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“Camino”: Falsificación de una vida

Críticas

“Camino”: Falsificación de una vida

Pasó por San Sebastián con más revuelo mediático que resultados y se fue de vacío. La crítica se centró entonces en la polémica por sus ataques al Opus Dei, y prácticamente prescindió de valoraciones cinematográficas serias. Ahora llega a las salas y es probable que encuentre más eco entre el público del que tuvo en Donostia, a pesar de su excesiva duración de dos horas y media. Y eso porque viene respaldada de una potente campaña publicitaria y porque la tecla de la provocación siempre atrae. Ya todos sabemos que se trata de la historia de una adolescente, Camino, a la que le descubren un cáncer y que se debate entre el primer amor por un chico del barrio y la enfermedad ante la que su madre siempre intenta que vea a Dios. Javier Fesser, tan dado a la mofa y la caricatura en sus anteriores películas, quiere aquí pasarse al lado humano y sensible, pero también terrible y duro de la realidad… otra cosa es que lo consiga y que en efecto sea la realidad.

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Para ello se inspiró en la vida de una chica madrileña, Alexia, para después vaciar su historia de sustancia y quedarse en la ficción con el envoltorio sentimental. Dice que se documentó mucho pero sólo se aprecian lecturas anecdóticas utilizadas según intereses precisos. Al parecer, no escuchó a la familia de la niña fallecida y terminó traicionándola al usar su nombre para la promoción, algo que denota muy poco tacto cuando aún viven. Al margen de estas bazas maquiavélicas, probablemente “Camino” tenga, como decía, un recorrido prolongado en las salas, y ello se deberá a esa explotación del sentimiento que su director sabe hacer. Llevar a la pantalla el sufrimiento de una niña inocente y dulce es algo siempre enternecedor y que suscita las emociones más encendidas… más aún si se contrapone a la frialdad de personas que parecen vivir más en el cielo que en la tierra.

Sin duda es la manipulación de alguien con oficio y sensibilidad que empuja al espectador a ponerse del lado del débil o a enjuiciar a ese sacerdote –bastan unos primeros planos de sus labios que trasmiten dureza en sus palabras–. Pero también es la mirada de alguien que no alcanza a entender –el propio director lo ha declarado– que por debajo de las apariencias, de unas palabras o hechos descontextualizados… puede haber razones profundas que expliquen esa actitud ante la muerte. Por eso, Fesser se mete en terrenos pantanosos cuando pretende abordar el sentido del mal, del dolor, de la enfermedad en el mundo… y su aceptación en alguien que cree en Dios. Es un reto que han querido siempre afrontar los grandes cineastas, porque se adentra en lo más íntimo y profundo de la persona y porque encierra su dimensión más trascendente. En ese intento, el director de “El milagro de P. Pinto” se queda en la superficie y en la caricatura, en el esperpento y la ridiculez, y el proyecto le queda grande a todas luces.

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Por eso, la película solo se sostiene desde el punto de vista del dramón más sentimental, con sus momentos dramáticos –unas veces excesivos y otras increíbles, como el “inoportuno” accidente del padre, invento rocambolesco de guión– y otros de fuerte impacto emocional –como en la confidencia de Camino con su padre en el hospital– en los que demuestra una sensibilidad que sí llega al espectador. La película funciona bien en las escenas mágico-fantásticas y también en las que protagonizan los niños –muy conseguida la espontaneidad en torno a la obra de teatro y la interpretación de Claudia Ortero como Begoña: se ve que Fesser tiene maña para capturar emociones y también para la espectacularidad. Más dudosos son los logros en las alucinaciones oníricas en forma de pesadilla con su ángel custodio o las imágenes hiperrealistas de las operaciones quirúrgicas –innecesarias y que rompen el tono general–; y claramente fallidas todas aquellas en las que decide atacar frontalmente el modo de vida de personas del Opus Dei, y saca a escena retratos sin libertad, personalidad ni humanidad que resultan risibles, caricaturescos y donde se adivinan los prejuicios del director.

En definitiva, el problema de Fesser es que quiere tocar demasiadas teclas, ir del melodrama al realismo y de éste al cuento fantástico pasando por la crítica para volver de nuevo al comienzo. Con tanto viaje por los géneros, “Camino” acaba naufragando, con momentos repetitivos que llegan a cansar y aburrir, por ejemplo, al poner machaconamente en boca de la madre siempre expresiones de abandono y amor a Dios vaciadas de humanidad, como si la pobre mujer careciese de intuición y sensibilidad hacia lo que su hija necesita en cada momento y fuese una aguafiestas.

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Al final, demasiadas fracturas en un guión irregular y sin equilibrio, que juega puerilmente con diálogos de doble intención y equívocos sonrojantes, con algunos elementos pretenciosos –no podía faltar una imagen del mar como metáfora de la libertad que la niña y su hermana no tienen– y otros incoherentes que solo buscan etiquetar de fanatismo o masoquismo, de falta de humanidad o de rareza en todo lo que suene a religioso y espiritual. Por lo demás, retratos maniqueos con una madre impositiva –algo neurótica y desde luego que se hace antipática– y miedosa en su falsa seguridad, un padre tolerante y tremendamente humano (contrapunto a su mujer y mirada del propio Fesser), unos sacerdotes que obran de manera interesada y manipuladora (¡de nuevo el tópico del cura en el cine español!)… Libres del cariz ideológico y porque el guión se lo permite, los niños logran las mejores interpretaciones porque son naturales y auténticas, espontáneas y frescas, especialmente Nerea Camacho y la mencionada Claudia Ortero. Una curiosa y estudiada mezcla de ficción y realidad en la que ésta se distorsiona hasta hacerse irreconocible, hasta falsificar una vida –o muchas– y generar un clima de polémica nada respetuoso con la familia ni tolerante con quien vive como quiere. Por eso, es una pena que tanto talento –el de Fesser– se desperdicie, que se utilice una vida tan ejemplar –la de Alexia– de manera tan pobre e ingrata, que todo se quede en una nueva aventura de Mortadelo y Filemón pero con poca gracia e ingenio.

Calificación: 4/10

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  • En las imágenes: Fotogramas de “Camino” – Copyright © 2008 Películas Pendelton y Mediapro. Distribuida en España por Alta Classics. Todos los derechos reservados.

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