“Biutiful”: Una exhibición de talento actoral

Escrito por el 07.12.10 a las 10:30

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“Biutiful” es un proyecto ambicioso que define las constantes tonales y temáticas de su autor. Una película de impacto emocional rotundo, armada argumentalmente con una tristeza desmesurada, infinita y en la que Javier Bardem está soberbio.

Tras su —más o menos— tumultuoso “divorcio artístico” de Guillermo Arriaga, autor de los guiones de sus tres primeros y celebrados filmes —“Amores perros” (2000), “21 gramos” (2003) y “Babel” (2006)—, toda la grey cinéfila parecía estar más atenta al último proyecto de Alejandro González Iñárritu para medir el impacto de tal carencia que para apreciar sus valores intrínsecos. Tres años después del estreno de “Babel”, llega a las salas comerciales “Biutiful”, y si de algo queda poca duda tras su visionado es de que, más allá de lo que la ausencia de Arriaga puede pesar en su concepción y ejecución, sí hay una presencia que lo eleva hasta una altura sólo equiparable a la del dolor —inconmensurable— que despliega en su desarrollo, y que es la de Javier Bardem.

A “Biutiful” —y a González Iñárritu, como principal muñidor de la cinta—  se le puede reprochar su absoluta falta de contención a la hora de desplegar desastres y miserias humanas —eso sí, siempre a ras de tierra, en un entorno personalizado y cotidiano—, hasta el punto de dejar al espectador con una sensación de desconsuelo brutal, devastador. También habrá quien pueda considerar que esa opción autoral por una trama tan desesperanzadora, con tan escasos resquicios para algún atisbo de bondad moral —alguno hay, pero mínimo, episódico—, constituye un ejercicio poco realista de proyección de la mirada sobre la condición de las personas, siempre más ambivalente, más equilibrada. Pero todas esas posibles fallas quedan redimidas por el ejercicio de esplendor actoral que lleva a cabo su protagonista, y que convierten al filme, trascendiendo su retrato social descarnado y lúgubre, en una experiencia cinematográfica gozosa a más no poder.

A diferencia de sus proyectos anteriores, basados en un despliegue de historias cruzadas bastante alambicadas en cuanto a su concepción narrativa —con constantes saltos hacia adelante y hacia atrás en el relato, que los convertían en puzles con las piezas descolocadas, de forma que el espectador debía “reconstruir” la linealidad de la historia—, González Iñárritu despliega en “Biutiful” una narración de estructura convencional, de desarrollo lineal, aunque no por ello más simple —confluyen elementos diversos y numerosos, tanto en cuanto al despliegue de personajes (hijos, esposa, hermano, padre) como al de entornos (familia, vendedores africanos, trabajadores asiáticos), todos ellos alrededor del protagonista, Uxbal—, de forma que la historia adquiere una consistencia y una riqueza de componentes que en nada envidian a las de sus filmes anteriores.

En ese aspecto, “ Biutiful” es un proyecto altamente ambicioso, que aspira a conjugar con idéntica intensidad emocional los aspectos “personales” de la trama —la degradación física del protagonista, eje alrededor del cual giran sus conductas y actitudes— como los de índole más “social”, en los que González Iñárritu, con esa Barcelona de rostro mugriento y muy poco amable —que tan poco tiene que ver con la que Woody Allen nos ensañaba en “Vicky Cristina Barcelona” (2008)—, ofrece un retrato de la faceta más amarga y embrutecedora de esa interculturalidad en la que parece hallarse el caldo de cultivo donde se hierve el “guiso” de la crisis económica y social.  Es la de Iñárritu, en consecuencia, una visión muy poco amable en la que quizá se pueda apreciar un cierto aspecto premonitorio, anticipatorio sobre aquello que ahora se nos viene encima y que, visto lo visto, se puede calificar como pesimista, o negativo, pero no como apocalíptico, ni muchísimo menos.

También mantiene “Biutiful” ciertas constantes tonales y temáticas, claramente definitorias de un estilo de su autor, que con esta última cinta se asientan de manera definitiva: el gusto por la alternancia aguda de planos, con especial relevancia de los muy cortos, en ángulos muy cerrados; el uso reiterado de la cámara en mano, como elemento de acercamiento a los personajes; la fotografía con predominio de tonos grisáceos y “sucios”, muy a tono con la ambientación de la historia; una música que pretende incidir en la creación de un ánimo de desasosiego y angustia en el espectador; la presencia de la muerte como un condicionante permanente del actuar humano, como una compañera de viaje ineludible y un elemento natural y cotidiano. Todos ellos son aspectos definitorios de un estilo propio y confirman a González Iñárritu, con esta su cuarta película, como un autor con una voz y una presencia más que definidas.

Y además, Javier Bardem. El trabajo interpretativo de Bardem es para “partirse la camisa”; se corre el riesgo de perderse en una retahíla interminable de ditirambos elogiosos, y aun con todos ellos no hacer justicia al nivel de un desempeño actoral sólo al alcance de los más grandes, un olimpo al que, creo, Bardem ya ha accedido —si es que no estaba ya— con este trabajo de manera definitiva. Bien es cierto que su personaje, Uxbal, se presta especialmente a un lucimiento para el que el actor español ya se ha demostrado sobradamente capacitado; pero eso no le resta mérito alguno a un ejercicio cargado de matices, sutilezas y detalles, desarrollado con una gran amplitud de registro y con un grado deslumbrante de entrega, física y mental.

¿Conclusión? “Biutiful” es una película de impacto emocional rotundo, armada argumentalmente con una tristeza desmesurada, infinita y en la que, probablemente, a Alejandro González Iñárritu se le ha podido “ir la mano” en lo referente a la “dosificación del dolor” —algo que brilla por su ausencia, francamente—. Pero no por ello deja de ser una muestra de cine sólido, compacto y bien narrado, un ejercicio cinematográfico duro y descorazonador, y, por encima de todo, una exhibición de talento actoral como pocas. No pierdan la ocasión.

Calificación: 8/10



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4 - Manuel Márquez - 8:44 - 14.12.10

Gracias, en primer lugar, Rabino Rigen, por tu comentario; en esa “fijación urinaria” de Iñárritu, curiosamente, no había reparado, pero sí, es cierto, llama un poco la atención, dado que no es una situación que frecuentemente se encuentre en plano. El único director que recuerdo que también hacía uso profuso, en sus inicios, de esa misma querencia, aunque fuera con un enfoque tonal totalmente diferente (más comico), era Pedro Almodóvar: sus “meonas” formaban parte de toda su detallista y colorista iconografía visual. En cuanto a los fallos de guión, supongo que los tiene, no hay guión perfecto; pero yo no creo que se eche excesivamente en falta a Arriaga, sin que ello signifique minusvalorar su fantástico trabajo en los tres films previos de Iñárritu.

Un abrazo y buen día.



3 - Rabino Rigen - 1:58 - 13.12.10

La escatología de G. Iñárritú

No sé, la filmografía de este director siempre me ha parecido interesante, sus películas son de mi total agrado. Y ahora que vi esta última, hay algo que no pude dejar de notar: las escenas en sus películas donde los personajes se orinan, como la española que en silla de ruedas lucha por hacer sus necesidades, como dicen por acá. Brad Pitt sosteniendo en brazos a su esposa recién baleada (C. Blanchet) desesperado y ella orinando… de 21 gramos no recuerdo muy bien la historia, por lo mismo no sé si tambéién hay alguna secuencia uríca. Biutiful comienza con la revisión del recto de Uxbal, cuyo hijo se orina por las noches, y él mismo se “moja” en la persecución al tratar de salvar al africano que él explota.

Me gusta. No por alguna parafilia (o hijación), sino porque eso nunca lo he visto en ninguna película o con algún director en su filmografía. En Biutiful cuando Uxbal regresa a casa en la noche y se encuentra a su hijo saliendo del baño, le dice disculpándose algo como “me he orinado”, y le dice “no te preocupes”, esa escena me entre padre-hijo me pareció muy tierna. La escena de Babel entre los turistas norteamericanos (Pitt-Blanchet) creo que reflejaba el amor entre la pareja esa incómoda y extrema situación.

Por lo demás, concuerdo en que hay algunas fallitas en el guión de Biutiful. Y creo que en ese aspecto, en los diálogos de algunos personajes, el hueco de Arriaga vaya que se nota y se siente. No por nada Iñarritu tuvo que recurrir a tres colaboradores en la escrituta del guión.
Saludos.



2 - Manuel Márquez - 21:40 - 09.12.10

Gracias, Mónica, por tu bien trovado (y mejor argumentado) comentario, en el que, evidentemente, hay puntos de coincidencia, y otros de “no tanto”, respecto a la crítica de referencia. ¿Visión burguesa, desde el desconocimiento? Me temo que es la misma que la del espectador estándar de la peli, más basada en información “indirecta” (proveniente, básicamente, de los medios) que en vivencias reales. No nos engañemos, los “Uxbales”, las “Marambras” y la práctica totalidad de la “fauna humana” que puebla el film no va el cine (y si va, cuando va, va a ver otro tipo de propuestas). ¿Efectismo? Está claro que Iñárritu va, en lo que se refiere a la dosificación del dolor, a “escape libre”, y no negaré que igual se le ha podido ir la mano, pero, ¿hubiera estado justificado -tú misma lo apuntas muy bien: la realidad supera a la ficción…- un punto de edulcoración para contrarrestar tanta negrura? ¿no lo hubiéramos acusado de cobarde, incoherente o algo similar? En fin, son posibilidades, hipótesis sobre la peli que no se hizo, puesto que la que hay es la que vemos en pantalla. En cuanto a Bardem, está claro que, salvo los cuatro “provocadores profesionales” de turno que, para llamar la atención, se dedicarán a ponerle pegas, la apreciación es casi unánime: para quitarse el sombrero, no, para tirarlo (y no agacharse más a recogerlo).

Un abrazo y hasta pronto.



1 - monica - 14:14 - 09.12.10

Es una buena pelicula…pero en cuanto a la trama se nota la vision burguesa del director que quiere retratar un submundo que no conoce en absoluto y ni siquiera toca…incongruencias en el guion. Una prostituta drogadicta con transtorno bipolar no pide disculpas por haber dado un cachete a su hijo..(soy profesora de chavales con madres asi y es mucho peor)…por desgracia la realidad supera la ficcion…es un comportamiento de madre burguesa no de mujer enferma destrozada por la vida..tambien me resulta excesivamente efectista la muerte en el taller de los inmigrantes ilegales…mucha muerte pero no logra conmover al espectador..solo un poco lo intenta pero no lo consigue. La salva la interpretacion magistral de Bardem…pero despues de haber visto amores perros esperaba algo mas de biutiful. Pretende demasiado es ambiciosa pero no llega…lo intenta y bien eso si…pero sin conseguirlo



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