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«Anvil: El sueño de una banda de rock». Metal entrañable

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«Anvil: El sueño de una banda de rock». Metal entrañable

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Sacha Gervasi entiende que mostrar las humillaciones de sus héroes es el primer paso para rendirles merecido tributo. «Anvil: El sueño de una banda de rock» es un documental entrañable, sintetizador de un sentimiento de amor incondicional al arte.

«Anvil: El sueño de una banda de rock» empieza por recapitular los tiempos mejores de la banda canadiense Anvil, allá por 1984, cuando compartían el escenario del festival Super Rock en Japón con Scorpions y Bon Jovi. El himno Metal on metal suena atronador mientras las imágenes derraman contundencia heavy y los títulos anuncian que los grupos participantes del festival venderían millones de discos en todo el mundo… excepto uno. Anvil recibiría el reconocimiento de sus coetáneos y de sus herederos (numerosos músicos, productores y artistas con Slash a la cabeza lo constatan ante la cámara), pero sus componentes se verían condenados, tras los quince minutos de gloria, a una incansable carrera forjada a base de penurias en ruta, gradas semivacías y discográficas con las puertas cerradas.

Es inevitable la referencia: «This is Spinal Tap» (Rob Reiner, 1984) curó de humildad a un género musical que se tomaba demasiado en serio a sí mismo, y lo hizo consolidando las bases de un mockumentary que a su vez azotaba, desde el inspiradísimo tándem Christopher Guest-Rob Reiner, los rígidos axiomas del documental. Algo tan precioso como esa esencia Spinal Tap luce plena vigencia en «Anvil: El sueño de una banda de rock». Sacha Gervasi entiende que mostrar las humillaciones de sus héroes, las inseguridades de backstage o las peleas en un andén de la Estación del Norte de Valencia es el primer paso para rendirles merecido tributo. Las felices coincidencias o las referencias semi-conscientes hacen el resto: el mismo nombre del batería, Robb Reiner, y la balsámica secuencia en Stonehenge, que invoca el hilarante pasaje de «This is Spinal Tap» en el que dos enanos a punto estaban de aplastar una réplica en miniatura del monumento milenario (reverso magnífico de una anécdota de Black Sabbath).

Antes, el espíritu que impera es el del fan irredento. Está explícito en la firma, la fotografía tras los créditos de un jovencísimo Sacha Gervasi junto al cantante Steve ‘Lips’ Kudlow en 1985. Pero sobre todo, está entendido en la escena en que uno de los mayores seguidores de Anvil le ofrece empleo a un Lips que busca dinero para financiar la producción del nuevo disco de la banda. El gesto es como mínimo hermoso, perfectamente equiparable al que significa este documental entrañable, sintetizador nada pretencioso aunque dramáticamente excedido de un sentimiento de amor incondicional, de entrega al arte. Resulta muy difícil no dejarse seducir por el diálogo fraternal entre Reiner y Lips tras su discusión, o reafirmarse como espectador entre la compasión y la carcajada en el concierto de Múnich ante cinco personas. Señales que apuntan a una película puramente emocional, de una sinceridad desarmante.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Anvil: El sueño de una banda de rock” – Copyright © 2008 Little Dean’s Yard y Ahimsa Films. Distribuida en España por Avalon Productions. Todos los derechos reservados.

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