el País de las Maravillas»: Las 3D de una adolescente y de un visionario

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«Alicia en el País de las Maravillas»: Las 3D de una adolescente y de un visionario

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La Alicia de Tim Burton es excelente en su dimensión visual y artística, pero plana en sus personajes y en un guión que anula toda la carga crítica y sarcástica del original literario de Lewis Carroll.

Nadie mejor que Tim Burton para poner en imágenes el clásico de Lewis Carroll y revivir la infancia a su manera, para hacer volar la imaginación de una adolescente o bajar con ella al submundo de los sueños donde todo es posible. Además, en «Alicia en el País de las Maravillas» la tecnología de las tres dimensiones viene a incorporar al espectador en ese viaje de maduración, en el que las apariencias e ilusiones cobran cuerpo —según las gafas y las expectativas que se lleven—, hasta que la realidad se impone y coloca a cada uno en su sitio y tamaño. El director de «Charlie y la fábrica de chocolate» (2005) tiene una personalidad muy definida, que aquí vuelve a plasmar en imágenes de gran belleza visual, con personajes estrafalarios y únicos, con su inevitable toque gótico en la puesta en escena y el histrionismo en las interpretaciones.

El mundo de Alicia es el de una adolescente que «aún no es del todo Alicia», que necesita saber quién es realmente y coger las riendas de su vida para dibujar su propio destino… porque sus sueños son sólo suyos. En ese paso hacia la madurez y ante la difícil decisión de entregarse en matrimonio por razones de conveniencia, su vida transita por tres dimensiones o caminos entre los que ha de elegir: el de unos sueños imposibles que la asaltan desde niña y donde es la protagonista absoluta en un mundo de espejuelos que se modifican a su antojo; el de los recuerdos de un padre emprendedor que no pudo llevar a cabo audaces proyectos porque la muerte le visitó; y el de una realidad que está en su mano y en la que debe ser ella misma. Imaginación y memoria infantil que dejan paso a la libertad de la persona adulta, aunque antes nuestra heroína armada a lo Juana de Arco deba restituir la corona a la Reina Blanca, castigar a la sanguinaria Reina Roja y transformarse de niña a mujer siguiendo las leyes de la vida, como lo hace el gusano en mariposa.

Pero si Alicia vive su propia odisea existencial, Tim Burton también juega su baza de las tres dimensiones. Su trabajo se centra en una vistosa puesta en escena, llena de colorido o de grises marmóreos —según convenga al subvertir el orden del bien y el mal—. El director logra escenarios de gran belleza y preciosismo gracias a un cuidado diseño de producción, con un maquillaje y vestuario «maravillosos» que sin embargo ocultan el verdadero rostro de los personajes (como hacen los súbditos atemorizados por la Reina Roja). Pero esta dimensión visual y artística —sin duda, lo mejor—, se encuentra con un guión que se empantana en su tramo medio y que sólo cobra vida en una vistosa batalla final, uno que deja planos a los personajes —auténticos muñecos con poca vida— y anula toda la carga crítica y sarcástica del original literario respecto a la realidad socio-política del momento. Al final se queda en un envoltorio para una historia adolescente de poca hondura emotiva y escaso desarrollo de interesantes ideas, como el miedo que paraliza o el valor de las apariencias.

La tercera dimensión le queda un poco grande a Burton, y aún tiene mucho camino por recorrer y con más de un cuerpo de desventaja respecto a «Avatar» (James Cameron, 2009): las gafas nos permiten ver cómo los personajes adquieren volumetría pero también cómo se aíslan del entorno para parecer figuras yuxtapuestas sobre un fondo artificioso, mientras que efectos de humo, palos o insectos lanzados contra el espectador… impresionan leve y fugazmente porque son huecos y sólo algunos momentos como la caída por la madriguera o la mesa del té con el Sombrerero Loco están muy bien conseguidos. De las interpretaciones, hay que destacar la naturalidad de una sorprendente Mia Wasikowska y la simpáticas réplicas de Matt Lucas como los dos gemelos, mientras que Johnny Depp y Helena Bonham Carter continúan en su particular sobreactuación gestual —para regocijo de sus incondicionales—, a la que se suma Anne Hathaway con una afectación un tanto insufrible. De momento, habrá que esperar a que Alicia atraviese de nuevo el espejo de la espectacularidad para descubrir nuevos mundos, cuando sus negocios se hagan con el mercado asiático.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Alicia en el País de las Maravillas» – Copyright © 2009 Walt Disney Pictures, Roth Films, Team Todd y Zanuck Company. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados

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