Síguenos

«Control»: Romanticismo post-punk

Críticas

«Control»: Romanticismo post-punk

«Control» es la obra de un devoto de Joy Division, un biopic que emana tanto amor como inteligencia. La vida de Ian Curtis se deja sentir como una de sus canciones, tortuosa y repleta de agonía interior que uno adivina hacia un destino fatal.

«She’s lost control», escribe Ian Curtis sobre una hoja de papel. Curtis confiesa en algún momento que todo era más sencillo. La vida sencilla de la sencilla y gris Macclesfield, donde el control aún no se había perdido, o simplemente consistía en una generación que escuchaba el «Aladdin Sane» y experimentaba la psicodelia con las pastillas de sus ancianas vecinas. No sospechaba que aquella presentación de los Sex Pistols era de alguna manera el fin de aquel orden, el principio de un levantamiento y la desesperada llamada a armas del punk. De una revolución forjada desde el corazón deprimido de una juventud, cuyo escenario moraba en los locales de la Manchester obrera. Un movimiento, un grito asqueado y grosero que necesitaba de un mártir para ratificarse, para confirmar que las noches escribían desde algún garito nuevos capítulos de la historia del rock. Y el poeta maldito intuye que algo se ha ido de las manos. Y hay algo de profético en unas palabras que, sin quererlo, se han convertido en otro himno que pone patas arriba el mundo. «She’s lost control», mientras el poeta se desmorona y agoniza. Mientras Anton Corbijn hace de la muerte de Joy Division una hermosa elegía al post-punk y a Curtis.

Ampliar imagen

«Control» es la obra de un devoto de Joy Division, un biopic que emana tanto amor por su retratado como inteligencia para no caer en las tentaciones de la complacencia. Corbijn es un nostálgico del post-punk, un fotógrafo exquisito que en su blanco y negro entiende la atmósfera inhóspita de los contextos en los que Curtis se proclamó genio fugaz y malogrado. Irremediablemente, el suicidio del cantante y líder de Joy Division a los 23 años marcó una carrera tan breve como tormentosa y, por extensión, exige de la mirada biográfica una poderosa intromisión en el alma del sujeto. Esa mirada está presente en «Control», como doloroso adentramiento en una personalidad nunca autodestructiva, sino siempre superada por el curso de los acontecimientos, de la sobredosis emocional y la epilepsia, de la inesperada deificación y los demonios internos. La vida de Ian Curtis en pantalla se deja sentir como una de sus canciones, tortuosa y oscura, repleta de agonía interior que uno adivina hacia un destino fatal. Lo sabemos en la precipitación de su adolescencia, en la reacción ante el nacimiento de su hija, el miedo a la pérdida de Debbie (Samantha Morton) o incluso en su rechazo a ella. Lo sabemos en cada uno de los fotogramas que imprimen una radiografía que hace de los dramas personales de su protagonista retazos magníficos de crudo realismo (la escena en la que Curtis le suplica perdón a su esposa) que se conjugan en perfecta armonía con el nacimiento de cada nueva canción, cada nueva consecuencia y causa de esas estampas en forma de una de las indecibles canciones de la banda británica.

Ampliar imagen

Corbijn habla de un sentimiento, de los sonidos que lo abanderaron y realidades que lo inspiraron. Se convierte en cronista de un tiempo y lugar, en un amante de The Clash o The Velvet Underground que echó de menos los movimientos de Jim Morrison hasta que Ian Curtis inició aquella violenta danza hasta confundirse con la epilepsia. Sam Riley es la viva reencarnación de Curtis, un prodigio de mímesis que agiganta la creencia en una obra tan de culto como el grupo mismo que emula en sus imágenes. Taciturno, atrapado, agotado, desbordado o torturado, Riley revive un mito en su tragedia particular o en el éxtasis de un concierto. La imagen le acoge incluso con visos de iconicidad hábilmente impulsada por el cineasta, inmortalizando su mirada esquiva mientras camina por la calle embutido en su chaqueta oscura y un largo, soberbio travelling le sigue hasta poder leer en su espalda la palabra HATE. Alcanzamos entonces uno de sus momentos más inspirados en la compleja construcción del personaje, en la codificación de un espíritu irreconciliable con el establishment, sentir generacional vomitado desde los escenarios que hicieron mártires a aquellos que ni siquiera empezaban a vivir, que ni siquiera habían aprendido a hacerlo. «Control» es el homenaje más sentido posible, aquel que Ian Curtis difícilmente hubiera imaginado. Un homenaje cargado de bellísimo romanticismo post-punk.

Calificación: 8/10

En las imágenes: Fotogramas de «Control» – Copyright © 2007 NorthSee y Becker Films International. Fotos por Dean Rogers. Distribuida en España por Avalon Productions. Todos los derechos reservados.

Continue Reading
Subir