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«Arrástrame al infierno»: Sam Raimi ni se despeina

Críticas

«Arrástrame al infierno»: Sam Raimi ni se despeina

«Arrástrame al infierno» no aporta ningún elemento novedoso, ni en lo visual ni en lo temático. Y eso que estamos ante un filme avalado por una firma del prestigio de la de Sam Raimi, de la que siempre se espera cierta impronta personal.

A lo largo de su ya extensa trayectoria, Sam Raimi ha acreditado sus dotes para manejarse con eficacia en géneros diversos, desde el suspense a la aventura. Pero el «género Raimi» por excelencia, aquel en que su condición de cineasta reputado avanza un paso más allá para alcanzar la consideración de autor de culto, es el del cine de terror, género en el que se ha prodigado con asiduidad desde su celebrado debut con “Posesión infernal” en 1981. Raimi vuelve a ese su rubro predilecto, pero no es nada aventurado estimar que “Arrástrame al infierno” no será su última entrega, en su condición de título llamado a ser otra gloria señera de su historial cinematográfico.

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Y no lo será porque, más allá de su corrección formal —estimada sobre la base de los cánones visuales del género, en su vertiente «cine demoníaco»— y su relativo interés argumental —su trama se mueve en los márgenes acotados por las convenciones al respecto, de los que difícilmente gustan de moverse los acólitos de este tipo de productos—, «Arrástrame al infierno» no viene a aportar ningún elemento verdaderamente novedoso ni en lo visual ni en lo temático. Y eso, que en un producto avalado por la firma de algún director «menor» dedicado a su «nicho de mercado» no llega siquiera a ser un pecadillo venial, constituye un serio problema cuando estamos ante un filme saludado como la vuelta al género de Raimi, del que siempre se espera cierta impronta personal y algún elemento distintivo que haga sobresalir a su película de entre la mediocridad general de la producción del ramo.

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Desconozco si Raimi lo ha pretendido y, en caso de pretenderlo, si lo ha intentado. Pero si la respuesta a ambos interrogantes es afirmativa, sí que se puede afirmar de manera rotunda que no lo ha conseguido: «Arrástrame al infierno» no deja de ser la enésima producción de terror centrada en las figuras demoníacas —personajes de jugoso juego en pantalla, desde Tourneur hasta Polanski sin contar la interminable pléyade de artesanos especializados— y que, como tal, explota (eso sí, con cierta contención de agradecer) los elementos (sonoros, fotográficos, ambientales) con que siempre ha sido revestido, sin que lo trillado de su argumento y lo plano de sus personajes «humanos» (correcto su elenco de actores, con especial atención hacia su protagonista, una Alison Lohman con un atractivo físico por encima de las dotes interpretativas a las que el papel le obliga) ayuden en lo más mínimo a elevar el tono general del «invento».

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Para los «glotones» del terror de impacto (ruido, golpes y retruécanos truculentos en el desarrollo de la acción), esta puede ser una propuesta pasable y que, como tal, puede satisfacer su insaciable apetito. Pero para aquellos que, congregados al calor de un nombre mítico, de referencia en el género, esperen encontrarse con algo más, puede que la decepción sea considerable. Una pena.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de «Arrástrame al infierno» – Copyright © 2009 Universal Pictures y Ghost House Pictures. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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