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«Cinco minutos de gloria»: Cara a cara con la venganza y el perdón

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«Cinco minutos de gloria»: Cara a cara con la venganza y el perdón

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Aunque resultan interesantes las observaciones en torno al origen de los grupos terroristas y a su mentalidad, para el director la clave está en la persona, que debe aprender a perdonar y escuchar esa otra voz interior que lo devuelve a la sociedad.

Un plano en negro con una voz en off que nos dice que, para explicar el hombre en que se convirtió, debe antes hablarnos del hombre que era. Siguen imágenes documentales que nos pasean por las calles de Belfast adentrándonos en el clima de violencia y odio entre protestantes del Ulster y católicos del IRA. Estamos en 1975 en la localidad de Lurgan, y cuatro adolescentes incorporados al UVF (Fuerza Voluntaria del Ulster) se preparan para su bautismo de sangre con el asesinato de un joven católico. Es el hambre de venganza que Alistair ha respirado a su alrededor y que le marcará para el resto de su vida: nunca logrará liberarse de la mirada del hermano pequeño de la víctima —testigo del atentado—, que se introdujo en su cabeza para matarle en vida. Treinta y tres años después, Alistair propicia un encuentro de reconciliación con aquel niño, Joe Griffin, que es en realidad otro cadáver ambulante que nunca se sobrepuso a la culpa que su madre cargó sobre su conciencia.

Los inicios de «Cinco minutos de gloria» inducen a pensar que Oliver Hirschbiegel («El hundimiento») nos va a contar una nueva película del IRA, con atentados sangrientos y familias rotas por el dolor. Perfecta ambientación gracias a una cuidada fotografía y diseño de producción que nos trasladan a los años setenta, y que nos presentan a unos jóvenes ávidos de protagonismo y un cruce de miradas de consecuencias impredecibles. De pronto, y con un montaje alterno, nos encontramos subidos a los coches de los dos protagonistas, que acuden a un programa de televisión para conocerse y reconciliarse. La brusquedad del cambio de época trae la confusión narrativa y el espectador tarda en hacerse cargo de la situación, mientras contempla la gravedad de un Alistair arrepentido —Liam Neeson supone un acierto de casting— y el rostro crispado y perturbado de Joe Griffin —con algo de comicidad en su histrionismo—, siempre con una cámara de televisión que mira con cierta frivolidad y morbo el drama de esos dos hombres rotos por el pasado. Para entonces, la planificación ha variado para adquirir el formato de la pequeña pantalla, y el recurso de las voces interiores —tanto de Alistair como de Joe— se hace repetitivo y cargante, aunque pretenda mostrar la neurosis de estos supervivientes.

Hay tensión y ansiedad a la espera de un encuentro que debe ser catártico, con o sin cámaras, y eso lo percibe un espectador que entonces ya sabe que asiste a un drama muy humano, y no a una película política o de acción. Sin embargo, ese discurso de perdón se hace demasiado explícito y manifiesto con el mensaje que el director pone en boca de Alistair, y la película navega entonces a la deriva hasta un desenlace que se precipita brusca y violentamente. Parece que lo que comenzó con un acto de violencia debe concluir con otro que despierte a estos dos guiñapos y les devuelva la paz al alma. Cinco minutos de gloria en forma de venganza o de perdón, y toda una vida para cargar con la culpa o darla a los demás: esta es la disyuntiva pacifista que Hirschbiegel nos presenta, la que quiere elevar por encima del conflicto irlandés para llegar al mismo individuo.

Aunque resultan interesantes las observaciones en torno al origen de los grupos terroristas y a su mentalidad de lucha por una causa justa (con referencias explícitas al conflicto islámico), para el director la clave está en la persona, que debe aprender a perdonar y escuchar esa otra voz interior que lo devuelve a la sociedad (quizá desde la cárcel, dirá Alistair). Por encima del análisis político-sociológico, su mirada trata de entender al individuo —cualquiera que sea su ideología, religión o planteamiento vital—, y Alistair y Joe no son sino almas gemelas sometidas a las mismas pasiones, que se miran en el espejo con la misma inquietud y odio, que necesitan pasar página para seguir viviendo y poder decir «se acabó» a tanto sufrimiento… algo que nunca puede alcanzar una amnistía política.

Calificación: 6/10

En las imágenes: Fotogramas de «Cinco minutos de gloria» – Copyright © 2009 Pathé, BBC, Northern Ireland Screen, Bord Scannán Na Héireann, Irish Film Board, Big Fish Films, Element Pictures y Ruby Films. Distribuida en España por Baditri. Todos los derechos reservados.

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