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«Biutiful»: Elogio del dolor

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«Biutiful» es otro agónico tour de force de Alejandro González Iñárritu en el que el dolor es fin, medios y única razón de ser, donde las interrelaciones humanas y culturales vuelven a explicar el mundo desde una superficialidad alarmante.

A través de sus cuatro películas, las tres que conforman la «Trilogía del dolor» y «Biutiful», Alejandro González Iñárritu ha demostrado el autor que quería ser. De forma progresiva, y partiendo de su estimable «Amores perros» (2000), el director mexicano ha venido a descubrir al menos dos cosas: primero, que nunca fue un cineasta modesto, antes al contrario pretencioso y salvajemente ambicioso; y segundo, que venía a adoctrinarnos sobre las íntimas conexiones que el dolor establece ya no entre uno mismo y cualquier desconocido hijo de vecino, sino entre toda la humanidad. Así, la pirueta argumental siempre estuvo justificada con tal de que un sinfín de calvarios acabara por confirmar la tesis. Poco importaba si no había una reflexión razonada sobre la globalización, tanto daba si la buscada profundidad dramática sólo se correspondía con la mera enumeración de las tragedias.

Poco ha cambiado en el cine de Iñárritu ahora que Guillermo Arriaga ya no forma parte de su ecuación. El guionista se fue por su cuenta, e Iñárritu ha decidido prescindir de las historias cruzadas y del montaje también cruzado que buscaba babélica complejidad en sus dos últimas incursiones. «Biutiful» se nos vende como ese giro en la filmografía en el que el director pasa a centrarse en un único personaje y lo cuenta todo en una única línea temporal. Pero el cambio es estructural —y no del todo cierto— y no en la hoja de ruta: su última película vuelve a ser un agónico tour de force en el que el dolor es fin, medios y única razón de ser, en el que las interrelaciones humanas y culturales quieren explicar el mundo —otra vez— desde una superficialidad alarmante, la misma que asocia afroamericanos y top manta, asiáticos e infrahumanos talleres de costura. Todo en una Barcelona sucia y empobrecida, contexto convertido en objeto de una estética de la miserabilidad llevada hasta las últimas consecuencias.

En medio de este inmenso, excesivo elogio del dolor, Iñárritu se aproxima a una mística de folleto con un lirismo visual que obtiene hallazgos en la escena con los espíritus pegados al techo, o en el diálogo con el más allá que el sufrido protagonista mantiene al principio de la cinta. Pero ni esto, ni el Javier Bardem más inconmensurable, salvan a «Biutiful» de una eterna sensación de pose: pose en la definición multidisciplinar de sus personajes —una ex mujer prostituta, masajista y bipolar—, pose en el subrayado de la tragedia que vendrá —«es muy feo no tener papá», espeta el personaje de Guillermo Estrella en un momento dado—, pose en ese retrato de la aldea global y en la humanidad de ese viaje —desgracias mediante— al otro lado.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Biutiful” – Copyright © 2010 Universal Pictures, Focus Features, Menage Atroz, Mod Producciones e Ikiru Films. Fotos por José Haro. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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