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«Cartas a Dios»: La vida (y la muerte) en rosa

Críticas

«Cartas a Dios»: La vida (y la muerte) en rosa

«Cartas a Dios» huye de cualquier forma de realismo y crudeza en torno al dolor y la muerte, optando por el realismo mágico y con buenas interpretaciones de Michèle Laroque y del niño Amir.

La historia de un niño con cáncer terminal entraña un alto riesgo para una película, pues fácilmente puede derivar hacia el ternurismo y el exceso melodramático en su intento por implicar emocionalmente al espectador. En «Cartas a Dios» (ver tráiler y escenas), Eric-Emmanuel Schmitt trata de esquivar ese peligro instalándose en el realismo mágico, y superar así el dolor con una dosis de fantasía e imaginación. A Oscar, el niño de diez años enfermo, no le duele la leucemia sino la falta de valentía y sinceridad de sus padres, incapaces de tratarle con normalidad y de decirle la verdad cuando es desahuciado por los médicos. Su rechazo le lleva a permanecer callado y hablar sólo con Rose, una antipática repartidora de pizzas que circunstancialmente conoce en el Hospital y que pasa a ser su amiga y confidente. Ella será quien le sugiera que le escriba cartas a Dios pidiéndole un favor cada día, pero de tipo espiritual.

El director huye de cualquier forma de realismo y crudeza en torno al dolor y a la muerte, y prefiere adoptar el punto de vista de un niño inteligente y sensible que aún conserva toda la inocencia, o el de su cuidadora para evadirse a un mundo de fantasía que la obligue a abrir su alma endurecida y a mostrar su buen corazón. No hay tratamientos ni situaciones desagradables o repugnantes, y sí momentos emotivos en torno a un amor secreto —y azul— o a esos niños que invitan a lo cómico como el Palomitas, con problemas de peso, o el Einstein, enfrascado en el ajedrez. Todo es dulce en las formas aunque la realidad sea dura e imparable, y quizá a alguno le parezca cruel su aproximación a la enfermedad. Rose propone a Oscar que viva los próximos doce días como si cada uno contase diez años: será la manera de aprovechar intensamente una vida que se marchita, de enamorarse y comprometerse, de sufrir la crisis de los cuarenta y los achaques de la ancianidad con simpáticos diálogos que surgen entre ese niño adulto y esa mujer adoptada.

«Cartas a Dios» es una película sobre la aceptación de la muerte y la verdad que nos rodea, pero también sobre la trascendencia y necesidad de contemplar el misterio del dolor con una sonrisa y gratitud, y la conveniencia de mostrar sin complejos los sentimientos o de convencerse de que el enfermo es quien realmente vela por los sanos. Si la trama de Oscar resulta algo previsible y tierna —en ocasiones, quizá demasiado—, la transformación que experimenta Rose es más sutil, interior y convincente hasta lograr llenarse de suficiente amor para toda la vida. Porque ambos nos enseñan a descubrir los pétalos de la rosa más allá de sus espinas, y ambos evolucionan en sentido inverso en un proceso vital —recuerda al que vimos en «El curioso caso de Benjamin Button» (David Fincher, 2008)—, pues mientras que uno pierde la vida el otro la recupera.

El esquema adoptado es similar al de «Vivir para siempre» (2010) de Gustavo Ron, con una fotografía de colores luminosos y una banda musical de tonos que trasmiten liviandad y ensoñación, con escapadas de la imaginación a un ring donde Rose ejerce de luchadora invencible para hacer reír a Oscar. Se adivina la intención de esos esperpentos de combates como manera de afrontar la vida quitándole gravedad, para hablar con desparpajo, valentía y sin miramientos como hace Rose para ganarse la simpatía del niño con sus palabras espontáneas y malsonantes. Sin embargo, su tono caricaturesco puede sacar de la película al espectador, y no consigue sintonizar bien con los momentos más humanos y sentidos en la relación entre Oscar y Rose.

Un final especialmente emotivo pone la guinda a una película en la que destaca la interpretación de Michèle Laroque para hacer evolucionar con convicción a Rose. También buenos trabajos del niño Amir —gran mérito de casting y del director— y del veterano Max von Sydow. Todos contribuyen a que veamos la vida y la muerte en color de rosa, a que riamos con las bromas de Oscar o a que nos conmovamos con sus tiernos e inocentes planteamientos. Y así perder el miedo a ir a un entierro, como Rose.

Calificación: 6/10

Imágenes de “Cartas a Dios”, película distribuida en España por Karma Films © 2009 Pan Européenne Production, Studio Canal, TF1 Films Productions, Oscar Fillms, Cinémaginaire y RTBF. Todos los derechos reservados.

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