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«Anvil: El sueño de una banda de rock». La ternura heavy

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«Anvil: El sueño de una banda de rock». La ternura heavy

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«Anvil: El sueño de una banda de rock» es un documental extraordinario, profundamente emocionante y humano hasta el punto de que su historia trasciende el ámbito de los fans del metal para ser un relato de validez universal.

Afortunadamente, el marketing aún no puede controlarlo todo. Y así, cuando un grupo decide que un cineasta le acompañe para dejar testimonio del proceso de grabación de un disco que busca devolverle a primera línea, pensando que del trabajo va a salir un documento publicitario que refuerce la campaña de lanzamiento, puede quedar resquicio para la sorpresa. Algo así ocurrió cuando Metallica contrató a Joe Berlinger y Bruce Sinofsky para que rodaran la grabación de «St. Anger», el disco que les devolvería a los escenarios después de cinco años sin registrar canciones originales. El resultado ocupa ya, por méritos propios, un lugar en la historia de las cintas que destapan los entresijos de lo que oculta el brillo mediático, y así «Metallica: Some kind of monster» (2004) dejó constancia de cómo todo estuvo a punto de irse al garete por el choque entre egos, personalidades y tensiones creativas. Salvando las distancias, algo parecido sucedió con el libro original en el que se basa la cinta de ficción «Acción civil» (Steven Zaillian, 1998), en el que Jonathan Harr escribía lo que debía haber sido un caso que lanzara al estrellato mediático a un ambicioso abogado, y que en su lugar sirvió para documentar el fracaso y hundimiento de la carrera del letrado interpretado en el cine por John Travolta.

Frente a estos casos, los dos componentes originales de Anvil, la banda canadiense de heavy que rozó el cielo en 1984 al actuar en el mítico macroconcierto de Japón junto a Scorpions o Motörhead, y que popularizó el tema Metal on metal antes de desaparecer sin que nadie supiera por qué no llegaron a vender los millones de discos que aquellos sí consiguieran, cuentan de antemano con la simpatía que despiertan los perdedores. Pero sería tremendamente injusto reducir a la crónica del fracaso los méritos de «Anvil: El sueño de una banda de rock», extraordinario documental que sólo ha logrado ocupar un ridículo e ínfimo sitio en nuestra cartelera aprovechando la sequía producida por el mundial futbolero. Porque en el intento de estos ya cincuentones por conseguir lo que una y otra vez les ha sido negado, por hacer realidad su sueño de adolescencia, por volver a sentir lo que es tocar ante miles de personas mientras pagan las facturas como pueden haciendo trabajos rutinarios que no les llenan, hay algo profundamente emocionante, tremendamente humano, hasta el punto de que su historia trasciende el reducido ámbito de los fans del metal para convertirse en un relato de validez universal.

Y así, cuando se enciendan las luces de la sala, tendremos la sensación de haber compartido muchas cosas con el excéntrico pero tremendamente carismático Lips, el más sosegado y reflexivo Robb, y habremos visto confirmado lo que siempre sospechamos: que detrás del espectáculo de muchos de estos aparentemente diabólicos dioses del rock no se esconde más que la versión disimulada del adolescente que sólo necesita unas baquetas y unas cuerdas para sentir que se va a comer el mundo. Luego, y eso ya lo sabemos todos, es el mundo el que viene y te come, salvo a unos pocos que ganan y consiguen una tregua que les permite, incluso, abdicar de su ilusión juvenil. Los chicos de Anvil son diferentes porque, en realidad, no tienen nada de especial: sólo unas inmensas ganas de sentirse vivos, que el director de la cinta y antiguo fan de la banda, Sacha Gervasi, consigue envasar en la escasa hora y veinte minutos que dura el documental. Y si esto es no ficción, hay que reconocer que pocas veces la realidad ha podido ofrecer un relato más absorbente, emocionante e inolvidable. Por todo ello, ¡larga vida a Anvil!

Calificación: 9/10

En las imágenes: Escenas de “Anvil: El sueño de una banda de rock” – Copyright © 2008 Little Dean’s Yard y Ahimsa Films. Distribuida en España por Avalon Productions. Todos los derechos reservados.

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