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«Amador»: Metáforas cotidianas

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«Amador»: Metáforas cotidianas

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Un cuento pequeño con mensaje grande. «Amador» revela la pasión de Fernando León de Aranoa por la metáfora y supone su obra más arriesgada, en busca de una poética con algún momento memorable y otros que chirrían.

Con respecto a «Los lunes al sol» (2002), muy probablemente la mejor obra de Fernando León de Aranoa, la distancia que guarda «Amador», su último título, tiene que ver con el riesgo. El madrileño ya no aborda la tragicomedia coral y personal, sino que avanza hacia un cine que, aun con su inevitable trasfondo social —la inmigración es el tema aquí—, se reduce en caracteres realistas para mudarse en concisa fábula sobre la vida y la muerte sin abandonar lo cotidiano, lo mínimo. Esta es una película de apenas cuatro personajes, de apenas pretensiones y sorprendente más allá de donde alcanza su sinopsis argumental.

«Amador», bajo su aparente condición de relato diminuto, es posible que esconda el mensaje más grande de su autor: el derecho a un lugar en el mundo, las decisiones que configuran el destino del individuo aquí personalizadas en Marcela (Magaly Solier), inmigrante y cuidadora del titular y moribundo Amador (Celso Bugallo). El marco cotidiano, áspero, en el que se inscribe dicho relato —un viejo piso de Madrid en un mes de agosto sofocante—, se demuestra terreno sorprendentemente fértil para que León desarrolle un apasionado gusto por la metáfora que apuntala ese mensaje: nacimiento y muerte, flores que no huelen a flores y necesitan ambientador, flores que huelen aun después de muertas, sirenas que no son sirenas, puzles sin completar que significan el rompecabezas de una vida. Pudiera ser que el director de «Barrio» (1998) hubiera dejado a un lado el crudo realismo de un cine anterior para buscar una poética de lo cotidiano, nacida de los pequeños gestos y los silencios rotos por la programación de sobremesa. Y el atrevimiento se traduce en algún momento memorable —la negación de la muerte y el momento compartido frente al televisor—, pero también advierte, desde la evidencia y la reiteración —la insistencia de la metáfora floral—, del pulimento que aún requiere esa poética.

Magaly Solier, confirmada promesa latinoamericana y centro de la cinta, compone una interpretación ajustada a esos arriesgados propósitos líricos, basculante entre los límites de la exageración dramática y la tierna complicidad con Celso Bugallo, en última instancia espectro que preside la cinta. Lástima que, en conjunto, la consistencia de esta renovada escritura leoniana y la valentía del riesgo se vean comprometidos por conversaciones con una prostituta llenas de afán de trascendencia, o un diálogo con el cura (Manolo Solo) que busca la comedia fácil y sin mucho éxito.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Amador” – Copyright © 2010 Reposado y Mediapro. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

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