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«Bruno»: No es «Borat», pero…

Críticas

«Bruno»: No es «Borat», pero…

La irreverencia de Borat y el estilo de Derek Zoolander convierten a Bruno en un personaje en sí mismo irresistible, aunque no alcance las soberbias cotas de genialidad desplegadas por el gran Sacha Baron Cohen en su anterior propuesta.

“Bruno” (Sacha Baron Cohen) es un joven austríaco de 19 años cuya mayor aspiración es convertirse en una superestrella mediática. Está dispuesto a pagar cualquier precio por alto que este sea. Incluso dejar de ser homosexual. Tres años después de colocarse el listón muy, muy alto ─demasiado─ con la espectacular “Borat”, Baron Cohen regresa con una nueva propuesta que entronca con los parámetros básicos de aquella en su intención de difuminar las líneas que separan la realidad de la ficción regalada por la estética del falso documental, rebajado en este caso por la evidencia de que prácticamente todo lo que sucede está pactado entre las partes implicadas, lo que inevitablemente diluye la capacidad del protagonista de escandalizar al palco con sus acciones. Además, más allá de la anulación del efecto sorpresa, el equipo se enfrenta al reto de tratar de llegar aún más lejos, lo que no sólo es innecesario, sino redundante.

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Así, nuevamente un extravagante e histriónico extranjero nos llevará de la mano a la América más profunda para mostrarnos la aversión que parte de los ciudadanos yanquis siente ante la exposición clara y abierta de una sexualidad considerada anormal por muchos de ellos, si bien es cierto que la puesta en escena del joven Bruno resulta tan exagerada que invita más a la desconfianza de una probable cámara oculta que al abandono a la expresión de las opiniones más honestas y sinceras. Convertido en un Derek Zoolander a la enésima potencia, su hiperbólica silueta recorre pueblos y ciudades despertando reacciones encontradas, poniendo la vista principalmente en temáticas universales filtradas por el ojo de alguien que sabe perfectamente cómo tocar la fibra de todo aquel al que dirige su diatriba, no por exponencialmente más artificiosa menos efectiva en términos de respuesta popular. Y es que los clichés siempre funcionan.

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Sobre la base de la exposición extrema de su pasión carnal e ideología, este rol inventado, en el que el actor desaparece una vez más demostrando una gigantesca talla interpretativa que trasciende con mucho el oficio del simple artista cómico, logrará unir hasta lo indisoluble la radicalidad y la inocencia, buscando y proponiendo imposibles soluciones al inagotable conflicto de Oriente Medio ─una nueva invitación a ofrecer una visión afable de la situación en la zona que se une a intentos anteriores─, burlándose abiertamente de legislaciones y normativas vigentes en torno a temas como la adopción o la libertad sexual, o ridiculizando la afición a la violencia reconvertida en pseudo espectáculo deportivo; sin embargo, y aún consciente de la necesidad de ofrecer su catálogo en un metraje ajustado, no puede evitarse la impresión de que la sucesión de gags se dilata en exceso en la apreciación del montante global. Las comparaciones son odiosas, más aún en casos como este. Pero también son ineluctables, de suerte que el espíritu del segundo reportero más famoso de Kazajistán sobrevuela de manera determinante cada paso que da el nuevo yo de su creador.

Calificación:
6/10

En las imágenes: Fotogramas de “Bruno” © 2009 Everyman Pictures, Four by Two y Media Rights Capital. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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