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«Coriolanus»: El señor de la guerra

Críticas

«Coriolanus»: El señor de la guerra

En «Coriolanus», Ralph Fiennes adapta la tragedia de William Shakespeare con respeto religioso y cambio de contexto, demostrando la vigencia de las lecturas políticas de la obra y ofreciendo una interpretación impetuosa, inolvidable.

A caballo entre la historia y la leyenda, el general romano Cayo Marcio Coriolano fue objeto de una de las Vidas Paralelas de Plutarco —en oposición a Alcibíades, estadista y militar ateniense que al igual que Coriolano había cambiado de bando— antes de ser el protagonista titular de una de las tragedias de William Shakespeare. En ella, el bardo inglés afilaba pluma y retórica para conseguir una de sus composiciones más poderosas: un relato con la mirilla sobre el poder político y su inclinación a los absolutismos, su relación con el pueblo y la volubilidad de ambos entre las contradicciones de un sistema que requiere de su interacción. Como otras grandes obras de Shakespeare, parte de la fascinación que despertaba «Coriolanus»  residía en la vigencia de sus planteamientos y discurso más allá de su tiempo. Pero es que además, esa vigencia está acompañada aquí por una de las más contundentes creaciones de su autor: un señor de la guerra iracundo y monstruoso, Kurtz en sus últimos días de cordura, una bestia curtida en el campo de batalla que desprecia al pueblo llano y a los que gobiernan desde el sillón, un líder tan feroz como inquebrantable en sus principios.

Ralph Fiennes en Coriolanus

En su debut tras la cámara, Ralph Fiennes ha trasladado el texto a un escenario contemporáneo que bien podría valer para casi cualquier conflicto armado de los últimos 30 años. Más allá de eso, «Coriolanus» (ver tráiler) mira al original con un respeto religioso y conserva sus diálogos cargados de brutal pasión. El resultado es una versión en la que la mano del director poco se nota más allá de una gramática eficaz que se entrega al portentoso material al que se debe, y cuya mayor seducción está en confirmar la actualidad de éste en los avatares de una historia reciente que le confiere una nueva dimensión. Los méritos mayores de la adaptación, empero, son algo más recónditos: Fiennes no solo ha impregnado su película de la intensidad que corresponde a los personajes escritos sobre el papel y a una vehemencia verbal que trasciende sus actos; entre la cólera desatada del militar, la mezquindad del gobernante y la escasa reflexividad del ciudadano, se consolida tras las imágenes un ensayo sobre las contradicciones y fracasos intrínsecos de una democracia condenada a funcionar como jerárquico aparato de conveniencias y/o totalitarismo amparado en Dios y patria.

Ralph Fiennes y Gerard Butler en Coriolanus

Cierto que, en el cambio de contexto, no todos los pasajes de la tragedia se amoldan plácidamente a la actualización propuesta. La condena a muerte que el pueblo emite sobre Coriolano o la petición de los votos encuentran una incómoda traducción a pie de calle, mientras que dos secuencias claves como la del parlamento y el plató de televisión demuestran a un Fiennes más inspirado y exprimiendo todo el potencial de una relectura coherente del Shakespeare más político y visceral. Pero lo de verdad inolvidable aquí es la entrega impetuosa de su actor principal, toda una fuerza de la naturaleza que a todos eclipsa menos a Vanessa Redgrave. En él, el personaje crece hasta lo tremebundo de sus explosiones o hasta retratar, con insólita precisión, la detestada humanidad que brota ante una madre y una esposa que suplican por clemencia a Roma.

Calificación: 7/10

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Imágenes de “Coriolanus”, película distribuida en España por Emon © 2011 Atlantic Swiss Productions, Magna Films, Artemis Films, Lip Sync Productions, BBC Films, Hermetof Pictures, Magnolia Mae Films, Kalkronkie, Synchronistic Pictures y Lonely Dragon. Todos los derechos reservados.

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