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«Arrástrame al infierno»: La morriña de Sam Raimi

Críticas

«Arrástrame al infierno»: La morriña de Sam Raimi

Los años no pasan en balde, y aunque Sam Raimi pretenda volver la vista atrás con esta nueva propuesta no puede esconder su falta de espontaneidad ni evitar hundirse en lo peor de la añorada década del fantaterror ochentero. 

Han pasado casi tres décadas desde que Sam Raimi llegara a los corazones de los aficionados de manera definitiva ─contaba ya con un puñado de cortos más que estimables a sus espaldas─ con “Posesión infernal”, clásico absoluto del género a punto de regresar de su propia mano dentro de no demasiado. Treinta años, se dice pronto, que le han mostrado como un verdadero profesional del cine, capaz de sobrevivir en un entorno competitivo sin renunciar totalmente al espíritu fundacional de su obra, tan elaborada como divertida, gruesa cuando ha de serlo, solícita con las demandas de las masas en su justa medida, funcional en momentos de necesidad. Así que no se le puede reprochar en modo alguno que se tome un respiro y dispare al palco esta broma que ahora llega a nuestra cartelera. Por floja que sea la propuesta.

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Christine (Alison Lohman) trabaja en una sucursal bancaria con la vista puesta en el ascenso al puesto de subdirectora. Cuando llega la oportunidad, decide aprovecharla, aunque suponga denegar la ampliación de su crédito a una pobre y desvalida anciana (Lorna Raver). Al menos, a priori, porque su venganza será terrible… “Arrástrame al infierno” enarbola un espíritu rebelde y juvenil de principio a fin, presidido por una mala leche más que tangible a lo largo de un discurso que nos recuerda que el que la hace, la paga, máxime según las directrices del fantástico, tan proclive a invocar espíritus primigenios y rendir culto a deidades de toda clase, en esta ocasión la Lamia, mito extraído de los más arcanos recuerdos del paganismo indio y lituano. Pero todo resulta exagerado, facilón, inocentemente tramposo ─los acontecimientos se anticipan a sí mismos durante todo el metraje─… acartonado, poco espontáneo, en definitiva.

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Así, desde el mismo inicio de la ligera narración la sucesión de gags terroríficos es constante, un aluvión de crujidos, crepitares, sombras amenazantes y susurros pavorosos, mayormente acompañados de un descacharrante aluvión de fluidos, sanguinolencias y amputaciones varias enlazadas con agilidad, sin duda, pero sin ningún tipo de voluntad por parte de los firmantes del guión, Sam e Ivan Raimi. Y es que el cineasta parece haber abandonado en cierto punto la pasión que caracterizó sus trabajos primeros para ceder a la monstruosa mecanicidad de la rueda hollywoodiense, más tendente a exprimir bolsillos teen que a satisfacer las ansias de divertimento de un palco por otra parte no demasiado exigente. Todo se abraza aquí, desde los recuerdos de Tourneur a la fogosidad titubeante de Kevin Tenney, por poner un ejemplo absolutamente 80´s, sin abandonar los efluvios de la saga protagonizada por Ash, el inmortal Bruce Campbell, especialmente en su tramo final. Todo cabe en esencia, pero casi todo sobra en la materialización de la búsqueda del espíritu de aquella década maravillosa ─y también obligadamente terrible, por volumen─ para el horror en pantalla grande.

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La corrección de Lohman se descompensa con la sosería inevitable de su pareja en la ficción, el irremediable Justin Long, y en la inverosimilitud de un reparto alarmantemente flojo que tampoco encuentra muchas posibilidades en una historia previsible y tontorrona, envuelta hasta la exasperación en una banda sonora rayana en lo insoportable por el exageradísimo volumen con el que se busca potenciar la labor de Christopher Young, por un lado, y del departamento de sonido encargado de pretender hacernos saltar de la butaca cada cinco minutos, por otro. Así pues, la demostración ─una más─ de que el triunfo en la industria yanqui garantiza cierta permisividad desde los despachos de las majors, a la espera de que el realizador de turno vuelva por sus fueros y reviente las taquillas en los proyectos que están por venir; en el caso que nos ocupa, cierto trepamuros de rentabilidad garantizada. Tócala otra vez, Sam.

Calificación:
5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Arrástrame al infierno” © 2009 Ghost House Pictures y Universal Pictures. Fotos por Melissa Moseley. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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