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«Año uno»: Calidad, ni eso…

Críticas

«Año uno»: Calidad, ni eso…

«Año uno» juega, a nivel temático, con la explotación cómica de la ucronía de su trama y está dominada por la presencia, casi permanente en pantalla, de dos actores de una vis cómica indudable como son Jack Black y Michael Cera.

Que el cine, en su vertiente comercial-industrial (mayoritaria), siempre cultivó con especial empeño el culto a la estrella como uno de sus atractivos cara al público, es algo ya bien sabido a estas alturas. Esas figuras de relumbrón fueron, en un principio, los intérpretes; al fin y al cabo, eran ellos los que aparecían en pantalla y los que, con su enorme atractivo físico, generaban expectaciones más allá de sus dotes técnicas. Pero el star-system no agotó todas las posibilidades de mitificación y, más tarde, fue la figura del director la que, con cierta impronta autoral, terminó descollando y generando seguimientos y banderines de enganche para un público necesitado de referentes identificativos. A día de hoy, el fenómeno aún no se ha detenido, y la figura que ahora se impone ya no es la del actor/actriz, director/directora o cualquier otro interventor en el proceso creativo cinematográfico: el que manda ahora es el hombre-orquesta, el hombre que, más allá de su papel específico (director, actor, productor, guionista, en ocasiones todo a la vez…), confiere un determinado marchamo a todo aquel producto sobre el cual posa sus manos y genera fidelidades que, una vez establecidas, otorgan una sólida base comercial a cualquier proyecto en el que se embarcan.

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Apatow. Judd Apatow. Ese es el nombre del que, ahora mismo, pasa por ser el hombre-comedia del star-system hollywoodiense, y bajo cuyo conjuro cualquier filme pasa a concitar una atención inusitada. Y ese es el caso del último estreno llegado a nuestras pantallas, “Año uno”, una comedia que reúne un puñado de nombres de primerísimo nivel en distintos apartados (en la dirección, un veterano de prestigio como Harold Ramis, y en el capítulo de intérpretes, dos protagonistas, Jack Black y Michael Cera, que juegan en la «división de honor» de este «deporte»), pero que, más allá de su innegable capacidad de atracción para el gran público, quedan ensombrecidos ante la presencia en los créditos del nuevo gurú de eso que algunos —si este ejercicio pasará a ser deporte olímpico, sobrarían competidores— han venido a llamar la Nueva Comedia Americana.

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Pero, más allá de las consideraciones precedentes, ¿reúne esta comedia méritos suficientes para despertar el interés de lo que se podría considerar su público natural? Este humilde escribiente considera que, más allá del núcleo de los muy fervientes seguidores de esta línea cómica (dispuestos a devorar cualquier plato de tal manjar, con independencia de lo mejor o peor cocinado que esté), muy probablemente no. Porque «Año uno», que juega, a nivel temático, con la explotación cómica de la ucronía de su trama (situando a su pareja protagonista en una sucesión más o menos ordenada de contextos históricos, con su consiguiente «desubicación» y los equívocos a los que esta da lugar), también explota, de manera inmisericorde, la presencia casi permanente en pantalla de dos actores de una vis cómica indudable como son Jack Black (haciendo de Jack Black, es decir, histriónico, bruto, impulsivo, vociferante, rijoso) y Michael Cera (haciendo de ese Michael Cera que sorprendiera con su lánguido papel en «Juno», o sea, tierno, pánfilo, inocente, enamoradizo, tranquilo).

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Sin embargo, dejando a un lado estas explotaciones, «Año uno» no pasa de ser una comedieta blandita, en la que la pretendida voluntad transgresora (uno de los elementos identificativos, parece ser, del cine made in Apatow) se ciñe al elemento caca-culo-pedo-pis (es decir, la corriente escatológica, aún así sin demasiados excesos) y a la presentación continua de equívocos erótico-festivos, que insisten machaconamente en la dualidad de carácter de los personajes antes apuntada, y a cuyo lado el cine de los Ozores, o las películas de Pajares y Esteso, podrían pasar, en ocasiones, por productos cinéfilos de altura. En ese contexto, el elemento histórico-religioso llamado a dar, desde su presencia en la historia, buen pábulo para otras alternativas humorísticas —a la vista de algunas escenas, uno no puede dejar de recordar, con lagrimones en los ojos, esa obra maestra que, bajo el título de «La vida de Brian», manufacturaron los Monty Python en 1979, no pasa de ser un mero escenario de fondo absolutamente desaprovechado, y que apenas da de sí para algún gag bastante desangelado.

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En suma, nos hallamos ante una comedia, que, dado el peso de sus reclamos (y su no menos «pesado» respaldo publicitario), generará, casi con total seguridad, una expectación más que respetable que, en mi humilde opinión, no está a la altura de tales expectativas. En todo caso, será su funcionamiento en taquilla el que determine posibles continuidades, y, desde ese punto de vista, nada extraño resultaría encontrarnos, de aquí a algunos meses, con un «Año dos». Y un «Año tres». Y, ¿quién sabe cuántos años más? Hasta que la Nueva Comedia Americana se torne vieja. Más o menos…

Calificación: 4/10

En las imágenes: Fotogramas «Año uno» – Copyright © 2009 Columbia Pictures, Ocean Pictures y Apatow Company. Fotos por Suzanne Hanover. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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