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«Animal kingdom»: La ley de la selva

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«Animal kingdom»: La ley de la selva

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«Animal kingdom» es un thriller convencional en su apariencia, pero poderoso e imprevisible en su esencia. El debut del australiano David Michôd es uno de los más interesantes de los últimos años.

Quizá la única simbología que se permita «Animal kingdom» está en sus poco estridentes títulos de crédito: una manada de leones apuntan al tratado sobre el poder y la supervivencia que vendrá a continuación, que nada tiene de tratado y todo tiene de película críptica, sorprendentemente enigmática bajo la menos trabada superficie y normalidad. El debut de David Michôd es uno de los más interesantes en años, ya no por su notable adscripción a unos temas ya recorridos por James Gray —la lealtad familiar, entre un bando de la ley y el otro—, que también, sino porque se revela como una casi inaprensible demostración del poder de la atonalidad.

No se trata únicamente de posición estética. Es más que eso, es una actitud y compromiso de Michôd con una narrativa deliberadamente desafecta con lo que cuentan sus imágenes, pero al tiempo capaz de conducir al espectador por una montaña rusa emocional. El riesgo que asume con esa postura es tal que la cinta puede llegar a identificarse con las entonaciones del telefilme trasnochado sin que uno sospeche de las miles de batallas que se libran en lo intrínseco, en lo esencial. Se trata de su disimulada sordidez, de lo primitivo y desamparado de sus personajes, carne de cañón en una guerra sucia en la que las presas se convierten en depredadores y estos devienen víctimas primeras de una violencia taciturna: toda brutalidad aquí es implícita, más allá de los puntuales estallidos que salpican la trama o de las abiertas mostraciones de varonilidad y testosterona por parte de los hermanos Cody.

Verdadera outsider desde bien dentro del thriller, «Animal kingdom» peligra en su propia excepción cuando su carácter imperturbable se traduce en pasajes que rayan el ritmo raquítico, moroso. Dichos desajustes, sin embargo, se ven sobradamente compensados con una última media hora imprevisible y arrolladora, exhibición de pulso en la que el personaje de Jacki Weaver —esa madre/abuela que encabeza con encanto doméstico una mafia matriarcal y que se revela única femme fatale— gana un protagonismo tardío en medio del desconcierto y la fatalidad, centro de esa animalidad encubierta que a la postre mejor define esta pequeña gran ópera prima.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Animal kingdom” – Copyright © 2010 Screen Australia, Porchlight Films, Film Victoria, Screen NSW, Fulcrum, Media Finance y Showtime Australia. Distribuida en España por Avalon. Todos los derechos reservados.

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