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«Australia»: Como si no hubiera pasado el tiempo

Críticas

«Australia»: Como si no hubiera pasado el tiempo

El estreno de la nueva película de Baz Luhrmann, antaño abanderado del posmodernismo cinematográfico (ahí permanece ese estupendo monumento al kitsch conocido como “Moulin Rouge”), ha venido a sumarse a la tendencia del cine norteamericano de revivir los clásicos. Incluso, los géneros que habían sido dados por muertos (del western de “El tren de las 3:10” o “Appaloosa”, a una screwball comedy como “Un gran día para ellas”), renacen sin ningún tipo de parodia o intención revisionista. Y es que ni siquiera para “Australia” nos vale mencionar el antecedente de “Memorias de África”, pues el tono ingenuo y por momentos rayano en lo cursi de la cinta de Luhrmann posee un humor del que carecía la firmada por Sydney Pollack.

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Así, no es de extrañar que todo en la estética (especialmente esos atardeceres imposibles, retratados en tonos pastel que recuerdan inmediatamente los vistos en las primeras cintas en Technicolor) y en la historia narradas retrotrae, sin ningún tipo de complejo, a aquellas grandes películas de cuando la gente se encerraba en el cine a disfrutar durante tres horas de «aventuras más grandes que la vida». Aquí están los componentes: una historia de amor, un niño adorable, un escenario exótico que regala una impresionante colección de postales, un villano de una pieza… y un trasfondo histórico de guerra y catástrofe que lo envuelve todo. O sea, que no es lo que precisamente nadie diría un esquema original, pues lo hemos visto repetido mil veces en las pantallas y en la televisión, desde “Lo que el viento se llevó” a “Cuando ruge la marabunta”… Si a eso sumamos el viaje iniciático y mágico de “El mago de Oz” (omnipresente referencia en esta película), tendremos destilada la esencia de aquella época gloriosa del cine… e inyectada en vena, sin ningún tipo de complejo, a lo largo de los 155 minutos de proyección.

Lo más curioso es que, en cierta forma, “Australia” viene a ser un mix de todos los tipos de filme que podía albergar una sala de cine en los años treinta o cuarenta. Así, Luhrmann habría intentado algo tan aparentemente anacrónico como resucitar la película total, aquélla capaz de contener en sus fotogramas todo lo que esperaba ver cada miembro de la familia (salvo, eso sí, el musical, quizá porque ese género ya quedó exhaustivamente abordado en su anterior cinta). Y el juego tiene su parte fascinante en el hecho de que, en un momento en el que nos hemos habituado a que cualquier cosa sea posible en la pantalla grande, se nos ofrece por el contrario un espectáculo que no rehúye el recordarnos, una y otra vez, la artificiosidad de lo que estamos viendo (valga como ejemplo el bombardeo de Darwin, que no llega al nivel de realismo de títulos como “Pearl Harbor”, o el poco disimulado efecto de transparencias en varias de las secuencias en vehículos).

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Por lo demás, está claro: el público pide a gritos ingenuidad, algo que les devuelva la ilusión en un momento en el que todo parece temblar y derrumbarse. Y eso explica que las grandes apuestas de los estudios ofrezcan precisamente eso: a su manera, “Australia” vibra en la misma onda que “Mamma mia! La película”. La diferencia es que aquélla era simplemente una cinta hábilmente fabricada y sin alma. La única duda es si, a pesar de todo, el espectador está preparado para sintonizar con los gustos y disfrutes del cine de quienes aún llevaban pocas décadas disfrutando del séptimo arte; al fin y al cabo, el musical de Abba sintoniza más con una platea criada en el adocenamiento y la simplonería de la peor época de la televisión, mientras que “Australia” se presenta como si nunca hubiese existido competencia al cinematográfico. Arriesgada apuesta, la verdad.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Australia» – Copyright © 2008 20th Century Fox y Bazmark Productions. Distribuida en España por Hispano FoxFilm. Todos los derechos reservados.

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