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«Biutiful»: Hasta el dolor infinito… y más allá

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«Biutiful»: Hasta el dolor infinito… y más allá

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Un brillante Javier Bardem sufre de lo lindo en el nuevo puñetazo al ánimo universal lanzado por Alejandro González Iñárritu. Bien rodada y presentada, por supuesto, pero sin más impulso que el mal rollo permanente.

Uxbal (Javier Bardem) vive en uno de los arrabales de Barcelona junto a sus dos hijos, Maramba (Hanaa Bouchaib) y Mateo (Guillermo Estrella). Mantiene una relación más o menos activa ─en lo afectivo, no en lo físico─ con su ex-mujer, Marambra (Maricel Álvarez), masajista/prostituta bipolar. Y lo pasan mal, muy mal. Ellos, y quienes les rodean, y, en última instancia, el espectador. No es para menos, tratándose del argumento central de “Biutiful”, nuevo puñetazo al ánimo universal de Alejandro González Iñárritu, cuya evolución como cineasta le coloca a la altura del mismísimo Roland Emmerich en lo que es su impulso cinematográfico fundacional de base. Sin exagerar.

Porque si el realizador alemán luce en su obra una obsesión casi compulsiva por la destrucción material, el charro exhibe sin pudor alguno una testarudez incansable a la hora de vapulear a sus personajes, sus circunstancias, actitudes y pareceres. Una obcecación artística que le ha ganado innumerables detractores y otros tantos seguidores acérrimos, síntoma inequívoco de que sus propuestas tocan, en un sentido o el opuesto. Lo que no se le puede negar es una coherencia casi vehemente en su trabajo, llevada aquí al extremo a pesar de que, en contraposición a su exacerbada “Babel”, centra su ojo devastador básicamente en un solo personaje omnipresente durante todo el metraje, que coquetea además con las dos horas y media para deleite/desquicie del observador.

Bardem, robusto, recio, impenetrable, acumula un sentimiento ecuménico pese a su individualidad, inmigrante en su propio país a partir de la ubicación de su tragedia en Santa Coloma, destino de tantos y tantos trabajadores españoles empujados allá por el franquismo para lapidar el catalanismo cultural y lingüístico; desde su posición, Iñárritu machaca todo lo machacable anímicamente hablando, sin eludir sus devaneos mesiánicos, su pedantería intrínseca ni su tendencia al micro desbarre visual y gramatical, aunque logre esquivar aquí los profundos ridículos circunstanciales de propuestas anteriores. Rodada con su corrección habitual, milimétrica, ponzoñosa en su desesperanza respecto del más allá y el más acá, “Biutiful” corrige y aumenta las desgracias de “Precious”, su prima americana en más de un sentido literal y metafórico. Para gustos, los colores. Pero tanto bajón, tanto mal rollo, tanto analizar la naturaleza humana desde el síncope perpetuo sin más impulso visible o insinuado, satura a cualquiera. A quien esto firma, al menos.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Fotogramas de “Biutiful” © 2010 Menage Atroz y Mod Producciones. Distribuida en España por Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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