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«Aritmética emocional»: Más pequeña de lo que debía

Críticas

«Aritmética emocional»: Más pequeña de lo que debía

El tristemente amplio catálogo de horrores de la Segunda Guerra Mundial continúa inspirando producciones cinematográficas. En esta ocasión, llega a nuestras pantallas una historia que bebe más de las consecuencias individuales de uno de los derivados del conflicto —las penurias de los recluidos en campos de concentración— que de los fragores del campo de batalla, lo que no hace la propuesta menos amarga y hondamente terrible.

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Drancy, a las afueras de París, era un espacio de tránsito que servía de encierro temporal antes del traslado de los presos judíos a destinos tan tenebrosos como Auschtwitz. En 1942, dos niños, Melanie y Christopher, son acogidos por el bondadoso Jakob Bronski, que les protege durante su estancia en el tétrico lugar. Cuarenta años más tarde, los tres vuelven a reencontrarse en la casa de ella, ya una mujer madura casada con un profesor universitario jubilado, David, retirada la pareja en una plácida granja en Quebec; forzosamente, pasado y presente chocarán de manera irremediable durante la reunión. Perdón, culpa, redención, amor, respeto… “Aritmética emocional” juega con conceptos complejos, profundos y descarnadamente dramáticos, una trama constantemente tensa que encuentra en los nombres que conforman el equipo principal sus mayores aciertos y errores; la traba fundamental, la elección del realizador, Paolo Barzman, incapaz de sustentar con solidez los pilares sobre los que asentar la narración, constantemente dubitativa y débil, pese a lo ajustado —afortunadamente— de un metraje que no sobrepasa los cien minutos.

Sin embargo, el cineasta cuenta a su favor con un elenco descomunal, capaz de despertar la emoción del espectador ante un despliegue interpretativo realmente espectacular. Susan Sarandon compone un papel emotivo, inteligente y plagado de matices, que consigue aportar a su hermosa madurez un toque infantil que dota a su relación con el gigantesco —en todos los sentidos— Max von Sydow de una ternura sorprendentemente natural y cercana, conmovedora; junto a ellos, Christopher Plummer reviste de un cáustico cinismo todos y cada uno de sus diálogos, en un rol poderoso que no oculta el abandono vital y el hastío al que se ha autocondenado en una existencia que no puede —ni pretende— evitar amargar en buena medida a los que le rodean. Gabriel Byrne cumple a la hora de proyectar en su rol un tinte aniñado, el de alguien que busca en su otoño recuperar el amor forzosamente perdido en su infancia, mientras que Roy Dupuis se mantiene al margen de tamaño cuarteto, en un papel secundario pero fundamental, representante del espíritu de la celebración.

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Encarar la vida asimilando y superando el dolor pasado, absorbiendo una experiencia trágica imposible de olvidar, esa es la cuestión fundamental que trata de presentar el film. Sacrificar el afecto que merecen los que más se preocupan por nosotros en aras de una obsesión pretérita, que marcará por siempre el devenir de los pasos que demos; a medida que se acerca la cena, marco de una anticipadísima e hipotéticamente agria conclusión presentada mediante abundantes planos de la mesa ornada y vacía, la casa y el embriagador paisaje que la rodea emergen con cada vez más fuerza, convertidos en un personaje más, encuadrando a los participantes y simbolizando, de una manera innegablemente simplona, un crepúsculo global que arropa a los concurrentes, abocados a un desenlace un tanto evidente. De pronto, sin que sepamos muy bien cómo, la tragedia torna en un amable cuadro cuasi costumbrista, un cambio de talante que afecta a cuantos pululan por la pantalla y que despista un tanto por lo brusco y acelerado del giro que acontece ante nuestros ojos, una inversión que, curiosamente, marca el final de la proyección dejando un recuerdo ambiguo pero definitivamente fallido de lo que pudo haber sido y no fue, de lo que, pese a su independencia comercial, queda como una propuesta considerablemente más pequeña, por sus méritos, de lo que a todas luces debiera haber conseguido ser.

Calificación: 6/10.

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  • Rueda de prensa en Madrid, cobertura por José Arce
  • Perfil de Susan Sarandon, por Almudena Muñoz Pérez
  • Perfil de Max von Sydow, por Almudena Muñoz Pérez
  • Perfil de Christopher Plummer, por Almudena Muñoz Pérez
  • Tráiler en español de “Aritmética emocional”
  • Post de preestreno, primer avance del film
  • En las imágenes: Escenas de «Aritmética emocional» – Copyright © 2007 Triptych Media y BBR Productions. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

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