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«Código fuente»: ¡Viva la vieja y buena ciencia ficción!

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«Código fuente»: ¡Viva la vieja y buena ciencia ficción!

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«Código fuente» es ciencia-ficción que devuelve el género a lo popular para rellenar huecos en la cultura moderna, una película que parece nacida fuera de su tiempo y que confirma a su director, Duncan Jones, como firme promesa de Hollywood.

¿De dónde ha salido este chico? Cuando todos dan por finiquitado lo que la ciencia-ficción clásica dio de sí, cuando la mayoría de los que revisitan los viejos paisajes en los que crecimos durante la adolescencia —¡esas colecciones de libros de Martínez Roca o Acervo!— lo hacen a medio camino entre la admiración y la reformulación —¡que no digan que no hemos evolucionado!—, hete aquí un nuevo director empeñado en reivindicarla sin trampa ni cartón. Lo hizo con “Moon” (2009), una ópera prima fresca, y vuelve a hacerlo con su primera entrega para el cine comercial, «Código fuente» (ver tráiler). Puro disfrute para dejarse llevar sin más, como si estuviéramos ante un capítulo desechado de «En los límites de la realidad» (Joe Dante, John Landis, George Miller, Steven Spielberg, 1983). ¡Ahí es nada!

Porque si esta cinta tiene un punto fuerte es, desde luego, su guión, un maravilloso muestrario de tantas situaciones y personajes vistos una y otra vez en cuentos nacidos para la literatura popular, y que ahora parecen llamados a rellenar los huecos de la cultura moderna. Tanto es así, tan parece esta película nacida fuera de su tiempo, que hasta molestan los escasos momentos en los que recurre a los efectos especiales: son difíciles de creer las explosiones o cómo un actor se tira de un tren. Pero, ¿saben qué? No importa: no importa en absoluto. Aquí, casi ni harían falta.

Lástima que la necesidad de ofrecer al espectador asideros emocionales acabe empañando los logros de una película que, en su modestia —o mejor dicho, en lo ajustado entre sus pretensiones y los medios que utiliza para culminarlas—, llega donde tantas superproducciones no lo hacen. Con un estupendo Jake Gyllenhaal al frente del reparto, acompañado de una perfecta Michelle Monaghan, la particular visión de un bucle temporal que nos da la cinta nos mantiene clavados ante la pantalla, sorteando los peligros que la reiteración de acciones puede traer consigo, y demostrándonos que el futuro de gran parte del cine comercial recae en cineastas capaces de desenvolverse con pequeños presupuestos —o de conseguir que, cuando estos crecen, no fagociten las buenas ideas—.

Ante una historia que a tantos habría servido para exhibiciones de estilo, “Código fuente” es toda una lección de eficacia y sobriedad. Y que Duncan Jones, hijo de David Bowie, uno de los mayores iconos de los últimos tiempos, sea capaz de ir construyendo peldaño a peldaño una filmografía como esta, confirma que nos encontramos ante una de las promesas más firmes del cine de Hollywood. Si finalmente es así y se pone al frente de la segunda entrega de la saga dedicada a Lobezno, veremos si sabe gestionar las exigencias de una producción de primera línea sin abdicar de las cualidades que ha demostrado en sus primeros trabajos.

No faltará quien le reproche la falta de un estilo rompedor, propio, que marque distancias con sus modelos e invite a superarlos. Pero en realidad no deberíamos perder de vista un detalle: la línea que concebía la ciencia-ficción como género cercano, capaz de alimentar las páginas de las revistas pulp, hace tiempo que fue abandonada en aras de una visión más ambiciosa, por momentos peligrosamente rayana en lo pedante. Por eso, la capacidad casi artesanal de Jones —como la de, por ejemplo, Rodrigo Cortés en “Buried (Enterrado)” [2010]— contiene, en cierta forma, la semilla del futuro. Un futuro que, cosas de los ciclos, vuelve a mirar a las fuentes primigenias marcadas por maestros como Dick, Heinlein, Asimov o Bradbury. No estaban muertos, no; y volverán, para nuestro gozo.

Calificación: 7/10

Imágenes de “Código fuente”, película distribuida en España por Aurum © 2011 The Mark Gordon Company y Vendôme Pictures. Todos los derechos reservados.

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