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“Ben-Hur (2016)”: Corre, Judah, corre

Críticas

“Ben-Hur (2016)”: Corre, Judah, corre

Imposible no pensar en la adaptación de 1959, una de las mayores muestras de colosalismo mainstream del Hollywood de todos los tiempos. Más allá de eso, un churrete a lo Timur Bekmambetov.

Judah (Jack Huston), Messala (Toby Kebbell), Poncio Pilatos (Pilou Asbæk), Esther (Nazanin Boniadi)… ¡Jesús de Nazaret! (Rodrigo Santoro). La verdad es que en estos tiempos, en los que remake es más bien síntoma, símbolo y sinónimo de desesperación industrial que de sanas apetencias de refrescar el catálogo clásico para las nuevas generaciones, poco o nada puede o debe sorprender al respetable el desembarco de “Ben-Hur (2016)”. Esto es así. El error es descargar la nueva aventura (post)peplum sobre las ineptas manos artísticas de Timur Bekmambetov. Esto también es así. Porque su currículo -que asusta-, no es secreto, ni hablamos de un debutante, ni nada. Hollywood, conscientemente irresponsable.

Ben-Hur

«¿Amar a tu enemigo? Qué progresista». El peso de la versión dirigida por William Wyler en 1959 es demasiado grande en el imaginario colectivo, es inevitable. Imposible no repasarla mentalmente mientras avanza este churrete que, sorprendentemente, no es especialmente hiriente ni doloroso en su acartonada materialización, como pasa con la práctica totalidad de la filmografía de Bekmambetov. Pero bueno, como película en sí misma tampoco es que tenga mucha chicha: es floja, sosa, aburrida incluso, falta de vida, con un espectro técnico muy irregular -el montaje es feo, la narrativa pastosa, el trabajo digital entre bueno-vale y pero-qué-es-esto…-. Tiempos de revolución bajo el yugo de Roma, tiempos de bostezo bajo el yugo más o menos mainstream de la soleada California.

Ben-Hur

A ver, la parte humana. Hay buenos intérpretes aquí, claro, aunque el comandante del barco no sea un gran director de actores, ni mucho menos. Huston y Kebbell, los grandes marcos de tensión, amor y odio fraternal, sostienen sin más sus icónicos papeles en un conjunto en el que nadie destaca sobre el resto; eso sí, hemos de quitarnos el sombrero por el excepcional trabajo de maquillaje realizado sobre Whoopi Goldberg, irreconocible en su caracterización como Morgan Freeman. Bravo. “Ben-Hur (2016)”, inane, mala copia en color de uno de los mayores ejemplos de colosalismo cinematográfico de todos los tiempos, es una nueva amenaza para los espectadores televisivos de la parrilla de Semana Santa dentro de unos años. Porque, no lo olvidemos, irá acompañada de “Noé”. Argh.

Calificación: 3/10

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