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«Aritmética emocional»: Recordar y olvidar para sobrevivir

Críticas

«Aritmética emocional»: Recordar y olvidar para sobrevivir

Muchas veces se ha dicho que para obtener una buena película basta una historia interesante y unos actores que le den credibilidad y que conecten con el espectador. Si esto fuera así de sencillo, «Aritmética emocional» sería una gran película y no repararíamos en elogios, porque el reencuentro de tres supervivientes de los campos de concentración nazis y las interpretaciones de sus protagonistas son elementos de primer orden. Sin embargo, una puesta en escena enfática y un tratamiento excesivo de los sentimientos hacen que se quede en simplemente correcta, y unos ingredientes preciosos queden desperdiciados. El debutante Paolo Barzman bucea en el pasado para curar heridas sangrantes y dar una segunda oportunidad a sus personajes, para cuestionarse si los recuerdos son tan importantes como la vida o si no será preferible olvidar y perdonar, para recoger el derecho de los vivos y dejar en paz a los muertos.

En esta nueva aproximación al Holocausto judío, la historia trae al anciano Jakob a una granja canadiense invitado por Melanie, tras haber pasado las últimas décadas en un gulag soviético. La sorpresa es que con él viene Christopher, el otro niño que salvó su vida —junto a la pequeña Melanie— en el campo de concentración de Drancy, a las afueras de París, gracias a la intervención de Jakob. No han sido años fáciles para nadie, y el sufrimiento por la inestabilidad psíquica y vital de unos no ha sido menor que el de la falta de libertad y las torturas del anciano. Su reencuentro amenaza con la tormenta emocional en unas vidas desequilibradas, entre recuerdos, silencios y obsesiones que les han minando por dentro y que no les dejan vivir, ni a ellos ni a sus familiares.

Desde los primeros planos, el tono nostálgico y sentimental queda patente con una cámara que mima a unos personajes que adoptan una pose contemplativa ante lo que ha sido su vida. Abundan los elementos metafóricos (un botón guardado celosamente, un cielo amenazante, un molino de viento, un espejo…) y también los flashback que nos llevan a 1942 cuando dos niños sufrían las injusticias de la intolerancia nazi. La partitura de Normand Corbeil ahonda en la misma fibra elegíaca y sentimental, la cámara prefiere los primeros planos de los rostros, y la fotografía recorta y destaca a los personajes en un entorno sin profundidad de campo y colores saturados para el presente, y en un blanco y negro con fondos borrosos para el pasado. Son los recursos elegidos para contar los dramas interiores de tres personas a las que el dolor físico, psíquico y emocional les ha acompañado y transformado. El problema es la falta de medida a la hora de construir esos espíritus atormentados, con algunos diálogos explicativos que parecen querer completar la historia para el espectador a la vez que sus personajes recuerdan, y con algunas imágenes que pecan de pretenciosidad, como en la doble despedida de Melanie y Christopher —de niños y adultos— con una alternancia de planos excesiva y dirigida directamente al corazón.

La historia es interesante porque saca a la palestra el difícil equilibrio entre la necesidad personal de olvidar los agravios, y la también necesaria recuperación de la memoria histórica que los testigos directos pueden aportar a la Humanidad. No es menor la importancia de abandonar el victivismo que puede llegar a enturbiar el clima de convivencia y que olvida el sufrimiento de quienes indirectamente también lo padecen, o el tópico de conciliar la existencia de Dios y la presencia del mal en el mundo sin reducirlo a una realidad subjetiva. Sin embargo, ni los temas alcanzan profundidad ni los sentimientos brotan con naturalidad, aunque ciertamente hay escenas logradas en su emotividad, como la borrascosa cena al aire libre. Otros planos surrealistas, con Jakob como poeta que revive su pasado con los niños, conservan su carácter enigmático y evocador, pero no sacan a los personajes de su ensimismamiento, y al espectador no acaban por arrastrarle hacia un final que, cuando llega, ha perdido toda su fuerza.

Como decíamos, las magníficas interpretaciones de los actores lo son todo en la película, y sus gestos y reacciones hacer verosímil lo increíble. No queda claro en el guión el pasado de desequilibrio y sufrimiento de unos y otros, ni la atracción entre Melanie y Christopher. Sin embargo, todo ello se va componiendo gracias a una Susan Sarandon que trasmite toda la inestabilidad, ansiedad y necesidad de afecto de su personaje sólo con unos expresivos movimientos de ojos o con unos desplazamientos ligeros y nerviosos. Por su parte, Max von Sydow dota a su personaje del aplomo de la madurez, y su mirada trasmite la sabiduría y grandeza del heroico superviviente, mientras que Christopher Plummer da buena réplica como marido receloso y cínico al que le resulta difícil una palabra de cariño hacia su esposa. Más apagado está Gabriel Byrne en su papel de irlandés que vive entre el agradecimiento y el desgarro interior, en un personaje peor definido y ambiguo en el guión. Por último, las figuras del hijo y nieto de Melanie-David sólo completan la familia herida por la locura nazi, y muy bien podrían haberse ido de excursión por los hermosos parajes canadienses recogidos por la cámara.

En definitiva, nos encontramos ante una historia nostálgica de “muertos en vida” que necesitan una reparación sentimental, con algunos excesos en la puesta en escena que busca la emoción artificial por la vía fácil, como si ésta tuviera que surgir aritméticamente por la suma de sus elementos. Sin embargo, con todas sus deficiencias, la cinta —de tempo lento y silencios rellenados por la banda sonora— gustará a quienes sean aficionados a las películas de personajes o fans de algunos de sus magníficos intérpretes, y también a quienes prefieran el cine intimista que busca sentimientos en los recuerdos o en la triste historia del siglo pasado.

Calificación: 6/10.

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  • Tráiler en español de “Aritmética emocional”
  • Post de preestreno, primer avance del film
  • En las imágenes: Escenas de “Aritmética emocional” – Copyright © 2007 Triptych Media y BBR Productions. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

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