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«Carancho»: La jauría humana

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«Carancho»: La jauría humana

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«Carancho» es un thriller irrespirable, asfixiante en el que la muerte es capaz de ahogar un plano. Una película durísima, desesperanzada y con marcada vocación realista que culmina en dos prodigiosos planos-secuencia.

La noche bonaerense no difiere en mucho de las de otras grandes urbes. En «Al límite» (2000), Martin Scorsese componía la neoyorquina de turnos inacabables de un conductor de ambulancia, de pasillos abarrotados de ambulatorios de barrio y submundos urbanos pletóricos de personajes colapsados que empujaban al de Nicolas Cage hacia el colapso. Esa noche más, esa hora de madrugada más al borde del precipicio es también la de Ricardo Darín en «Carancho». De hecho, el contundente título de Pablo Trapero podría ser entendido como interesante relectura del filme de Scorsese en clave de thriller y excluyendo la religión de la ecuación (pese a que también aquí hay sitio para «La Piedad», o Darín en los brazos de Martina Gusman donde Cage estuvo en los de Patricia Arquette).

«Carancho» es una cinta irrespirable incluso cuando se toma un respiro (la asfixiante foto en la fiesta de cumpleaños), con una inmisericorde vocación de realismo que puede traducirse en charcos de sangre en los suelos de un policlínico y atenciones de urgencias en primerísimo plano. En ese sentido, Trapero nunca se vale del hiperrealismo como pose estética y sí como herramienta de asfixia del espectador, concluyente y reconvertida al servicio de la acción en dos prodigiosos planos-secuencia en los que el realizador bien podría estar reconociendo su admiración por el Alfonso Cuarón de «Hijos de los hombres» (2006). Pero antes, ha escrito la noche de Buenos Aires, el Infierno de Sosa, a base de cataclismos personales, siniestros que en su multiplicidad rayan lo obsceno, lo delirante, y una banda sonora hecha de sirenas, gritos ahogados y camillas que recorren frenéticas los pasillos. Esta es una de esas pocas películas en las que la muerte, agónica sin reparos, es capaz de ahogar literalmente un plano: sucede en la secuencia en que los servicios de urgencias atienden a los heridos de un accidente múltiple.

Y en el medio, el Sosa de Darín. O lo que es lo mismo, el antihéroe agotado y de la misma estirpe de adictos que el Frankie Machine de Frank Sinatra en «El hombre del brazo de oro» (Otto Preminger, 1955), pero uno que prefirió la carroña a la heroína. Trapero priva al personaje de posibles redenciones personales, ni siquiera concedidas a través de un romance antes curativo que salvador: en ningún momento la pareja deja de estar condenada, ni siquiera en esa paz temporal en la que se intuye la proximidad de lo aciago. No la tendrán, al menos, mientras ambos pueblen esa noche y traten de sobrevivir a sí mismos y a la jauría humana que retrata el director. De eso, de supervivencia sin esperanza, es de lo que trata esta película dura, antipática, más difícil de digerir que un bocado de tierra.

Calificación: 7/10

En las imágenes: Fotogramas de “Carancho” – Copyright © 2010 Matanza Cine, Finecut, Patagonik, Ad Vitam y L90. Distribuida en España por Golem. Todos los derechos reservados.

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