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«Cadillac Records»: El alzamiento del blues

Críticas

«Cadillac Records»: El alzamiento del blues

Corrían finales de los 40 cuando Leonard Chess decidió fundar aquella discográfica. Durante los 50, la Chess Records iba a convertirse en una asombrosa máquina de fabricar estrellas, músicos prominentes que osaban revelarse contra las convenciones para levantar un nuevo sonido. Ese sonido, por supuesto, sería el blues, y cantantes como Muddy Waters, Howlin’ Wolf o Little Walter, algunos de sus máximos exponentes. Todos ellos pasarían por la discográfica de Chess y todos ellos tendrían una carrera tan fulgurante como fugaz hasta los números 1 de las listas. El blues nacía, se alzaba y la imperiosa necesidad del éxito nuevo reemplazaba rápidamente a las viejas glorias por jóvenes revolucionarios que querían comerse el mundo. Tras Waters, vendría Chuck Berry, tras Berry, los Beach Boys.

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Esta es la historia que nos cuenta «Cadillac Records», una suerte de multibiopic y retrato del nacimiento de la música profana que daría paso al rock & roll. Desde los campos de la América sureña a Chicago, la película de Darnell Martin narra los confluyentes recorridos de sus protagonistas en su ascenso y caída del estrellato. Así que cuando hablamos de tantos grandes nombres de la música, las pretensiones de Martin no son pocas y el resultado, inevitablemente irregular. Quizás sea el primer error abarcar demasiadas líneas que dan con personajes muy distintamente desarrollados: mientras que tenemos a un Waters aceptablemente definido e interpretado por Jeffrey Wright, el Leonard Chess de Adrien Brody se muestra sumamente desdibujado y lacrado por su planicie dramática. Lo que tenemos entre manos es un puñado de pequeños biopics con desigual fortuna, en los que se prefiere precipitar fatalmente los acontecimientos antes que realizar factibles omisiones (sobran pormenores familiares en el retrato de Chess). La consecuencia es que el producto se resienta en parcelas diversas y no aproveche como debiera la hondura socio-cultural del contexto, evitando relatar con pasión algunos de los capítulos más fascinantes de la historia del blues.

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Sin embargo, confiar la voz narradora a Willie Dixon (Cedric the Entertainer), presente pero secundario en la historia, es en definitiva una buena idea. Con él, el hilo narrador se consolida y estiliza para encontrar complicidad con una música que acaba convirtiéndose en verdadero sustento del filme. Porque pese a los visibles esfuerzos de la trama por atraer nuestra atención (especialmente en el último tramo), su andamiaje no deja de ser harto convencional y llega a parecer que tiene poco que contar cuando no es así. Los excesos de los músicos o la paradoja racial (artistas como Chuck Berry no podían dormir en hoteles reservados sólo para blancos) pasan a un segundo plano cuando son los mitos y auras que envuelven a cada canción, cada soberbia melodía que escuchamos, los que de verdad nos ganan. Son, en última instancia, las primeras notas de «I’m a man» que Dixon tantea, los aullidos de Wolf (Eamonn Walker) o la potencia de «At last» cantada por una Beyoncé Knowles que emula a Etta James, las verdaderas razones por las que la cinta no acaba cayendo en el terreno de la mediocridad.

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Poco inspirada pero indudablemente entretenida, no encontraremos en «Cadillac Records» la profundidad que desearíamos en lo que propone, pero sí un válido y discreto efugio que se deja ver sin dificultades. Lástima que pese más lo primero y el retrato no esté a la altura del movimiento, de una historia que exigía una mirada más focalizada y apasionada para rebasar los estándares del biopic.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Escenas de «Cadillac Records» – Copyright © 2008 Sony Music Film y Parkwood Pictures. Fotos por Eric Liebowitz. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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