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Críticas

«Che: Guerrilla». La falsa secuela

No deja de ser distorsionador ver, estrenadas con varios meses de diferencia, las dos partes de lo que nació como una obra unitaria. Si en “Che: El argentino” Steven Soderbergh nos narraba la campaña cubana que llevó al triunfo de las fuerzas comandadas por Fidel Castro, esta segunda entrega se detiene en las actividades de Ernesto Guevara en Bolivia, donde penetró con la intención de extender la revolución a otros países de América Latina. Lo primero que llama la atención es que “Che: Guerrilla” vendría a funcionar como un espejo de su antecesora, pues hay bastantes similitudes en su estructura: toma de conciencia de la necesidad de entrar en acción, viaje al país en el que se va a actuar, reclutamiento de las tropas y desarrollo de la campaña.

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Así, según este esquema, “Che: El argentino” nos revelaría al ‘Che’ triunfador, pues la última imagen nos mostraba al revolucionario a punto de entrar en una rendida La Habana. Por el contrario, “Che: Guerrilla” es la crónica de un fracaso, pues, al contrario que en Cuba, en Bolivia las fuerzas del ‘Che’ no encontraron la solidaridad de los campesinos que querían liberar, el apoyo del Partido Comunista o un respaldo internacional tan fuerte como en la isla (amén de la implicación directa de unos Estados Unidos empeñados en evitar la propagación del ejemplo cubano).

Sin embargo, el resultado no acaba de funcionar, en parte porque uno tiene la sensación de que la narración de la fallida aventura boliviana ocupa mucho más metraje del que necesitaría. Además, si la intención es presentar la sensación de soledad y compromiso del ‘Che’, la película acusa una falta de profundidad en la construcción del personaje que impide dejarnos llevar por cualquier sensación de fatalismo, épica o intensidad que imprima a lo contado un interés que se agota tras el primer tercio, cuando el espectador comprende que la aventura boliviana está condenada al fracaso.

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La apuesta de Soderbergh por un formato hiperrealista que pule cualquier exceso sentimental o dramático (en las antípodas del acercamiento hollywoodiense al hecho histórico propugnado en “Valkiria”) termina jugando en contra de la propia tensión del filme. Porque el problema es que la primera parte contaba con un aluvión de datos y hechos para elevar el interés de una narración que, de otra manera, se habría visto arrastrada por el mismo tono excesivamente respetuoso marcado por Soderbergh. Algo que, desgraciadamente, ocurre en la segunda.

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Todo lo cual, evidentemente, no desmerece a un Benicio del Toro que vuelve a transformarse ante nuestros ojos en el ‘Che’, por más que tenga que luchar con la sensación de estar ante una falsa secuela que pretendiera explotar el éxito de su predecesora. De la misma forma, la cinta regala interpretaciones sorprendentes como la de Franka Potente, en el papel de una más que convincente revolucionaria argentina, o el cameo de un Matt Damon hablando un impecable español con acento alemán. Y ya en tono doméstico, el pasatiempo de descubrir, a veces en papeles minúsculos, a algunos de nuestros más reconocidos actores repartidos aquí y allá. Pero, visto lo visto, quizá Soderbergh podría haber resumido su díptico en una única película de unas tres horas que redujese el contenido de esta segunda parte. Quizá así el esfuerzo hubiera obtenido mejores frutos. En todo caso, quien esto firma se alegra de no haber tenido que ver las más de cuatro horas de una sentada.

Calificación: 5/10

En las imágenes: Escenas de «Che: Guerrilla» – Copyright © 2008 Laura Bickford Productions, Morena Films, Wild Bunch y Telecinco Cinema. Distribuida en España por Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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