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«Arropiero, el vagabundo de la muerte»: Un atisbo del horror

Críticas

«Arropiero, el vagabundo de la muerte»: Un atisbo del horror

Quizá sea porque en España no existe una industria del espectáculo como la hollywoodiense por lo que historias tan potentes como la narrada en «Arropiero, el vagagundo de la muerte» no han merecido la atención que se merecen. Porque hay que reconocer que la vida de Manuel Delgado Villegas ‘el Arropiero’, reconocido como el mayor asesino en serie de nuestra historia, habría merecido mejor suerte que la de este voluntarioso documental que, sin embargo, sólo parece arañar la superficie de un personaje tan complejo, simple, morboso, fascinante y repulsivo a la vez.

Sin embargo, no sería justo negar el mérito de Carles Balagué al poner el foco sobre un suceso olvidado de nuestra historia criminal. Un suceso que, además, y como no podía ser de otra forma, sirve de espejo para reflejar una sociedad y momento concretos: la España de los últimos años del franquismo y primeros de la democracia. Como ya demostrara David Fincher en su magistral “Zodiac”, la tan denostada crónica de sucesos puede albergar más información sobre su contexto que sesudos volúmenes firmados por historiadores. Que ‘el Arropiero’ terminase sus días en una especie de limbo jurídico, décadas después de haber sido detenido y sin que un juicio confirmase sus crímenes (el asesino confesó 48 crímenes, pero tan sólo se pudieron investigar una veintena y probar su participación en siete), y que hoy en día el sumario permanezca inencontrable tras extraviarse dos veces, conforma una de esas historias cuya credibilidad uno rechazaría de antemano si la viese en una película de ficción. Pero así ocurrió en verdad, y así nos lo relata Balagué.

El problema es que el documental acude a una serie de fuentes que van desfilando ante la cámara (no existen prácticamente imágenes en movimiento del Arropiero, a excepción de la sorprendente entrevista final, realizada en los últimos años de su vida), que terminan siendo repetitivas y no ayudan a trazar el retrato de una personalidad tan poliédrica como la suya. De hecho, el interés se focaliza, sobre todo, en los dos policías que le acompañaron por España, tras su detención en 1971, reconstruyendo varios de sus crímenes. La curiosa relación que se estableció entre ellos, no exenta de su punto de empatía, merecería sobradamente que se filmara una película entera dedicada a tan extraño viaje.

La propia ausencia de datos, y la imposibilidad de reconstruir gran parte de las andanzas del Arropiero (especialmente las que tuvieron como escenario Francia e Italia) impiden la construcción de un relato que sólo funciona eficazmente cuando se ciñe al tour criminal que, por tener, hasta tuvo su momento de esparcimiento en el parque de atracciones del Tibidabo. Pero resulta difícil asomarse al verdadero abismo que encierra una conducta tan extrema y letal como la de Manuel Delgado Villegas.

De hecho, el único momento en que el espectador siente algo parecido es en la mencionada entrevista final, en la que Arropiero, ya con la razón extraviada tras años y años entre cárceles y psiquiátricos, lanza frases aparentemente inconexas, con la mirada apagada de un pobre loco que no debía diferenciarse en exceso de sus compañeros internados. Y sin embargo, en sus palabras y en sus gestos, incluso cuando llega a decir que «todo lo que estamos viviendo es un sueño sobre una pesadilla. Y cuando ese sueño se acaba, seremos ceniza», podemos intuir un aleteo inquietante, un atisbo de refilón a algo que se nos escapa y que el resto del documental, quizá demasiado sumarial, nos ha hurtado. Pero queda ahí un nuevo testimonio del horror que es capaz de pasar a nuestro lado sin que nos demos ni cuenta.

Calificación: 5/10

En las imagenes: Fotogramas de «Arropiero, el vagabundo de la muerte» – Copyright © 2008 Diafragma Producciones. Distribuida en España por Baditri. Todos los derechos reservados.

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