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«Bienvenidos a Zombieland»: Zombis en el parque de atracciones

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«Bienvenidos a Zombieland»: Zombis en el parque de atracciones

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«Bienvenidos a Zombieland» es una montaña rusa de parodia de subgénero y algunos aspectos sobresalientes, pero más allá de su efectivo y en ocasiones inspirado humor, se olvida de contar una historia con la que enganchar.

En «Bienvenidos a Zombieland» (ganadora más que razonable del Premio del Público en el pasado Festival de Sitges), como en «Destino final 3» (James Wong, 2006), «1941» (Steven Spielberg, 1979) y otras tantas, el parque de atracciones como punto de partida o línea de meta puede funcionar como una pertinente sinécdoque de la experiencia que supone el visionado de dichas películas: una gran montaña rusa que ofrece diversión desinhibida y hasta retorcida. En el caso que aquí nos ocupa, esa sinécdoque sí funciona, casi tan bien como en la película de Spielberg y varios enteros mejor que en la de Wong. Así que esa conclusión de «Bienvenidos a Zombieland», en la que vemos al cuarteto protagonista dando buena cuenta de una horda de zombis en un parque de atracciones abandonado, contiene la esencia del juguete, pero también una dolorosa evidencia: pese al poco discutible ingenio de buena parte de sus gags, pese a la eficacia de su zombie comedy que la hace honrosa continuadora de la notabilísima «Zombies party» (Edgar Wright, 2004), es incapaz de esconder una narración pobre, escasa incluso para una cinta del subgénero.

Eso, por supuesto, no le deniega sus excelentes aptitudes para la comedia. «Bienvenidos a Zombieland» comienza, antes que nada, con un magnífico asentamiento de contexto, un país rebautizado y devastado en el que los muertos vivientes campan a sus anchas y sólo sobreviven los más inteligentes o los más fuertes. En ese escenario, y de la mano de Columbus (Jesse Eisenberg), la película de Ruben Fleischer ya apunta su humor a costa de lugares comunes del género (las llaves del coche que se le caen al perseguido protagonista), estableciendo mediante la voz narradora los protocolos de actuación a seguir en ejemplos distintos de enfrentamientos con zombis. El estupendo prólogo da paso a una todavía mejor secuencia de títulos de créditos, una genialidad en slow motion en la que asistimos a hilarantes estampas zombis de una trastornada realidad social. Una intro que se torna potentísima vía el For whom the bell tolls de Metallica. Y la confirmación de que, Fleischer, como Wright, asume como imprescindible premisa reírse a costa de la zombificación de toda una sociedad.

A partir de ahí, queda el viaje hacia un presunto reducto liberado de zombis. Pero a diferencia de Wright, Fleischer se muestra más interesado en los gags diseminados por el camino que en ofrecer una línea narrativa sólida, estableciendo las mínimas relaciones entre sus personajes y supeditándolos a objetivos poco motivadores. «Bienvenidos a Zombieland» muestra talento en aspectos puntuales como la integración de rótulos y los chistes que apuntan hacia la parodia del subgénero, pero se desentiende pronto de la obligación de contar una historia. En cualquier caso, sólo la aparición estelar de un Bill Murray aplicándose un descacharrante ejercicio de autocrítica, hace de la película una más que estimable montaña rusa a la que merece la pena subir.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Bienvenidos a Zombieland» – Copyright © 2009 Columbia Pictures. Fotos por Glen Wilson. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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